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Mons. José Francisco Ulloa celebró sus bodas de plata episcopales

  • Obispo emérito agradeció a Dios por 25 años de episcopado

Danny Solano Gómez
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Una vez, siendo Obispo de Limón, acompañó al recordado misionero Bernardo Köch CM, a dejar en avioneta unos víveres a territorio indígena. Mientras piloteaba la nave el anciano cura alemán se quedó dormido, el prelado apenas se percató lo despertó. 

“¿Qué le pasa Monseñor? ¿Acaso no confía usted en la Providencia?”, le dijo sonriente el Padre Bernardo. “Sí que creo en la Providencia, en quien no creo es en usted dormido”, contó entre risas Mons. José Francisco Ulloa, obispo emérito de Cartago y primer obispo de Limón, quien celebró el pasado 22 de febrero sus bodas de plata episcopales.

Experiencias y anécdotas

Mons. Ulloa compartió algunas experiencias en estos 25 años de episcopado. Precisamente el 22 de febrero de 1995, festividad de la Cátedra de San Pedro, fue ordenado como primer Obispo de la Diócesis de Limón.

Recibió la noticia siendo párroco de la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, donde había llegado tras servir como formador y luego como rector del Seminario Nacional.

Recibida la noticia partió en caravana desde su natal Cartago rumbo a Limón, allí quedaría encantado con la diversidad cultural y étnica de la provincia caribeña. “como dice el eslogan: “Lo mejor de Limón es su gente”, repite Monseñor. 

Uno de sus primeros propósitos como obispo fue construir la nueva Catedral, ya que la edificación antigua estaba muy deteriorada y una restauración no era viable. 

Junto a sacerdotes y laicos emprendió una obra gigantesca, no exenta de dudas y objeciones, pues se trataba de un proyecto ambicioso en medio de difíciles condiciones socioeconómicas.

“Se hablaba de construir una edificación más sencilla, pero el pueblo de Limón se merecía una bella Catedral. Con la ayuda de Dios y una comisión de limonenses de lujo la construcción salió adelante”, relató el prelado.

También, cuando llegó a la diócesis quiso que su primera visita fuera a alguna comunidad indígena, incluso se propuso llegar a donde hasta entonces solo un obispo había llegado antes, a Alto Telire, en Talamanca.

Efectivamente, viajó a esa comunidad acompañado del Pbro. William Benavides CM. Fueron tres días de subida y tres de bajada a pie. Al llegar a la meta, agotado, quiso caminar una hora más para conocer una piedra donde había descansado Mons. Bernardo Augusto Thiel, segundo Obispo de Costa Rica.

“Me acosté en la piedra, una cuevita, donde Monseñor Thiel estuvo, fue una experiencia muy bonita”, dijo Monseñor Ulloa.

Recordó también cuando participó en procesos de mediación entre sindicatos y gobierno. Especialmente mencionó su participación durante la huelga en contra del Combo del ICE, en la cual los sindicatos exigieron que fuese él quien sirviera como mediador.

La reunión entre ambos bandos fue transmitida en vivo por radio y televisión, se inició a las 8:00 a.m. y terminó al día siguiente a las 2:00 a.m. con resultados positivos.

De vuelta a Cartago

“Yo era un limonense más”, expresa Monseñor, sin embargo, a pesar del cariño y de sentirse identificado con la dura situación económica de la provincia llegó el momento de la despedida. El 24 de mayo de 2005 se erigió la Diócesis de Cartago y él fue elegido como el primer obispo de esa iglesia particular.

Volvía su tierra natal, cerca de su querida Negrita de los Ángeles. “Había nostalgia por dejar Limón y alegría por volver a mi tierra”, reconoció.

Como obispo de la diócesis cartaginesa recuerda con gozo la celebración del Congreso Nacional Eucarístico en 2013. Asimismo, la conmemoración del 375 aniversario del Hallazgo de la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, cuando además el Papa Benedicto XVI decretó un Año Jubilar por este acontecimiento, Monseñor abrió una Puerta Santa en la Basílica y otra en Turrialba.

Tras haber cumplido los 75 años, como corresponde a todo obispo envió su renuncia al Papa Francisco, quien la aceptó en 2017 y nombró como sucesor al actual Obispo de Cartago, Mons. Mario Quirós. 

“Estoy muy contento que haya sido él quien me sustituyera, un cartaginés, un sacerdote muy querido. Doy gracias a Dios por eso”, manifestó.

“Tiempo para leer y escribir”

Expuso que un obispo emérito puede quedar como a la deriva, pues de tener una agenda llena de repente se pasa a tener una casi vacía. Sin embargo -afirma- la cuestión consiste en saber ocupar el tiempo. 

Ahora podía leer aquellos libros que estaban pendientes, por ejemplo. Pero también había algo especial que quería hacer: escribir. Así fue como escribió un texto dedicado a la Virgen María, que siempre lo ha acompañado en su ministerio. Recientemente publicó uno sobre consejos para sacerdotes titulado: “El rostro hermoso del sacerdocio” (ver recuadro).

Además, colabora con parroquias, asiste a retiros y también ha impartido charlas en otros países a sacerdotes y religiosas. Regularmente va a la Basílica o a la Catedral de Cartago a confesar o a celebrar misa.

Fructífero ministerio episcopal

“Me consta con cuánta alegría te refieres a tu vivencia en las facetas que el Señor te ha querido llevar en tu vida sacerdotal”, estas palabras se las dirigió su sucesor y actual obispo de Cartago, Mons. Mario Quirós, durante una misa de Acción de Gracias por los 25 años de vida episcopal de Mons. Ulloa.

La celebración se llevó a cabo el 22 de febrero en la Basílica de los Ángeles, en Cartago. Concelebraron obispos y obispos eméritos, clero diocesano, amigos y fieles, algunos vinieron desde Limón para celebrar este acontecimiento.

El obispo emérito, de 79 años, agradeció a los presentes por compartir con él este momento de agradecimiento al Señor. Asimismo, pidió al coro entonar el Te Deum.

Monseñor también dejó un pin con su escudo episcopal en el manto de La Negrita. Agregó que la devoción y el amor a la Virgen María han sido el centro de referencia de su vida cristiana, sacerdotal y de su ministerio episcopal.

Por su lado, el Nuncio Apostólico, Bruno Musaró, transmitió un mensaje de felicitación por parte del Papa Francisco.

Consejos de Mons. Ulloa a los sacerdotes

Ser consciente de la grandeza y de la belleza de ser sacerdote, independiente de las capacidades, limitaciones e incluso miserias que experimenten quienes hayan sido llamados. 

Este es el primer consejo que da Mons. José Francisco Ulloa a sus hermanos sacerdotes en su libro “El rostro hermoso del sacerdocio”. Se trata de una serie de reflexiones tomadas primordialmente de su larga experiencia como formador y obispo.

Monseñor le dice a los presbíteros que vivan con pasión e ilusión, con todas sus consecuencias, la gracia de ser sacerdote. 

El deseo del obispo emérito es obsequiar este libro a los clérigos costarricenses. También puede ser adquirido a través de RUAH Comunicaciones, al número: 8730-4496.

 

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