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“El Triángulo de la Solidaridad ya no existe, pero la misión continúa”

  • P. Gonzalo Mateo habló sobre la labor de la Iglesia en la comunidad durante 12 años

Danny Solano Gómez
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Con aire nostálgico, pero a la vez con alegría, el misionero claretiano Padre Luis Gonzalo Mateo toma un momento para hablar sobre su misión en el barrio que fue conocido como El Triángulo de la Solidaridad. 

Fueron 12 años de estar junto a los vecinos, con quienes compartió momentos buenos y malos. A veces cuando pasa cerca mira algún lugar que le trae un recuerdo alegre, una marcha o una fiesta, y también a veces se le viene a la memoria un problema que hubo en una esquina o en una callecita.

“No queda nadie, todos se han ido ya, pero sin duda ahora están mejor, espero que donde estén sean ciudadanos ejemplares y demuestren todo lo buenos que son”, comentó este incansable misionero español, quien vino al país después de haber servido por años en el Darién profundo en Panamá con las comunidades indígenas.

Llegó a Costa Rica con el encargo de fundar el Centro Bíblico en las instalaciones de la Iglesia de Ladrillo en Calle Blancos de Goicoechea, enfocado en la lectura popular y comunitaria de la Biblia, y a cargo de laicos. Sin embargo, sentía curiosidad por aquel barrio marginal que estaba a unas pocas cuadras. 

“Cuando llegué ya existía el barrio, había más o menos 600 familias, luego entraron más, fueron personas que invadieron terrenos del MOPT, siempre por esas trampas que hacen quienes dicen tener derechos sobre las tierras y cobran por establecerse ahí, como sucede con otros precarios”, contó. 

Caminó hasta el barrio por cuenta propia para hacer los primeros contactos. Recuerda que las personas lo miraban con sorpresa y otras lo recibían con un saludo. “La gente se alegra cuando ve un sacerdote, muchas veces se sienten marginados por el resto de la sociedad, ver que llega un sacerdote les satisface”, dijo.

Poco a poco, con apoyo de otros laicos misioneros y religiosas, comenzó a brindar un acompañamiento pastoral, se dio énfasis a una Pastoral Infantil y se buscó generar una colaboración ecuménica con hermanos separados.

Una familia, que salió del barrio tras obtener un bono de vivienda, cedió el espacio para que se construyera la capilla, allí el sacerdote iba a celebrar la Santa Eucaristía. Antes las liturgias se oficiaban en los ranchitos de lata donde vivían los vecinos. 

“No nos moverán”

El misionero recuerda con mucho cariño en diciembre las celebraciones de la Inmaculada y los gritos de los niños: “¿¡Quién causa tanta alegría!?”, durante la festividad de La Gritería, en un barrio donde la mayoría eran nicaragüenses.

También, de las campañas por la no violencia y de limpieza que se llevaban a cabo. El misionero reconoce que hubo una importante labor en conjunto con la iglesia evangélica.

“La violencia se detuvo bastante al haber presencia de la Iglesia, se generó cierta identidad, sin embargo, lo más difícil de erradicar era la droga, por otro lado, muchos muchachos recibieron formación, algunos iban a la universidad y finalizaron carreras universitarias”.

También se comenzaron a formar enlaces entre instituciones y la comunidad para evitar un desalojo a la fuerza y procurar el respeto a la dignidad humana. 

“Tantas reuniones, tantos rezos, tantas marchas, tantas consignas…”, recordó el Padre Mateo, quien incluso entonó los versos de una canción que escribió para una marcha. 

“Cuando venga el desalojo todos lo verán, surgirán grupos de apoyo, todos lo verán/somos un pueblo decidido, todos lo verán/las iglesias siempre unidas, todos lo verán/harán digna la salida, todos lo verán”, cantó.

Fueron años de demasiados trámites y papeleos, de búsqueda de terrenos, de búsqueda de fondos, de reuniones con los vecinos y representantes de instituciones. 

A veces hubo que volver a empezar desde cero debido a algún cambio institucional o la entrada de un nuevo gobierno. El misionero destaca que en este proceso hubo una valiosa participación de iglesias, comunidad, organizaciones y funcionarios. 

Además, se llevó a cabo un trabajo de concientización con los vecinos sobre la necesidad de salir de manera pacífica al momento que se diera el desalojo. También se motivó para que a los lugares donde los ubicaran dieran el mejor ejemplo y buscaran integrarse positivamente.

Un desalojo más digno

Fue la primera vez que se logró desalojar un precario de manera pacífica. La operación se completó el martes 10 de setiembre, según informó el Ministerio de Salud. 

En 2018 se reubicaron 185 familias de manera concertada. A pesar de esto, aun quedan familias a la espera de recibir una vivienda, algunas se están quedando con familiares, otras están alquilando mientras se resuelve su situación.

De acuerdo con Ana Martínez, líder comunal, se coordina para ubicar a las restantes. Informó que más de 200 familias esperan que el Ministerio de Vivienda cumpla con sus compromisos y les otorgue una casa.

Se suponía que para el desalojo ya las viviendas tenían que estar construidas, sin embargo, se han dado atrasos, por lo que no todas las familias han recibido su nuevo hogar. 

La líder habló sobre la preocupación que existe, pues, aunque el IMAS ofreció pagar tres meses de alquiler mientras se resolvía la situación, ya algunos contratos se han vencido y los caseros piden que se vayan si no pagan.

Denuncia además que hay proyectos de vivienda donde no se puede iniciar la construcción de las casas porque hay oposición de parte de algunos de vecinos a la llegada de personas provenientes del Triángulo de la Solidaridad.

Mencionó que por ejemplo en Horquetas de Sarapiquí los terrenos están listos pero las ASADAS no dan el permiso para poner un medidor de agua y por lo tanto todo está detenido. “Es discriminación, dicen que son precaristas, que van a generar problemas y que por eso no quieren”, lamentó.

Ante la tardanza, algunas familias han optado por irse a los lotes de los proyectos de vivienda, de los cuales ya son dueños, e instalar un rancho mientras tanto. 

Martínez también se refirió al Padre Mateo, quien vino a ser “una gran bendición de Dios para la comunidad”. “Abrió su corazón hacia las familias, nos acompañó en las buenas y en las malas, estuvo con nosotros, se interesó por los niños, las mujeres solas con hijos, los vecinos con escasos recursos. Es un ángel que Dios nos envió, se entregó mucho”, dijo.

 “Nos acompañaba domingo a domingo con sus misas, anduvo rodando de casa en casa para hacer las misas, hasta que conseguimos un espacio para la Capilla… Ese es el padre Mateo. La comunidad lo quiere mucho, lo respeta mucho, muchas veces me dijo: “Tome para que se ayude con los pasajes”, se reunió con el Ministerio de Vivienda y funcionarios… en fin, muchas cosas”, comentó.

Agregó que el Padre aun sigue con ellos y pone a disposición el salón del Centro Claretiano para que se realicen reuniones con las familias que aun están a la espera de una casa.

“La misión continúa”

Efectivamente, el Padre Mateo dice que el acompañamiento aun se mantiene, de vez en cuando conversa con antiguos vecinos del Triángulo de la Solidaridad y hay un grupo con el cual desea celebrar una Santa Eucaristía.

De igual forma, lo han llamado para ir a bendecir las nuevas casas y sigue brindando su apoyo a aquellos que aun no han recibido su vivienda. 

Anunció que tras la desaparición del Triángulo ahora se busca iniciar una nueva misión en El Claret, en Barrio México, donde ya se han hecho pequeños acercamientos. “Toda la vida me he movido en el campo de las periferias. He estado con indígenas, campesinos, afroamericanos…”, expuso.

Y añadió: “Hay que llegar a las periferias, a veces nos cuesta mucho como Iglesia, ocurre que los pastores evangélicos llegan a estas comunidades, viven ahí, en su propia casa montan su iglesia, si alguien fallece están ahí, si hay un problema los van a buscar, están con los vecinos, si les preguntas a los vecinos quién es su pastor ¿cuál crees que sea la respuesta? Es algo para reflexionar”, comentó.

Fueron 12 años que caminó casi todos los días ida y vuelta desde el Centro Claretiano hasta el Triángulo de la Solidaridad. Ni siquiera dejó de hacerlo después de sufrir un ataque cardíaco, una jornada que hizo dos veces ese recorrido con mucha prisa.

Sonríe porque dice que los vecinos van a tener una vida más digna. Le alegra, por ejemplo, saber que en el Cacao de Alajuela varias mujeres trasladadas se organizaron para construir un Parque Infantil y sembrar árboles, pues es un ejemplo de integración y convivencia. 

Tras el desalojo del Triángulo de la Solidaridad continúan las obras de la carretera de Circunvalación Norte, considerado el viaducto más grande del país. 

 

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