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Lucía Dos Santos

Lic. Lisandra Chaves 
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De los tres videntes de Fátima, Lucía Dos Santos fue la elegida por Dios para ser testigo y mensajera del Inmaculado Corazón de María. Su vida y su espiritualidad es fascinante desde diferentes perspectivas y hoy quiero esbozar brevemente algunas.

Lucía tenía 10 años cuando comenzaron las mariofanías en Fátima. Era una niña “pellizcada” decimos aquí, tanto que sus padres le delegaron la función de pastorear las ovejas siendo tan pequeña. Esa inteligencia y vivacidad eran dones que le permitirían en su vida llevar adelante el plan de Dios para su vida.

Lucía fue la vidente que pudo ver, oír y hablar con la Santísima Virgen. Jacinta solo la veía y escuchaba y Francisco solo la veía, pero no la escuchaba; ninguno de los niños pequeños podía hablarle. Así que Lucía era quien hacía las preguntas a la Señora del cielo y gracias a eso tenemos unos maravillosos diálogos con la Madre de Dios. En esos diálogos la misma Virgen le confirmó a Lucía que a los primos los llevaría pronto al cielo pero que ella estaría en este mundo un tiempo más. Ese tiempo fueron 95 años.

Lucía Dos Santos tenía además una memoria prodigiosa que le permitió escribir en sus memorias todas las apariciones del Ángel de Portugal y de la Virgen María con todos los mensajes dados por la Señora del cielo quien le había pedido que aprendiera a leer justamente por esta misión. Ella escribió con detalle la corta vida de sus primos Jacinta y Francisco y también el famoso secreto de Fátima.

A pesar de ser una niña de campo, una pastorcita, el Obispo prefirió alejarla del bullicio y la fama de las apariciones marianas y la envió a la escuela. Destaco también como virtud la docilidad de Lucía para aceptar las recomendaciones de la Iglesia, pero también para poner en oración cada paso que dio en su vida. 

La Virgen María le dijo a Lucía que su corazón inmaculado sería su refugio y el camino que la llevaría a Dios y así fue siempre. La Virgen nunca dejó de hablarle a Lucía e incluso se le apareció muchas veces mas durante toda su vida para consolarla, apoyarla o impulsarla ante ciertas decisiones.

A nivel vocacional su historia es muy especial. Desde los 18 años ellas se sintieron llamada al Carmelo Descalzo por inspiración de Santa Teresita del Niño Jesús que fue beatificada en aquel tiempo. Ella aspiraba a entrar en el Carmelo de Lisieux, pero las hermanas Doroteas la convencieron de que el Carmelo no era una vida para ella con pobre salud. Sin embargo, Lucía jamás dejó de soñar y aspirar a la clausura del Carmelo. 

A pesar de que Lucía sintió el llamado a la vida religiosa e hizo votos perpetuos con las Hermanas Doroteas, luchó por su añorado carmelo igual que su santa Teresita del Niño Jesús e incluso escribió al Papa dos veces para que se lo permitieran hasta lograrlo. A sus 39 años logró que le dieran entrada en el Carmelo de Coímbra y allí se transformó en la Hermana María Lucía del Inmaculado Corazón de María.

En el Carmelo pasó más de 50 años como carmelita descalza donde alcanzó una gran plenitud en su llamado y desde ahí cumplió su misión de dar a conocer la devoción al Inmaculado Corazón de María. Sacerdotes, Obispos, Cardenales y Pontífices la visitaron siempre y Ella siempre amó inmensamente a la Iglesia. Ahora está en proceso de beatificación, pidamos a la Hermana María Lucía que interceda siempre por nosotros. 

 

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