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Familia custodia pasito de más de 100 años

  • Aseguran que es obra del escultor Manuel María Zúñiga

Laura Ávila Chacón
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Un pasito de madera de más de 100 años es resguardado por la familia Monge Hernández en Ciudad Colón.

Según contó doña Marta, su padre don Antonio Hernández Pérez, quien falleció hace 41 años, se lo compró al artista costarricense Manuel María Zúñiga, quien es reconocido como uno de los grandes imagineros costarricenses del siglo XX. 

El artista, Manuel María Zúñiga Rodríguez, fue un maestro imaginero, autodidacta, con una participación decisiva en los movimientos escultóricos de Costa Rica. Nació el 16 de diciembre de 1890 y murió el 3 de enero de 1979. Entre sus obras más notables están el Cristo de la Agonía, Santa María Nuestra Señora de La Merced y un Sagrado Corazón de Jesús.

Doña Marta, quien posee una Librería Católica en el cantón josefino, detalló que su padre regaló el pasito a su hermana Teresa (ya fallecida) antes de que él muriera.

Cada imagen (tres en total: San José, la Virgen y el Niño) mide entre 5 y 10 centímetros. Fue hecho en madera fina y cada pieza fue pintada a mano. Como recuerdo de su familia, permanece puesto en un pesebre todo el año.

Don Antonio Hernández fue sacristán por muchos años en la parroquia La Asunción de Ciudad Colón. Se le recuerda como la persona que llamaba a misa a los vecinos. Lo hizo a lo largo de 69 años. Nació el 20 de julio de 1880 y murió a los 96 años en 1976.

El cariño que el pueblo le profesaba quedó plasmado en el escudo del cantón, donde aparece su rostro junto a otros insignes personajes.

Su familia lo describe como un hombre fuerte que tuvo que dejar su trabajo debido a que perdió la visión de un ojo cuando, cargando leña, un palo lo golpeó fuertemente.

Don Antonio comenzó su servicio en la Iglesia cuando tenía 16 años, con el Padre Zumbado, y en sus ratos libres vendía petates tejidos en San José.

Su hija Marta recuerda otros sacerdotes con los que trabajo su papá, entre ellos: los padres Col, Barquero, Garita, García y Rodríguez. Con todos ellos le correspondía abrir las puertas del templo a las 4 de la mañana. Luego alistaba el confesionario para que la gente que tenía que entrar a trabajar muy temprano se confesara y comulgara.

Su padre le contaba que fue parte del Partido Unión Católica y que tenía muy presente cuando llegó a la comunidad don Ascensión Esquivel y hasta Monseñor Bernardo Augusto Thiel, II Obispo de Costa Rica, quien le daba catecismo.

Recuerda también sus narraciones de que en esa época la Iglesia se podía llenar como con 100 personas, muy devotas todas y que él era feliz tocando las campanas y ordenando su sacristía.

El cuerpo de don Antonio yace en el cementerio de Ciudad Colón y es la única persona que ha sido enterrada en la tierra y no en una bóveda, según su propio deseo.

 

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