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Diez años de la instauración del Orden de las Vírgenes en Cartago

Redacción

El pasado 13 de marzo, la comunicadora Lisandra Chaves celebró su décimo aniversario de consagración en el Orden de las Vírgenes Consagradas (Ordo Virginum) con una solemne ceremonia en la Parroquia Santa Bárbara de Pavas donde participaron Monseñor Bruno Musaró, Nuncio Apostólico en Costa Rica, Monseñor José Francisco Ulloa, Obispo Emérito de Cartago y quien la consagró; el Pbro. José Luis Correa, asesor nacional del Movimiento Schoenstatt Costa Rica, el Pbro. Gerardo León, párroco en Santa Bárbara de Pavas, el Pbro. Mario Zúñiga, mariólogo y varios sacerdotes, seminaristas y amigos cercanos. 

Cuando ocurre la primera consagración en una diócesis se instaura oficialmente el Ordo Virginum y fue lo que ocurrió con Lisandra en Cartago hace 10 años donde no existía esta vocación. Hoy en el país hay alrededor de 30 consagradas y varias aspirantes. 

“He querido celebrar estos 10 años sobre todo por mi nueva vida llena de luz, ya que en mi juventud me alejé de la fe muchos años. Soy muy feliz y plena aún con la cruz. Ofrecí mi consagración por la santificación de los sacerdotes. He podido servir a la Iglesia con amor y transparencia en todo aquello que Dios y los obispos me han pedido y siempre lo ofrezco por los sacerdotes. Esta es una consagración personal para orar y servir a Dios donde Él nos llame a cada una, sin superiora o coordinadora ni comunidad al estilo de las religiosas, sino libres, pero bajo la tutela de la Iglesia, a través de los obispos que son los superiores y encargados de esta vocación”. 

“Hace una década, precisamente con la ayuda de Lisandra tuvimos que comenzar de cero para establecer planes formativos, requisitos formales y un directorio diocesano, incluso entregamos nuestro plan formativo como modelo a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada en Roma y esto nos ha permitido ayudar incluso a otros países” mencionó Monseñor José F. Ulloa, Obispo Emérito de Cartago en la homilía. 

Monseñor Bruno Musaró, Nuncio Apostólico, mencionó al final de la homilía que debemos orar por las vocaciones y destacó el rol importante de las mujeres consagradas en el mundo que sirven a la Iglesia sin dejar su vida laical. 

Lisandra por su parte manifestó: “Doy gracias a Dios por su misericordia porque todo es gracia. Todo lo bueno que hacemos es la obra de Él en nosotros y no nuestras obras”. 

Actualmente, la consagrada desarrolla proyectos de comunicación en medios católicos, colabora con la formación de aspirantes en la Diócesis de San Isidro, y es parte de la Comisión Nacional de Protección al Menor y adultos en vulnerabilidad, entre otros. 

“Trato de estar disponible para servir siempre que el tiempo y la salud me lo permitan, Dios es el dueño de la misión y de mi vida, Él sabe donde me lleva y hasta cuándo”, concluyó Lisandra. 

 

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