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Leer la historia en su contexto

Artículo 3

La Iglesia es, y ha sido, agente constructor y constitutivo de la nacionalidad costarricense. La evangelización americana en medio de luces y sombras.

Pbro. Fernando A. Vílchez Campos
Sacerdote historiador
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En el territorio de la República de Costa Rica se creó una nueva Provincia Eclesiástica el 16 de febrero de 1921, cuando el papa Benedicto XV (1914- 1922), mediante la bula “Praedecessorum nostrorum”, eleva a Metropolitana la sede de San José y crea la Diócesis de Alajuela y el Vicariato Apostólico de Limón.

Ese es el dato puro y simple que vamos a celebrar en febrero del 2021, pero no podemos quedarnos en él sino que, para comprender la real trascendencia de este acontecimiento como punto de llegada de un camino de 461 años de estructuración eclesiástica de nuestro territorio entre 1560 y 1921, hay que considerar el papel proactivo, como agente constructor y constitutivo de la nacionalidad costarricense por parte de la Iglesia Católica, que ha estado presente a lo largo de todo el proceso de configuración de la identidad de Costa Rica, por lo que necesariamente esta conmemoración irá de la mano con la celebración  nacional del bicentenario de vida independiente de Costa Rica el 15 de setiembre del mismo año 2021.

Ese camino de configuración eclesiástica de Costa Rica inicia con el comienzo de la presencia española en territorio americano, que hay que estudiarlo siempre en su contexto social, político, militar, económico y cultural propio de los siglos XV y XVI, en el que el aspecto religioso no puede desvincularse de ellos, pues así era la mentalidad y la práctica de la época. Esos elementos siempre deben ser tomados en cuenta para poder leer en su contexto el proceso de institucionalidad eclesiástica, no quedarnos sólo en los datos fríos, y evitar generalizaciones o malinterpretaciones.

Siempre en la historia deben conocerse los criterios, valores, mentalidad y jurisprudencia de la época que se estudia y desde ellos analizar los acontecimientos, no desde lecturas que podríamos hacer con los criterios, valores, mentalidad y jurisprudencia de nuestro tiempo, pues eso sería anacrónico y hasta injusto. No somos los “jueces” de la historia, no podemos juzgar con criterios de hoy los hechos del ayer, en historia sólo se pueden analizar los acontecimientos con los criterios de valor con que lo hicieron los contemporáneos de cada época, ir más allá queda fuera la perspectiva histórica.

En el caso de la presencia española en América, sabemos que se han hecho muchas lecturas incompletas, que no siempre toman en cuenta su contexto, y se ha desarrollado así toda una “leyenda oscura”, que en mucho tiene su origen en los conflictos e intereses económicos de las potencias rivales de la España del momento, como fueron particularmente Inglaterra, Holanda y Francia, que tenían también posesiones colonialistas en el territorio americano. 

En el proceso de colonización española en América ciertamente no faltaron sombras, límites y excesos, y hubo voces en aquel momento –sobre todo eclesiásticas– que se levantaron para denunciarlos; pero no podemos descontextualizar dicho proceso, ni hacer una lectura tergiversada de los hechos.

España se impuso en América sí, pero en un proceso de inmigración y dominación, con todas las distancias del caso, similar al acontecido entre los siglos IV y VIII cuando los pueblos germánicos –conocidos como “bárbaros”- invadieron, muchas veces a “sangre y fuego”, la Europa romana y arrasaron con buena parte de la cultura antigua; lo cual muchas veces se olvida. Mucho menos se acentúa la imposición violenta anglosajona y francesa en el norte de América, contemporánea a la de España. O no se consideran los convulsos movimientos poblacionales del interior de Asia o de África durante siglos. El fenómeno de la movilidad humana, la imposición cultural y la mezcla de pueblos -muchas veces violento- han sido y son una constante en la historia. Por ello siempre hay que ubicarse en el contexto y momento histórico en que tienen lugar, no para intentar justificar nada, sino para comprender debidamente los procesos.

El Documento de Puebla, de 1979, al reflexionar concretamente sobre el proceso histórico de la evangelización en América Latina nos dice: #6 “La generación de pueblos y culturas es siempre dramática; envuelta en luces y sombras. La Evangelización, como tarea humana, está sometida a las vicisitudes históricas, pero siempre busca transfigurarlas con el fuego del Espíritu en el camino de Cristo, centro y sentido de la historia universal, de todos y cada uno de los hombres […]. #10 “Si es cierto que la Iglesia en su labor evangelizadora tuvo que soportar el peso de desfallecimientos, alianzas con los poderes terrenos, incompleta visión pastoral y la fuerza destructora del pecado, también se debe reconocer que la Evangelización, que constituye a América Latina en el ‘continente de la esperanza’, ha sido mucho más poderosa que las sombras que dentro del contexto histórico vivido lamentablemente le acompañaron […]. #13 “A través de una rica experiencia histórica, llena de luces y de sombras, la gran misión de la Iglesia ha sido su compromiso en la fe con el hombre latinoamericano: para su salvación eterna, su superación espiritual y plena realización humana”.

Un camino de luces y sombras, sí, que hay que conocerlo en su contexto histórico; como intentaremos hacerlo a partir de la próxima entrega.

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