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El amor, llevado al extremo

Oración inicial

Espíritu Santo derramado sobre el mundo por el ser divino que va a morir, condúcenos a contemplar y a comprender la vía dolorosa de nuestro Salvador y el amor con que la ha recorrido. Concédenos ojos y corazones de verdaderos creyentes, para que se nos revele el misterio glorioso de su cruz. “Gracias a la cruz no andaremos ya errantes por el desierto, porque conocemos el camino verdadero; no nos quedaremos ya fuera de la casa de nuestro Dios, de nuestro rey, porque hemos encontrado la puerta; no temeremos ya las flechas encendidas del demonio, porque habremos descubierto una fuente de agua. Por medio de Él, no estaremos ya solos, porque habremos encontrado al esposo; no tendremos ya miedo del lobo, porque habremos encontrado al buen pastor. Gracias a la cruz no nos asustará ya la iniquidad de los poderosos, porque estaremos sentados a la mesa del rey” (Cf. S. Juan Crisóstomo).

Contexto evangélico 

Sabemos ya que el núcleo literario, en torno al cual se formaron los evangelios, es el de la narración de la Pascua del Señor: Pasión, Muerte y Resurrección. Estamos, pues, frente a un texto bastante antiguo y unitario en su composición literaria, aunque se haya formado gradualmente. Su importancia es, de todos modos, capital: se narra el acontecimiento fundamental de la fe cristiana, aquél con el que cada creyente debe confrontarse y conformarse constantemente (aún cuando el texto que se ofrece en este domingo acaba en la sepultura de Jesús).

Lucas, como siempre, se nos revela narrador eficaz y detallado, atento a los detalles particulares y capaz de hacer ver al lector los sentimientos y movimientos interiores de sus personajes principales, sobre todo, de Jesús. El dolor terrible e injusto que padece se nos muestra a través del filtro de su actitud inalterable de misericordia hacia todos los hombres, aunque estos sean sus perseguidores y asesinos; algunos de ellos quedan tocados e impresionados por este modo suyo de afrontar el sufrimiento y la muerte, de tal manera que dan signos de creer en Él: el tormento de la Pasión viene suavizado con la potencia del amor divino de Jesús. 

Lectura Bíblica 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 22, 14-23, 56

Momento de silencio 

Para que la Palabra de Dios entre en nosotros e ilumine nuestra vida.

Algunas preguntas 

1. Al final de esta larga lectura, ¿qué sensación prevalece en mí: descanso como fin de la fatiga, admiración por Jesús, dolor por su dolor, alegría por la salvación obtenida, ¿o qué otra cosa?

2. Vuelvo a leer el texto, poniendo atención en cómo han actuado los distintos “poderosos”: sacerdotes, escribas y fariseos, Pilato, Herodes. ¿Qué pienso de ellos? ¿Cómo creo que hubiera podido pensar, actuar, hablar y decidir yo en su lugar?

3. Leo otra vez la Pasión: pongo atención, esta vez, en cómo han actuado los “pequeños”: discípulos, gente, los particulares, mujeres, soldados y otros. ¿Qué pienso de ellos? ¿Cómo creo que hubiera actuado, pensado y hablado yo en su lugar?

4. Finalmente, repaso mi modo de actuar en la vida diaria. ¿A cuál de los personajes, principales o secundarios, logro asemejarme? ¿A cuál, sin embargo, desearía asemejarme más?

Oración final 

Dios omnipotente y eterno, que has dado como modelo a los hombres a Cristo tu Hijo, nuestro Salvador, hecho hombre y humillado hasta la muerte de cruz, haz que tengamos siempre presente la gran enseñanza de su Pasión para poder participar en la gloria de su Resurrección. Por Cristo, nuestro Señor. 

¡Amén

 

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