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¿Dónde estaba el ángel de los poseídos por el maligno?

 “Siempre he tenido la duda de qué pasa con el Ángel de la Guarda de las personas que son poseídas por un espíritu maligno (demonios). Los ángeles custodios son asignados a cada persona por Dios, para proteger, cuidar, y guiarnos, para evitar la acción del demonio, y para librarnos de los peligros. Como dijo San Jerónimo: “grande es la dignidad de las almas, cuando, cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un Ángel destinado, para su custodia”. Nadie quiere ser objeto de una posesión diabólica… las personas que son víctimas de estas posiciones, en nuestros casos, han sido cristianos, a veces devotos, con todos los sacramentos recibidos. En esos casos, ¿Qué sucedió con esa protección del Ángel de la guarda que no nos desampara ni de día ni de noche?”

Antonella López D. 

Estimada Antonella: no pretendo darle una respuesta del todo satisfactoria, ya que se trata de “pronunciarse” en torno a la acción de Dios y de su providencia, y acerca de lo que Dios, aunque, no queriéndolo positivamente, lo permite. Sin embargo, le ofrezco algunas observaciones que pueden iluminar la complejidad del tema que usted nos presenta.

a) En la Iglesia hay épocas en que no se le da mucha importancia al Demonio, y otras en que hay la tendencia de concederle un excesivo poder. Actualmente, y particularmente en Costa Rica, se le está concediendo demasiada atención y poder, olvidando o al menos, dejando en sombra, lo que afirma la Sagrada Escritura, en que se nos declara que le corresponde a cada uno de nosotros, contando con la gracia de Dios, resistir con eficacia al Maligno (cfr. Gn. 4,6; 1Pe 5,9).

b) Por lo anterior, se constata una fácil tendencia a identificar ciertos límites físicos y psicológicos como si fueran hechos debido a la actividad y posesión diabólicas. Hay muchos casos que piden una atención profesional de tipo psicológico y psiquiátrico, más que una oración de liberación (aun sin excluirla) o un exorcismo. Ha sido por eso, que yo mismo, cuando ejercía como Obispo de Tilarán-Liberia, pedí al Padre encargado de los exorcismos, que estos se realizaran después de un muy atento discernimiento, para poder distinguir, incluso con la ayuda de profesionales, si se trataba de casos de distintas patologías psíquicas, o de hechos de supuesto origen diabólico.

c) Como afirma el Nuevo Catecismo de la Iglesia (1983), “el poder de Satán no es infinito, no es más que una creatura poderosa, por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre creatura; no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satán actúe en el mundo, por odio contra Dios, y su reino en Jesucristo, y aunque su acción cause graves daños -de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de naturaleza física- en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por la Divina Providencia, que con fuerza y paciente dulzura dirige la historia del hombre y del mundo” (395).

d) Como acabamos de leer, “Dios permite la actividad diabólica”, pero esta, no impide que una persona víctima de tal actividad, pueda realizar obras buenas, e inclusive de extraordinaria santidad. Conocemos los casos de “graves molestias y daños físicos” que el Diablo les causaba a santos como el Santo Cura de Ars, y a San Padre Pío de Pietrelcina…. situaciones, que más bien los impulsaban a una mayor entrega y a una vida de penitencia. Así, podemos afirmar de posibles casos de posesión diabólica: esta no impide que la “víctima” pueda tener una vida cristiana ejemplar y así recibir, como todo cristiano, que no la rechace, la ayuda y la acción benéfica del propio Ángel de la Guarda.

Es motivo de confianza, que nos repitamos lo que afirma el mismo Catecismo: “El que Dios permita la actividad diabólica, es un gran misterio, pero nosotros, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para el bien de los que le aman” (Rm. 8,28).

Con breves palabras: el cristiano atacado y como agredido por el poder del maligno, por ejemplo, el que esta “poseído” por el mismo maligno, no está solo, y Dios no lo ha abandonado, como tampoco lo ha abandonado su Ángel de la Guarda. Cabría preguntarse ¿por qué Dios no interviene y hace que el “bien” se imponga a todo posible ataque diabólico? Aunque, como ya lo ha dicho el Catecismo, no podemos pretender entender completamente el actuar de Dios, y lo que El juzga conveniente permitir, pero y lo repetimos con profunda convicción, sabemos, cómo San Pablo nos lo repite, que nada es ajeno a la acción de Dios para que realmente todo, inclusive los ataques diabólicos, en definitiva, cooperen al bien de quienes le aman.

Monseñor Vittorino Girardi S. 

Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

 

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¿Vendrá de nuevo el Señor al mundo?

“Soy católica y fiel creyente. Sin embargo, tengo una inquietud. ¿Cómo hay que interpretar la afirmación de nuestro Credo: “Jesús sentado a la derecha del Padre de nuevo vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos”? ¿Vendrá de nuevo el Señor al mundo? Eso es lo que dicen los Adventistas. Me han confundido. Yo pensaba que Dios nos juzga cuando nos llama, es decir, al salir de este mundo, cuando morimos. Si los Adventistas afirman que el Señor volverá, ¿significa que no creen en la Natividad, es decir, en su nacimiento en Belén?”

María Julia Guevara D. -  San José

Estimada María Julia: Encontramos la clara respuesta a su inquietud en el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (1983). En el numeral 1022 leemos: “Cada uno de nosotros, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación (Purgatorio), bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del Cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre” (Infierno).

Con extrema claridad, se nos presentan pues, las tres posibilidades que nos esperan al morir: Cielo, Purgatorio o Infierno.

Naturalmente, hay que entender bien el sentido de juicio particular. Propiamente, no es que Dios pronuncie y determine la condenación o la salvación, sino, que le corresponde a cada uno de nosotros la decisión. Un sencillo ejemplo, no es propiamente el profesor que establece el “aprobado” o el “reprobado”, sino que es el alumno quien con su resultado hace que se declare aquello de lo él mismo es responsable.

Además del juicio particular sabemos que habrá un juicio final. Así lo describe el mismo Catecismo: “Llegará la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz (la de Cristo) y los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación” (Jn 5, 28-29). Entonces Cristo vendrá “en su gloria, acompañado de todos sus ángeles… serán congregadas delante de Él todas las naciones y Él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda e irán éstas a su castigo eterno y los justos a una vida eterna” (Mt 25, 31-32.46; n. 1038 del NCIC).

“El juicio final sucederá cuando Cristo vuelva glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar. Sólo Él decidirá su advenimiento. Entonces Él pronunciará, por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia” (1040).

Todo lo anterior ha quedado expresado en nuestro Credo, con la afirmación: “Sentado a la derecha del Padre, (Jesús) de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos”.

Nos referimos así a lo que llamamos “Parusía” o “segunda venida de Cristo”. Segunda para distinguirla de la primera en Navidad (Encarnación). Cuándo acontezca eso, como Cristo mismo lo ha afirmado y como acabamos de recordarlo, “nadie lo sabe, sólo el Padre”.

Adventistas son algunos grupos protestantes o evangélicos que en épocas más recientes han vuelto a afirmar la antigua idea “milenarista”, es decir, la creencia en la inminencia del retorno glorioso de Cristo. Los adventistas modernos, aunque ya divididos por sus distintas denominaciones, deben su origen a la predicación de William Miller (1782-1849), quien predijo la llegada de Cristo para la primavera de 1843, fecha que luego fue postergada. De este tronco común (Evangelical Adventist) se separaron en 1844, los adventistas del séptimo día, los que hoy en día son más conocidos y más proselitistas.

Monseñor Vittorino Girardi S. 

Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Qué es la “segunda muerte” que aparece en el Apocalipsis?

Monseñor, en el libro del Apocalipsis, el cual me resulta de difícil interpretación, me encontré con la expresión “la segunda muerte”; ¿me puede iluminar un poco más acerca de su sentido y por qué el Autor le llama así?”.

Mayra González Ch. - Cartago

Estimada Mayra: La palabra Apocalipsis es la transcripción de un término griego que significa revelación. Se trata de una revelación ofrecida por Dios, de hechos y realidades ocultas, conocidas sólo por Dios y que se refieren, en especial, al futuro. Y tal revelación se da por medio de visiones. Éstas, a su vez, no tienen valor por sí mismas, sino por el simbolismo que encierran. En el Apocalipsis todo, o casi todo, tiene valor simbólico: los números, las cosas, las partes del cuerpo y los mismos personajes que entran en escena…

Ahora bien, la dificultad mayor en su lectura procede precisamente de la complejidad de los símbolos de no fácil interpretación, cuando además, muchos de ellos proceden de profetas del Antiguo Testamento, como son Ezequiel y Daniel.

En cualquier caso, estimada Mayra, más allá de las dificultades de interpretación, tengamos presente que la intención del Autor sagrado no es la de infundir miedo, sino la de animar con la certeza de que la Comunidad Cristiana está sostenida por la fuerza de Cristo, quien nos repite, como a los Apóstoles: “Pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Vuelvo ahora, a su pregunta. La “segunda muerte” debe ser entendida por su contraposición a la “muerte corporal” que sería, pues, la primera y que nos afecta a todos indistintamente. Según el autor del Apocalipsis, que en esto piensa como el Autor del Cuarto Evangelio, lo que todo creyente debe temer como el “mal supremo”, es la separación de Dios; esa sería la muerte en sentido pleno, no tanto la muerte corporal.

No hay que olvidarlo: nuestro Dios es Dios de vivos, no de muertos (Mt 22, 32). La muerte corporal en lugar de separarnos de Dios es paso a la verdadera Vida. Lo que es realmente muerte, es la separación eterna de la misma fuente de la vida que es Dios. Esa es la “segunda muerte”, según el Apocalipsis.

Son varios los textos que a ella se refieren. Aquí se los transcribo: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte” (2, 11); “Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino, que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán por Él mil años” (20, 6); “La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego -ese lago de fuego es la muerte segunda- y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (20, 14-15); “Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (21, 8).

Son afirmaciones que espontáneamente nos hacen recordar la súplica que el Ángel enseñó a los pastorcitos de Fátima Lucía, Francisco y Jacinta: “¡Oh Jesús mío!, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

 

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Qué son los géneros literarios de la Biblia?

“Desde hace algún tiempo sirvo como catequista, y siento la necesidad de conocer más nuestra doctrina cristiana y entonces también sobre La Biblia. 

Hace poco me encontré con esta afirmación: “Para una correcta lectura de la Biblia hay que tener presentes los géneros literarios de que sus Autores Sagrados se han servido para redactar los textos”. 

No creo haber entendido del todo el sentido de tal expresión. Monseñor, ¿me lo puede aclarar?”

Doris Herrera L. - Ciudad Quesada

La Biblia, estimada Doris, es una producción literaria que se ha ido formando a lo largo de muchos años y en la que se refleja además de la cultura judía, varias otras con que el pueblo judío tuvo relación. Nos resulta pues como una pequeña biblioteca, y no solo por el número de los libros que la componen, sino también por la variedad de formas literarias que encontramos en esos libros. Cuando hablamos de géneros literarios, nos referimos precisamente a lo que expresamos diciendo formas literarias. Este hecho se da en cualquier cultura. En efecto se va escogiendo una u otra forma literaria, según la intención que se tenga al momento de querer expresar, por ejemplo, una verdad, un hecho histórico, un sentimiento… Cualquiera sabe distinguir una forma literaria, propia de una composición poética, de una narración histórica, de una exhortación, de un reproche, de una amenaza, o de un himno de alabanza, etc, etc.

Además hay modos distintos de valorar el mismo género o forma literaria. Uno de los ejemplos más claros es el que corresponde al género literario histórico. Para nosotros, un texto histórico debe haber sido escrito como resultado de una investigación precisa y exacta de los hechos, mientras que para los Autores Sagrados ya del Antiguo como del Nuevo Testamento, los hechos, están subordinados a la intencionalidad religiosa. 

He aquí un ejemplo de los más sencillos: San Lucas nos informa que Jesús señaló y envió a otros setenta y dos discípulos de dos en dos delante de sí por todas las aldeas y lugares que iba a visitar (Lc 10, 1). Nos sorprende que San Lucas nos informe de setenta y dos discípulos, un número que es inusual y sin embargo cuando nos enteramos que en los conocimientos geográficos de la época, setenta y dos era el número de las naciones paganas, entendemos entonces que la primera intención de San Lucas no era tanto la de informarnos acerca del número exacto de los discípulos enviados, cuanto insistirnos acerca de la universalidad de la misión de la Iglesia.

La atención a los géneros literarios implica también poner atención al uso de palabras y expresiones que son inteligibles solo en el contexto y mentalidad del Autor Sagrado. He aquí un ejemplo más. El profeta Ezequiel escribe: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y les saque de sus sepulcros pueblo mío, sabrán que yo soy el Señor.” (37,12-13). A primera vista tanta insistencia en el uso de la palabra sepulcro podría hacernos pensar en el gran tema de la resurrección, cuando el profeta Ezequiel solo se refiere a la acción misericordiosa de Dios para sacar a su pueblo de la tierra de exilio para guiarlo de nuevo a la Tierra Santa.

Los ejemplos que podríamos dar son muchísimos. La lectura de la Sagrada Escritura nos pide el esfuerzo de entrar en la cultura de los autores que la escribieron, en su estilo y en sus intenciones, y no siempre este esfuerzo nos puede resultar fácil porque el paso de una cultura a otra siempre implica tomar distancia de lo que es “lo nuestro”, lo acostumbrado. 

En cualquier caso, siempre nos acercamos a la Palabra de Dios con gran respeto y veneración porque sabemos que la Biblia no es una obra literaria como las demás… no es solo obra humana sido fruto de la inspiración del Espíritu Santo.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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¿La Iglesia reconoce las apariciones a Santa Faustina?

“¿La Iglesia confirmó la veracidad de las apariciones de Jesús de la Divina Misericordia formalmente o todavía existe “miedo” a que no sean de Dios las mencionadas apariciones? Muchas gracias”.

Andrés Seas - San José

Estimado Andrés, hay un punto bien importante que siempre hay que tener presente. Cuando la Iglesia canoniza, es decir, declara santa a una persona, está presuponiendo que no hay errores teológicos en su vida y que no ha habido “mentiras” en sus posibles escritos. Sobre este doble presupuesto, resulta fuera de toda duda la veracidad de todo cuanto Santa Faustina Kowalska ha dejado escrito en su diario. Ella nos narra con plena fidelidad a la verdad, lo que ha sido el trato de Jesús con ella.

Ahora bien, con esto la Iglesia deja confirmado que Santa Faustina nos ha dicho la verdad y que en sus escritos no hay ningún error teológico. Hasta ahí llega la intención de la Iglesia. No pretende afirmar que todas las apariciones y mensajes referidos por Santa Faustina correspondan en sus más mínimos detalles, a lo que realmente aconteció… nada impide que Santa Faustina, aún con la más recta intención, haya podido olvidar algún detalle o describirlo de una manera no del todo precisa. No son pocos los santos y santas que al momento de describir las gracias especiales que recibían de Nuestro Señor, confiesan en sus escritos, la sensación de cierta incapacidad para expresar de la manera más exacta y congruente lo que les iba aconteciendo… lo que más nos interesa es saber con plena certeza que los escritos de Santa Faustina no hay ningún error teológico y que ella relata sus “vivencias religiosas” con absoluta veracidad.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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