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¿Por qué hay tanta diferencia sobre la Santísima Trinidad entre una Biblia protestante y una católica?

“He querido conocer mi fe y por eso me he dedicado a escudriñar la Palabra. He seguido con interés los programas que desarrolla el Padre Luis Toro, sacerdote venezolano, a través de su página “www.escueladebiblia.com”, donde se muestran diferentes encuentros con Pastores Protestantes. En uno de esos encuentros se debatió sobre el dogma de la Santísima Trinidad. El Padre Luis Toro le demostró con la Biblia usada por el Pastor no católico, la Reina Valera, la explícita afirmación del misterio trinitario. Es por eso que citó la primera carta de San Juan 5,8. En ella se lee: “Tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan”.

Busqué en mi Biblia (Nueva Biblia Latinoamericana) y un tanto extrañado, encontré un texto bien diferente: “Él es quien viene por el agua y la sangre: Jesucristo, y no solo por el agua, sino por el agua y la sangre; y el Espíritu también da su testimonio, el Espíritu que es la verdad. Tres son pues, los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre y los tres coinciden en lo mismo”. 

Monseñor, ¿por qué en una Biblia no católica aparece afirmado tan claramente el Misterio de la Santísima Trinidad y en la católica, no se hace referencia a ello? ¿Por qué tanta diferencia en un punto de tanta importancia? Esperando su aclaración, le anticipo mi agradecimiento”. 

Ronald Alvarado S. - San José

Estimado don Ronald: Me he permitido dejar unas cuantas líneas de su correo, para no ocupar demasiado espacio en la página del Eco, pero su consulta ha quedado bien expuesta. 

Le veo muy interesado en escudriñar la Palabra… siga en esta tarea tan necesaria y que para todos resuene la afirmación del Salmo 118, 115: “Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero”. 

Volvamos ahora a las dos citas bíblicas. A decir verdad, me ha sorprendido que el Padre Luis Toro haya usado esa cita de la Biblia “Reina Valera” para confirmar la verdad del dogma trinitario. Y me ha sorprendido porque cualquier buen conocedor de la Biblia sabe que el texto del versículo 7 del capítulo 5 de la 1° carta de San Juan, “tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno”, no se encuentra ni en los manuscritos griegos antiguos, ni en las mejores versiones antiguas de la Vulgata (versión latina de la Biblia). Se trata, con toda probabilidad, de una glosa (breve comentario) introducida tardíamente en el texto. La edición de Reina Valera ha mantenido este añadido pero las actuales ediciones de la Biblia, como la que tiene usted, don Ronald, justamente lo omiten. 

Además, el contexto en que alguien ha introducido esa expresión que apunta de manera tan clara al misterio trinitario, no se refiere a esta verdad, sino a la de la auténtica encarnación del Verbo. El Autor sagrado insiste en que son tres los que dan testimonio de que el cuerpo de Jesús es un cuerpo real y verdadero, no “aparente” como afirmaban los autores del docetismo. Y por eso repite: “tres dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo”. (1 Jn 5, 8)

Hay varios otros textos del Nuevo Testamento que abiertamente afirman el misterio trinitario. Bastaría recordar la fórmula bautismal que leemos en San Mateo: “bautizándolas (las gentes) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Se trata de una verdad tan fundamental para nosotros los cristianos, que el Consejo Ecuménico Internacional (CEI), no admite entre sus miembros a grupos, como los Testigos de Jehová que no acepten el misterio trinitario. A tales grupos religiosos no cabe considerarlos “cristianos”.

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Existen los católicos LGTB?

“Leí hace un tiempo en ACI Prensa un artículo que me llamó muchísimo la atención; el título decía “¿Existen los católicos LGTB? Esto responde el Cardenal Napier, al jesuita James Martin”. La noticia nos informa básicamente que el Padre James utilizó ese término, “católico LGTB” en una publicación suya, para darles una identidad al grupo. Para sostener su propuesta, él pone el ejemplo de “católicos latinos”, “católicos jóvenes”… entre otros. Sin embargo, el Card. Napier le responde que no podemos identificar a las personas por sus preferencias sexuales, en cuanto que, todos los bautizados ya somos la Iglesia de Cristo. 

El Padre James se apoya en el hecho de que hay que incluirlos de esa forma como miembros del cuerpo de Cristo… Sin embargo para mi concepto, como ya lo mencioné, todos los bautizados somos cuerpo de Cristo.

Monseñor, me preocupa que dentro de la Iglesia se usen estos términos que están ocasionando una distorsión en la persona y que, por otra parte, determinados grupos quieren introducir como correctos. La justificación del Padre James pretende hacer pensar que no utilizar esa expresión “católicos LGTB”, en cierta forma, les excluiría de la Iglesia. 

Quisiera saber su opinión y se la agradezco”.

Estimada Andrea: Desafortunadamente el Padre James Martin, jesuita, no se conforma solo con la pretensión de que se introduzca en la terminología eclesiástica, la expresión “católicos LGTB” sino que va más allá, situándose abiertamente al margen de la enseñanza de la Sagrada Escritura y de la ética cristiana. Nos “duelen” sus afirmaciones, pero sabemos que no es la primera vez que en la Iglesia se dan casos de “disonancias” semejantes a las del Padre James Martin. 

Ahora bien, es del todo correcta la afirmación del Card. Napier de Sudáfrica: no hay ninguna razón consistente para que debamos catalogar a los miembros de la Iglesia por sus tendencias y preferencias sexuales. 

Como usted misma lo afirma: todos desde el momento de nuestro bautismo pertenecemos a la Iglesia Católica, a menos que no haya otra razón que nos excluya de ella.

El argumento que presenta el Padre James Martin no convence por su falta de lógica. Decir católicos adultos, niños católicos… evidencia a grupos de católicos pero no sus “preferencias”. Si su argumento convenciera deberíamos decir también “católicos enfermos”, “católicos alcohólicos”, “católicos heterosexuales”, “católicos analfabetas”, “católicos neuróticos”… 

Si la propuesta del Padre James Martin se debe a que de ese modo los LGTB resultaran “visibilizados” en la Iglesia, cualquier otra categoría tendría el mismo derecho. Si los ejemplos que acabo de dar podrían resultar ofensivos, esa no es en absoluto mi intención, como tampoco es mi intención “marginar” a los LGTB. Con los ejemplos que acabo de dar quiero solo mostrar a dónde habría que llegar si aceptáramos la propuesta del Padre James Martin… 

No cabe duda, a la base de su razonamiento no encontramos “lógica” sino la expresión de una ideología interesada. 

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Qué es la “segunda muerte” que aparece en el Apocalipsis?

Monseñor, en el libro del Apocalipsis, el cual me resulta de difícil interpretación, me encontré con la expresión “la segunda muerte”; ¿me puede iluminar un poco más acerca de su sentido y por qué el Autor le llama así?”.

Mayra González Ch. - Cartago

Estimada Mayra: La palabra Apocalipsis es la transcripción de un término griego que significa revelación. Se trata de una revelación ofrecida por Dios, de hechos y realidades ocultas, conocidas sólo por Dios y que se refieren, en especial, al futuro. Y tal revelación se da por medio de visiones. Éstas, a su vez, no tienen valor por sí mismas, sino por el simbolismo que encierran. En el Apocalipsis todo, o casi todo, tiene valor simbólico: los números, las cosas, las partes del cuerpo y los mismos personajes que entran en escena…

Ahora bien, la dificultad mayor en su lectura procede precisamente de la complejidad de los símbolos de no fácil interpretación, cuando además, muchos de ellos proceden de profetas del Antiguo Testamento, como son Ezequiel y Daniel.

En cualquier caso, estimada Mayra, más allá de las dificultades de interpretación, tengamos presente que la intención del Autor sagrado no es la de infundir miedo, sino la de animar con la certeza de que la Comunidad Cristiana está sostenida por la fuerza de Cristo, quien nos repite, como a los Apóstoles: “Pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Vuelvo ahora, a su pregunta. La “segunda muerte” debe ser entendida por su contraposición a la “muerte corporal” que sería, pues, la primera y que nos afecta a todos indistintamente. Según el autor del Apocalipsis, que en esto piensa como el Autor del Cuarto Evangelio, lo que todo creyente debe temer como el “mal supremo”, es la separación de Dios; esa sería la muerte en sentido pleno, no tanto la muerte corporal.

No hay que olvidarlo: nuestro Dios es Dios de vivos, no de muertos (Mt 22, 32). La muerte corporal en lugar de separarnos de Dios es paso a la verdadera Vida. Lo que es realmente muerte, es la separación eterna de la misma fuente de la vida que es Dios. Esa es la “segunda muerte”, según el Apocalipsis.

Son varios los textos que a ella se refieren. Aquí se los transcribo: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte” (2, 11); “Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino, que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán por Él mil años” (20, 6); “La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego -ese lago de fuego es la muerte segunda- y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (20, 14-15); “Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (21, 8).

Son afirmaciones que espontáneamente nos hacen recordar la súplica que el Ángel enseñó a los pastorcitos de Fátima Lucía, Francisco y Jacinta: “¡Oh Jesús mío!, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

 

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Qué son los géneros literarios de la Biblia?

“Desde hace algún tiempo sirvo como catequista, y siento la necesidad de conocer más nuestra doctrina cristiana y entonces también sobre La Biblia. 

Hace poco me encontré con esta afirmación: “Para una correcta lectura de la Biblia hay que tener presentes los géneros literarios de que sus Autores Sagrados se han servido para redactar los textos”. 

No creo haber entendido del todo el sentido de tal expresión. Monseñor, ¿me lo puede aclarar?”

Doris Herrera L. - Ciudad Quesada

La Biblia, estimada Doris, es una producción literaria que se ha ido formando a lo largo de muchos años y en la que se refleja además de la cultura judía, varias otras con que el pueblo judío tuvo relación. Nos resulta pues como una pequeña biblioteca, y no solo por el número de los libros que la componen, sino también por la variedad de formas literarias que encontramos en esos libros. Cuando hablamos de géneros literarios, nos referimos precisamente a lo que expresamos diciendo formas literarias. Este hecho se da en cualquier cultura. En efecto se va escogiendo una u otra forma literaria, según la intención que se tenga al momento de querer expresar, por ejemplo, una verdad, un hecho histórico, un sentimiento… Cualquiera sabe distinguir una forma literaria, propia de una composición poética, de una narración histórica, de una exhortación, de un reproche, de una amenaza, o de un himno de alabanza, etc, etc.

Además hay modos distintos de valorar el mismo género o forma literaria. Uno de los ejemplos más claros es el que corresponde al género literario histórico. Para nosotros, un texto histórico debe haber sido escrito como resultado de una investigación precisa y exacta de los hechos, mientras que para los Autores Sagrados ya del Antiguo como del Nuevo Testamento, los hechos, están subordinados a la intencionalidad religiosa. 

He aquí un ejemplo de los más sencillos: San Lucas nos informa que Jesús señaló y envió a otros setenta y dos discípulos de dos en dos delante de sí por todas las aldeas y lugares que iba a visitar (Lc 10, 1). Nos sorprende que San Lucas nos informe de setenta y dos discípulos, un número que es inusual y sin embargo cuando nos enteramos que en los conocimientos geográficos de la época, setenta y dos era el número de las naciones paganas, entendemos entonces que la primera intención de San Lucas no era tanto la de informarnos acerca del número exacto de los discípulos enviados, cuanto insistirnos acerca de la universalidad de la misión de la Iglesia.

La atención a los géneros literarios implica también poner atención al uso de palabras y expresiones que son inteligibles solo en el contexto y mentalidad del Autor Sagrado. He aquí un ejemplo más. El profeta Ezequiel escribe: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y les saque de sus sepulcros pueblo mío, sabrán que yo soy el Señor.” (37,12-13). A primera vista tanta insistencia en el uso de la palabra sepulcro podría hacernos pensar en el gran tema de la resurrección, cuando el profeta Ezequiel solo se refiere a la acción misericordiosa de Dios para sacar a su pueblo de la tierra de exilio para guiarlo de nuevo a la Tierra Santa.

Los ejemplos que podríamos dar son muchísimos. La lectura de la Sagrada Escritura nos pide el esfuerzo de entrar en la cultura de los autores que la escribieron, en su estilo y en sus intenciones, y no siempre este esfuerzo nos puede resultar fácil porque el paso de una cultura a otra siempre implica tomar distancia de lo que es “lo nuestro”, lo acostumbrado. 

En cualquier caso, siempre nos acercamos a la Palabra de Dios con gran respeto y veneración porque sabemos que la Biblia no es una obra literaria como las demás… no es solo obra humana sido fruto de la inspiración del Espíritu Santo.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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¿La Iglesia reconoce las apariciones a Santa Faustina?

“¿La Iglesia confirmó la veracidad de las apariciones de Jesús de la Divina Misericordia formalmente o todavía existe “miedo” a que no sean de Dios las mencionadas apariciones? Muchas gracias”.

Andrés Seas - San José

Estimado Andrés, hay un punto bien importante que siempre hay que tener presente. Cuando la Iglesia canoniza, es decir, declara santa a una persona, está presuponiendo que no hay errores teológicos en su vida y que no ha habido “mentiras” en sus posibles escritos. Sobre este doble presupuesto, resulta fuera de toda duda la veracidad de todo cuanto Santa Faustina Kowalska ha dejado escrito en su diario. Ella nos narra con plena fidelidad a la verdad, lo que ha sido el trato de Jesús con ella.

Ahora bien, con esto la Iglesia deja confirmado que Santa Faustina nos ha dicho la verdad y que en sus escritos no hay ningún error teológico. Hasta ahí llega la intención de la Iglesia. No pretende afirmar que todas las apariciones y mensajes referidos por Santa Faustina correspondan en sus más mínimos detalles, a lo que realmente aconteció… nada impide que Santa Faustina, aún con la más recta intención, haya podido olvidar algún detalle o describirlo de una manera no del todo precisa. No son pocos los santos y santas que al momento de describir las gracias especiales que recibían de Nuestro Señor, confiesan en sus escritos, la sensación de cierta incapacidad para expresar de la manera más exacta y congruente lo que les iba aconteciendo… lo que más nos interesa es saber con plena certeza que los escritos de Santa Faustina no hay ningún error teológico y que ella relata sus “vivencias religiosas” con absoluta veracidad.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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