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La España de los siglos XV y XVI

Artículo 4

Es necesario comprender la intervención de la Santa Sede en la expansión marítima portuguesa y española.

Pbro. Fernando A. Vílchez Campos.
Sacerdote historiador

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El camino de configuración eclesiástica de Costa Rica inicia con el comienzo de la presencia española en territorio americano, que hay que estudiarlo siempre en el contexto de los siglos XV y XVI, lleno de luces y de sombras.

Los múltiples aspectos sociales, políticos, militares, económicos, culturales y religiosos que deben ser considerados para el estudio de ese contexto, no pueden ser desarrollados en este espacio, por lo que nos limitamos a comentar tres con profunda relación con nuestro tema. El primero: las bulas alejandrinas, el segundo: el patronato y el tercero: la legislación indiana.

La España de la segunda mitad del siglo XV se encuentra en un proceso de configuración nacional, pues hasta ese momento nace como una unidad política, cuando los antiguos cinco reinos de la Península Ibérica -Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada- alcanzan su unificación. Efectivamente, Fernando de Aragón (1452-1516) e Isabel de Castilla (1451-1504), los “Reyes Católicos”, contraen matrimonio en 1469, a la muerte de Enrique IV de Castilla (1454-1474) asumen su trono en 1474 y, a la muerte de Juan II (1458-1479) en 1479 toman el de Aragón; lo cual marca la unificación de los reinos de la Península Ibérica en lo que conocemos como España.

Una España unificada que concluye su largo proceso de “reconquista” de frente a la presencia musulmana en su territorio desde el año 711, hasta que logra la conquista de Granada en 1492, último bastión musulmán en la Península; lo cual hace a España vivir en una cultura permanente de “cruzada”, que hay comprenderla siempre según la mentalidad medieval.

Una España unificada que impulsa con mayor fuerza el desarrollo de las navegaciones por el Océano Atlántico. El encarecimiento de los productos orientales y la inseguridad de las rutas terrestres utilizadas para su transporte -dada la presencia amenazante de los turcos, que tomaron Constantinopla en 1453, que están presentes desde antiguo en el norte de África y que constituyen entonces un grave peligro para Occidente-, acentúan la necesidad de encontrar una vía marítima hacia Oriente.

El perfeccionamiento de la cartografía y del transporte marítimo, así como la claridad antiquísima de la idea de la esfericidad de la Tierra, son las condiciones que permitieron realizar la ardua tarea de buscar esa ruta, que fue iniciada primero por el Reino de Portugal desde mediados del siglo XV, navegando hacia el sur por la costa atlántica de África. En esa empresa Portugal contó con el respaldo de los Papas de entonces, que le concedieron una serie de bulas -documentos jurídicos pontificios- que respaldaban sus hallazgos y posesiones africanas.

Esa intervención de la Santa Sede se comprende porque en la época había Estados que recurrían a la autoridad del Papa para garantizar sus posesiones y abstenerse de dificultades por reclamos posteriores. Así lo hizo Portugal en su conquista de la costa Atlántica del África del siglo XV y así lo hará España con los hallazgos de Cristóbal Colón (1451-1506). Siempre que el Papa interviene en estos asuntos, es porque así se lo solicitan las respectivas Coronas y normalmente concede aquello que se le pide; es la mentalidad y son los principios jurídicos de la época.

Aquí es donde surgen las llamadas “bulas alejandrinas”. En 1483 Cristóbal Colón propuso primero a Portugal su proyecto de llegar a la India por el Atlántico, pero no fue aceptado. Luego de negociaciones, iniciadas en 1485, Colón firma, el 17 de abril de 1492, las “Capitulaciones de Santa Fe” con los mencionados Reyes Católicos, con el fin de iniciar sus navegaciones por el Océano Atlántico, ahora hacia el oeste, en búsqueda de la ruta hacia Oriente.

Una vez que comienzan a recibirse noticias sobre los primeros hallazgos de los viajes realizados por Colón, según la jurisprudencia de la época, al igual que en su momento lo hizo Portugal con relación a la costa de África, ahora en 1493 España le solicita al Papa del momento, Alejandro VI (1492-1503), una serie de concesiones que serán el punto de partida para la posterior tarea de conquista y cristianización de América. De ahí el nombre de “bulas alejandrinas”.

Hay que recordar dos puntos importantes. El primero es que, en 1493, no se tiene absolutamente ningún conocimiento de que lo que está en juego es un nuevo continente. Hasta en 1508 Américo Vespucio (1451-1512) es nombrado por la Corona, Piloto Mayor y, de los relatos de sus viajes se concluye la realidad de las tierras halladas. Fue después Martín Waisdseemüller (h.1470-1522), quien propuso en su obra “Cosmographiae” de 1522 que se le llame América. El punto es que, tanto el papa Alejandro VI (1492-1503), como la reina Isabel I (1451-1504) y el mismo Cristóbal Colón (1451-1506), murieron sin saber que donde se había llegado con los viajes colombinos fue a un “mundo nuevo”, pues siempre pensaron que lo alcanzado era Oriente, concretamente India, Japón, China y demás, por ello se habla genéricamente de estas tierras como “Las Indias”.

Y el segundo punto a tomar en cuenta es que las bulas alejandrinas no se pueden reducir a un simple hecho caprichoso del Papa, por ser él de origen español, ni dar por aceptada la supuesta “división del mundo” que de ellas resulta. El asunto debe verse en un contexto más amplio, siempre conforme a la mentalidad y a los principios jurídicos de la época y teniendo en cuenta, sobre todo, que tienen el precedente textual de las bulas concedidas a los portugueses con ocasión de sus navegaciones por la costa africana.

En la próxima entrega comentaremos brevemente en qué consisten estas bulas y el alcance que tienen.

 

 

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