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Abrirnos al amor

Lic. Lisandra Chaves
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“Si amo me da miedo sufrir”, fueron las palabras de una mujer que me contaba su difícil experiencia de vida, con una familia disfuncional y parejas que nunca supieron valorarla en su dignidad de mujer. Para ella amar era sufrir y, por tanto, ya no quería amar más.

El concepto del amor que ella tenía era erróneo. Quizás es el concepto que comparte con mucha gente en este mundo. El amor como simplemente relación de pareja, aunque no haya respeto. El amor egoísta no es amor.

El amor es Dios y por tanto, para conocer el verdadero amor es necesario conocer a Dios, porque solo así seremos capaces de amar a los demás sin egoísmo. Cuando conocemos a Dios en el rostro de Jesucristo y su Evangelio, nos damos cuenta lo lejos que estamos todos de saber amar como Dios. Basta ver la cruz, ser capaz de llegar a ese extremo de amor por los demás.

Hacer sufrir al ser querido por gusto, buscar solo mis propias satisfacciones y beneficios, irrespetar la dignidad de la otra persona, herir sus sentimientos, usar palabras duras e hirientes…nada de lo anterior es amor. El amor verdadero busca hacer feliz al otro, sacrificarme por el bien del otro, cuidar su corazón y respetar al máximo su dignidad como persona.

¿Se sufre en el amor? Yo diría se sufre en la vida porque perdimos el Paraíso donde no existía el dolor, por tanto, el sufrimiento camina con nosotros, pero el amor nos ayuda a llevarlo, a pasarlo e incluso a sonreír y tener esperanza en momentos dolorosos. Pongo el ejemplo de una enfermedad: es muy diferente cuando la enfermedad se da si la persona ama y la ofrece, cuando está rodeada del amor de su familia; a un contexto de soledad, rechazo, negación y división.

Los esposos que se aman de verdad pasan juntos por momentos difíciles y dolorosos. La palabra clave es “juntos”. El dolor de uno es del otro porque son uno solo. Igualmente pasan juntos muchos momentos felices que son fruto del amor. El amor verdadero genera una felicidad y un gozo profundo que solo Dios puede dar.

Abrirnos al Amor es abrirnos a un gozo especial que procede de la paz de Dios en el corazón. No debemos temer a abrirnos al amor. Al contrario, debemos temer a vivir sin amor porque el corazón se nos llena de egoísmo, envidia, orgullo y resentimientos y así no es posible ser feliz. Solo se es feliz cuando hay paz en el corazón. Si perdemos la paz quizás estemos perdiendo el Amor.

La paz en el corazón viene porque Dios nos inhabita, porque vivimos para servir, porque gastamos nuestra vida haciendo el bien, porque hacemos todo con buena intención, porque no guardamos resentimientos ni rencores, porque liberamos al corazón de odios, venganzas y envidias, porque sabemos reír y perdonar, porque valoramos los pequeños detalles, porque amamos sin esperar nada a cambio y porque nuestra vida se transforma en esperanza para nosotros mismos y para los demás.

Pidamos a la Reina de los Ángeles, en estos días de romería a su casa, que nos ayude a abrirnos al verdadero amor y sobre todo, a tener un corazón agradecido porque la gratitud es signo definitivo del amor de Dios. Ser agradecidos siempre con Dios y con los demás.

 

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