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Origen y significado del Vía Crucis

Práctica cuaresmal por excelencia

Ma. Estela Monterrosa S.
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En Cuaresma y Semana Santa las calles de muchas comunidades son escenario del rezo del Vía Crucis. Su nombre significa “El camino de la Cruz” en latín y se trata de una meditación en 14 estaciones sobre la Pasión del Señor.

Esta hermosa tradición es una forma de venerar la Pasión, en la que los fieles recorren, participando con su afecto, el último tramo del camino recorrido por Jesús durante su vida terrena: del Monte de los Olivos, donde en el huerto llamado Getsemani el Señor fue presa de la angustia, hasta el Monte Calvario, donde fue crucificado entre dos malhechores, y al jardín donde fue sepultado.

De acuerdo con el Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia –elaborado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de la Santa Sede–, la forma actual del Vía Crucis ya se conocía en la primera mitad del siglo XVII y fue difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751). Este ejercicio de piedad ha sido aprobado por la Sede Apostólica y dotado de indulgencias.

Según este documento, el Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas desde la alta Edad Media: la peregrinación a Tierra Santa, durante la cual los fieles visitan devotamente los lugares de la Pasión del Señor; la devoción a las “caídas de Cristo” bajo el peso de la Cruz; la devoción a los “caminos dolorosos de Cristo”, que consiste en ir en procesión de una iglesia a otra en memoria de los recorridos de Cristo durante su Pasión; la devoción a las “estaciones de Cristo”, esto es, a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario obligado, agotado o para hablar con hombres y mujeres.

Asimismo, indica que en el ejercicio de piedad del Vía Crucis confluyen diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana como la comprensión de la vida como camino o peregrinación; como paso, a través del misterio de la Cruz, del exilio terreno a la patria celeste; el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo; las exigencias de la sequela Christi, según la cual el discípulo debe caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23).

Consejos para elegir el texto

Para la meditación del Vía Crucis existen numerosos textos, por ejemplo, en el subsidio de Semana Santa de la Editorial La Asamblea se incluye el Vía Crucis meditado por el Papa Francisco el 25 de enero en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá. 

El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia recomienda seleccionar el texto teniendo presente las eventuales indicaciones del Obispo de cada Iglesia particular y considerando las características de los participantes. “Serán preferibles los textos en los que resuenen, correctamente aplicadas, las palabras de la Biblia, y que estén escritos con un estilo digno y sencillo”, dice.

En este sentido, recomienda alternar de manera equilibrada: palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, para que se obtengan los frutos espirituales de este ejercicio de piedad.

 

Las estaciones del Vía Crucis son:

1. Cristo es condenado a muerte

2. Jesús es cargado con la Cruz

3. Su primera caída

4. Se encuentra con su Santísima Madre

5. Simón de Cirene es obligado a cargar la cruz

6. La Verónica limpia el rostro de Cristo

7. Su segunda caída

8. Su encuentro con las mujeres de Jerusalén

9. Su tercera caída

10. Jesús es despojado de sus vestiduras

11. Su crucifixión

12. Su muerte en la cruz

13. Su cuerpo es bajado de la cruz

14. Es colocado en el sepulcro

 

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