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Su apostolado es entregarse a los discapacitados

  • Asociación Padres de Personas Discapacitadas, en Orotina

Sofía Solano Gómez
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Ante una sociedad que mira fría e insensible a las personas con discapacidad, Sonia Cascante desea demostrar que 45 muchachos y adultos mayores de la Asociación Padres de Personas Discapacitadas (Asopapedi), son muy capaces.

Esta institución sin fines de lucro lucha por el bienestar de las personas con discapacidad. Sonia, una mujer activa y llena de energía colabora en este proyecto con amor en abundancia, “este es mi apostolado -dijo- le doy a Dios un poquito de lo mucho que me ha dado. Me nace del corazón entregarme a este proyecto”. 

Cuenta que, como madre de Raquelita, una joven de 28 años con parálisis cerebral que falleció hace año y medio, ella y su esposo se consideran los elegidos para trabajar con la población discapacitada, dando todo el amor que ahora no le pueden dar a su hija. 

“Al principio no había visión en cuanto a qué se podía hacer por las personas con discapacidad, tocamos puertas y surgieron oportunidades”, comentó.

El 23 de octubre, el Obispo de Alajuela Mons. Bartolomé Buigues y los sacerdotes de la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, Pbro. Guillermo Maroto y el Vicario Pbro. Julio García visitaron el lugar.

Sonia y miembros de Asopapedi aprovecharon para pedir que haya un mayor acercamiento de la Iglesia, especialmente para que, por medio de una Hora Santa o una Eucaristía, las personas con discapacidad sean tomadas en cuenta. 

Durante la Visita Pastoral, Sonia aprovechó la oportunidad de comentar al Pbro. Guillermo la posibilidad de sensibilizar a la población sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y de colaborar con la compra de la bisutería en las afueras del templo, al concluir la misa de 9:00 a.m. del próximo 10 de noviembre. 

Asopapedi tiene muchos gastos, por lo tanto, buscan socios y/o personas que tenga la voluntad de donar o colaborar, ya sea en tiempo con los discapacitados o por medio de la participación de los bingos y rifas que se realizan. 

“Yo no pido ofertitas ni descuentos, pido calidad. La gente piensa que como muchos de ellos no hablan, no van a protestar, pero yo soy su voz y los pies de los que no caminan”, dijo.

Es muy común que Sonia escuche frases como “ya no puedo más” o “qué hago” de parte de los familiares de esta población, por ello lleva siempre un mensaje de esperanza. “Luchen, alaben a Dios y bendíganlo porque Él se fijó en nosotros, Él pone en nuestras manos piedras preciosas y debemos llevar nuestra misión con Dios a nuestro lado”, le dice a la gente.

Muchos de los 45 jóvenes y adultos de 18 a 60 años con discapacidad que hay actualmente, tienen historias lamentablemente tristes. Según comentó Sonia, algunos sufrieron abusos, violencia y fueron despreciados por sus mismas familias, otros sí son muy queridos. 

Para el año entrante hay más matriculados, aspecto que es muy alentador para Sonia, pero de preocupación a la vez porque no hay profesores suficientes.  “Muchos llegaron con su cabecita baja, ni siquiera se atrevían a levantar su mirada. Hoy tienen amigos, hablan, se ríen, bailan y hacen de todo”, comentó.

 

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