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El terremoto que cambió la vida de Haití hace diez años

PUERTO PRINCIPE. Ante las catástrofes, muerte y desolación, el camino es el de la oración, pero también el de la ayuda concreta. Benedicto XVI, el 13 de enero de 2010, ofreció así su consuelo al pueblo haitiano, conmocionado por el dramático terremoto que se llevó la vida y el futuro. En audiencia general, el entonces pontífice aseguró la cercanía de toda la Iglesia, invocando intervenciones urgentes:

Un terremoto devastador

Fue por la tarde cuando el sísmo de magnitud 7,  hizo temblar por un minuto la isla de Haití, un país pobre y debilitado por el hambre. Otras 8 réplicas socavaron la capital, Puerto Príncipe, habitada por más de dos millones de personas en aquel momento, transformándola en una ciudad desierta como si hubiera sido devastada por la guerra. Hasta la fecha, el número de víctimas sigue siendo incierto, entre 200,000 y 500,000. 

La misionera genovesa fidei donum Maddalena Boschetti, cuenta la presencia en la capital de una fosa común y del antes y después del terremoto que marcó la vida de todos:

“El 12 de enero de 2010, estaba en Foyer Bethléem, un hogar para niños en Port-au-Prince (Puerto Príncipe). Yo ya estaba en misión en el noroeste para cuidar a los niños discapacitados, pero bajé a la capital, como hago mensualmente, para poder ayudar a los niños más graves gracias a los padres Camilianos  u otras asociaciones, especialmente de la Iglesia Católica. El terremoto fue un evento aterrador, no ha habido una familia de Haití que no haya perdido a un ser querido en el terremoto. Más de 300 mil muertos, hay una fosa común fuera de la ciudad donde se guardan los restos de más de 100 mil personas. Este evento marcó la vida del país, se ha convertido en un hito en la historia reciente de Haití”.

La crónica de esas horas trágicas

“Faltaban 8 minutos para las 5 de la tarde, tenía un reloj adelante -cuenta Maddalena recordando esos momentos- y se detuvo en ese momento, estaba alimentando a los dos niños más pequeños que estaban sentados frente a mí en una silla de ruedas. Había unos cuarenta niños en el edificio, casi todos con discapacidades graves, en ese momento ocurrió una catástrofe. Lo primero que escuchamos fue un trueno, un ruido fuerte que avanzaba, un choque violento seguido de otro. Todo lo que estaba parado se derrumbó, logré proteger a los niños con mi cuerpo. Afortunadamente, permanecieron ilesos a pesar del terremoto que arrojó camas de hierro. En los días siguientes, los sufrimientos fueron terribles. Muchas personas heridas llegaron al hogar; habíamos vivido momentos que no se pueden contar junto a momentos de gran humanidad”.

El lento proceso de reconstrucción

Diez años después del terremoto, el proceso de reconstrucción apoyado por la Comunidad Internacional continúa entre luz y sombra. El ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, nombrado comisionado especial de la agencia de reconstrucción, dirigida por la ONU y los principales donantes de estados e instituciones locales, había prometido “reconstruir mejor”. Sin embargo, muchos se quejan de que solo el 2,3 por ciento de los 6.4 mil millones de dólares asignados para la reconstrucción han sido administrados por empresas locales. Otros señalan que el gran proyecto del parque industrial llamado Caracol y el nuevo puerto en la costa norte del país no dieron los resultados deseados: un polo que se suponía que ofrecería trabajo a miles de personas y apoyaría la economía tambaleante de Haití, atrayendo inversión privada.

En Haití, el 59% de la población del país vive con menos de 2.41 dólares por día. Se estima que faltan quinientos mil hogares en Port-au-Prince. Canaan, el barrio marginal más grande de la capital, tiene al menos 300,000 residentes.

Mientras tanto, el Hospital General de Port-au-Prince ha sido renovado y ampliado, pero muchos pabellones nuevos aún no están operativos y muchos pacientes aún están hospitalizados en la parte antigua. Algunos proyectos llevados a cabo por organizaciones humanitarias han sido más efectivos, en particular los relacionados con el apoyo de la economía doméstica, mediante la creación de casas, centros de salud, letrinas, pozos, herramientas agrícolas, reforestación, animales de granja, tanques de agua, escuelas y rutas de evacuación.

Aun hoy se sufre de hambre

“Diez años después del terremoto, se ha hablado mucho sobre la reconstrucción, pero que en términos “occidentales”, ha sido el mayor error, explica Maddalena Boschetti. Las fuerzas internacionales actuaron como de costumbre, colaborando con las estructuras locales existentes, pero que no están aquí, existen solo de nombre, por lo cual este tipo de solución era absolutamente imaginaria. Tengo el honor y el orgullo de decir que todo lo que ha sido el trabajo de reconstrucción está vinculado a la Iglesia, a los misioneros que, arraigados en el lugar durante años, han podido leer las necesidades y realizar buenas obras, a través de la ayuda que ha llegado. Todos los misioneros han hecho grandes cosas”, concluyó. (VaticanNews.va)

 

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