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Mons. Sanabria salvó vidas durante Guerra del 48

  • Protegió a políticos de ambos bandos, incluso opuestos a la Iglesia  

Danny Solano Gómez
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Es 1948, Mons. Sanabria, Arzobispo de San José, puso su vida en riesgo para evitar el conflicto armado entre los aliados de Calderón Guardia y los opositores, tenía enemigos por todas partes, hasta en el mismo clero. 

Esto se extrae de las charlas impartidas el jueves 18 de julio, como parte del Simposio Internacional Monseñor Víctor Sanabria Martínez: su impacto social, político y económico en una articulación Iglesia, sociedad y Estado, realizado en la Universidad de Costa Rica (UCR), organizado por la Pastoral Universitaria y la Vicerrectoría de Acción Social.

Esa noche los expositores fueron el Dr. David Díaz Arias, catedrático y director del Centro de Investigaciones Históricas de América Central, y Dr. Gustavo Adolfo Soto, director de la Escuela de Estudios Generales de la UCR. 

Se mencionaron diversos acontecimientos históricos relacionados con el contexto social y político de Costa Rica de los años de 1940, en especial, el actuar de Monseñor en esos años. 

Refugio en la Casa Arzobispal

Díaz y Soto relataron hechos como cuando en 1948 Otilio Ulate se refugió en la Casa Arzobispal. El candidato de oposición fue electo Presidente provisional de Costa Rica por el tribunal electoral (en manos de la oposición), basado en resultados enviados por telegrama, ya que hubo un incendio (nunca esclarecido) en el Colegio de Señoritas, donde se destruyó parte del material electoral.

El Congreso (de mayoría calderonista) decidió anular las elecciones presidenciales y el gobierno envió un contingente policial a buscar a Ulate a la casa del doctor Carlos Luis Valverde, con el objetivo de encarcelarlo. 

Se desató una balacera y producto de esto el médico sufrió una herida que provocó su fallecimiento. Sin embargo, el presidente electo logró escapar por la parte trasera, al día siguiente fue capturado y encarcelado en la Penitenciaria (actual Museo de los Niños). 

El Arzobispo de San José intervino, logró su liberación y, a sabiendas que la vida de ese hombre corría peligro, lo protegió en la Casa Arzobispal.

Un gesto de heroísmo y caridad cristiana, sobre todo cuando se tiene en cuenta que la oposición acusaba a Mons. Sanabria de ser “caldero-comunista”, por haber dado su apoyo a la Reforma Social del presidente Calderón, también respaldada por los comunistas. 

El Prelado hizo amistad con Ulate y logró que este aceptara un pacto para, por la vía civil, hacer la transición de gobierno y evitar un derramamiento de sangre. 

El Arzobispo, poniendo en riesgo su vida, viajó hasta el Cuartel General de las fuerzas comandadas por José María Ferrer para presentarle la propuesta, sin embargo el caudillo la rechazó y optó por seguir con la operación militar, que inició en el sur del país y dio paso a la Guerra Civil de 1948. 

“Le salvó la vida al buró comunista”

El Dr. Díaz también expuso que después del conflicto, se instauró la Junta de la Segunda República, la cual persiguió al bando perdedor. Un caso trágico fue el asesinato de líderes comunistas en el Codo del Diablo.

El expositor mencionó que Mons. Sanabria salvó la vida del buró del Partido Vanguardia Popular (de tendencia marxista-leninista), quienes habían sido encarcelados y se había planeado su ejecución. “La orden final no llegó gracias al homenajeado en este simposio”, afirmó el catedrático.

En aquel momento, cuando el hijo mayor de Jaime Cerdas, uno de los fundadores del Partido Comunista, fue a dejarle el almuerzo a su papá a la Penitenciaría, uno de los guardias le contó al muchacho que estaban planeando matar a su padre y compañeros. 

El joven le contó a su papá lo que había escuchado y el líder político lo envió enseguida a contárselo a su madre. La mujer a su vez fue a la Iglesia de la Merced a contarle a un primo sacerdote lo que estaba ocurriendo y este corrió hacia donde Mons. Sanabria.

El Arzobispo llamó al Presidente de la Junta de gobierno y le advirtió que si algo le pasaba a esas personas, al día siguiente, en todos los cables internacionales iba a acusar a la Junta de haberlos asesinado. 

Los reos fueron esposados, puestos en un camión y llevados a una montaña, donde los oficiales esperaban la orden final, que nunca llegó gracias a esa intervención del Prelado.

Otra persona a quien Mons. Sanabria salvó la vida fue a Fernando Guier, nombrado magistrado durante el gobierno de Calderón, cuyos hijos escucharon cuando pasó un carro al frente de su casa y alguien gritó que iban a fusilar a su papá, la mamá de ellos fue a la Casa Arzobispal y Mons. Sanabria habló personalmente para impedir que ocurriera.

Cuando se dio la apertura de la Asamblea Constituyente que redactaría la Constitución Política de 1949, un vicario desde el púlpito le dijo a los integrantes de la Junta: “Sus manos están manchadas de sangre” y explicó que se valían las diferencias políticas pero no el ensañamiento.

Los miembros acusaron al sacerdote con Mons. Sanabria, quien les dijo que el Arzobispo era uno espiritualmente con su vicario, por lo tanto no podía castigarle. Tuvo la valentía de decir esto a pesar de que estaban en juego muchas cosas que podían perjudicar a la Iglesia. 

Sacerdotes urdieron contra él

A raíz de lo anterior, pidieron la destitución de Mons. Sanabria ante el Papa Pío XII, con el apoyo de un grupo de sacerdotes identificados con el gobierno y que incluso hicieron publicaciones en Eco Católico para sus fines.

Según contó Gustavo Soto, estos clérigos redactaron en latín las propuestas del gobierno, entre ellas figuraba crear dos arzobispados, abrir nuevas diócesis (“se morían de ganas por ser obispos”) y enviar al Arzobispo de entonces “a cuidar a la Negrita”. 

Soto también contó que muchos de estos sacerdotes incluso eran personas cercanas a Mons. Sanabria, a quienes incluso él había enviado a formarse en el exterior con la idea de que tomaran liderazgos acordes a la Doctrina Social de la Iglesia, sin embargo, decidieron posicionarse en su contra. A pesar de la petición, Pío XII reafirmó a Mons. Sanabria en su cargo.

 

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