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¿Por qué ya no se pone agua bendita en la entrada de los templos?

“¿Por qué ya no se usa el agua bendita en las entradas a los templos? Según tengo entendido, si una persona se santigua con devoción con el agua bendita, atrae la gracia divina y purifica su alma. Me parece que sería conveniente “recuperar” esa tradición al menos antes de la entrada para la celebración de la Misa. Muchas gracias y mis respetuosos saludos”.

Freddy Méndez R. - San José

Estimado Freddy, yo también soy de aquellos fieles que añoran el poderse santiguar con el agua bendita al momento de entrar al templo. Creo que me están influyendo los recuerdos de mi infancia: me atraía y me edificaba ver a alguna mamá mojar sus dedos y pasarle un poco de agua bendita al hijo o hija que por ser aún “bajito” no podía alcanzar la pilita del “agua bendita” (como la llamamos en mi tierra), o ver un esposo que hacía lo mismo con su esposa. Eran humildes gestos de familia que expresaban su belleza y su grandeza.

Sin embargo, con el tiempo, se fue imponiendo una justificada preocupación por la higiene: hoy ya no se ve bien ni conveniente que todos los que entren al templo, puedan mojar sus dedos en la misma agua y así, poco a poco se fue abandonando esa tradición. Aún se puede ver en alguna capilla que llaman “semipública”, como la de algún convento de religiosas, pero ya no en la entrada de los templos parroquiales.

Esto no quiere decir que la Iglesia haya abandonado el “rito del agua bendita”. Su significado es del todo claro: gracias al Bautismo, “hemos renacido del agua y del Espíritu” (cfr. Jn 3,5) y entonces es del todo lógico y natural que, especialmente durante la época pascual, se empiece la celebración eucarística con la bendición del agua  y su aspersión sobre los fieles, en lugar del usual acto penitencial. Ese rito constituye una invitación, (a la vez que lo simboliza) a “recuperar” la pureza que Dios nos concedió con el santo Bautismo.

Por otra parte, hay otros muchos momentos litúrgicos y de “piedad popular”, en que la Iglesia usa el “agua bendita”; pensemos por ejemplo, en el rito de las múltiples bendiciones, en la celebración de las exequias de difuntos, etc. Lo importante es que todo acontezca, como usted amigo Freddy lo dice en su correo, “con fe y devoción”; son éstas como el alma de todas nuestras celebraciones y ritos, desde los más sublimes, como lo son la Consagración Eucarística y la Santa Comunión, hasta el rociar con agua bendita, nuestras habitaciones.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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