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El Patronato en América

Artículo 6 

  • El Patronato como institución de origen medieval busca organizarse en el “Nuevo Mundo”. 

Pbro. Fernando A. Vílchez Campos. 
Sacerdote historiador
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Las bulas alejandrinas dieron el marco jurídico a España para la posesión de las tierras “descubiertas” con la obligación conexa de su cristianización, según los principios de la época. España entiende que esa tarea implica la organización de toda una nueva estructura para conquistar y cristianizar dichos territorios -no hay que olvidar que, en los siglos XV y XVI, una cosa implica la otra-. 

Los Reyes de España reciben de la Santa Sede, según lo habían solicitado, un mandato evangelizador, y para cumplirlo obtendrán también el Patronato. ¿Cuál es el origen de esta realidad, qué responsabilidades y concesiones asume la Corona española y cómo entender el papel de la Santa Sede ante esta situación? 

El Patronato no fue una invención casuística, sino que recoge una tradición jurídica ya existente, adaptada lógicamente a las nuevas circunstancias del encuentro con el Nuevo Mundo y de la posterior obra colonizadora y cristianizadora. 

El Patronato es una institución de origen medieval, fruto de la concepción del poder teocrático del Papa, por la cual el Romano Pontífice, Vicario de Dios en la Tierra, tiene la facultad de privar de su soberanía a los príncipes cristianos que la usen para el mal y no para el bien y la de conceder al príncipe cristiano que considere más idóneo el derecho de conquistar “las tierras de infieles” pero con el deber de cristianizarlas y procurar así la salvación de sus habitantes. Esa es la visión jurídica medieval que fundamenta el Patronato. 

En aquella época, el Papa entiende que se deben cristianizar los territorios donde van llegando las coronas cristianas -concretamente España y Portugal-, pero sabe que no puede llevar adelante esta tarea con sus propios recursos, pues simplemente no los tiene -organización de las incursiones de descubrimiento, envío y sostenimiento de los misioneros, establecimiento de nuevas Diócesis, Obispos, parroquias, conventos, etc.-, y por ello, delega esa obligación en los Reyes cristianos que así se lo solicitan. El Papa concede el dominio de las tierras, pero con la obligación conexa de evangelizarlas, y para ello, con el tiempo concede el Patronato. 

Por ello, entendemos por Patronato el conjunto de obligaciones y facultades que, ante solicitud de la Corona, pero siempre por concesión de la Iglesia, los Reyes tienen para definir la erección de nuevas Diócesis, presentar los candidatos para el episcopado, organizar la fundación de parroquias, doctrinas, monasterios, conventos y otras instancias eclesiásticas y además de administrar los ingresos materiales por concepto de los diezmos que recibe la Iglesia en esas instancias -dado el costo económico que conlleva la administración de todos esos asuntos eclesiásticos-. El Patronato es en síntesis la concesión por parte de la Santa Sede a la Corona española -en este caso- de la administración todos los asuntos eclesiásticos. 

El Patronato que se otorgó a España en América tiene su antecedente y fundamento inmediato en las concesiones que realiza la Santa Sede en los siglos XIV y XV -los Papas Clemente VI (1342-1352), Nicolás V (1447-1455), Calixto III (1455-1458), Sixto IV (1471-1484) y Inocencio VIII (1484- 1492)- en relación con la tarea de conquista y de cristianización del reino de Granada y de las Islas Canarias. 

Particularmente importante fue la bula “Orthodoxae Fidei”, del 13 de diciembre de 1486, mediante la cual el Papa Inocencio VIII (1484-1492) concede a los Reyes de España el Patronato en Granada y en las Islas Canarias, con las facultades ya mencionadas. Y otras bulas del mismo Papa concede a los Reyes Católicos la administración de los diezmos de esas Iglesias. 

El modelo patronal de Granada y de las Islas Canarias fue efectivamente aplicado en América, pero no de un modo inmediato al encuentro entre España y América, sino después de varios intentos de organizar la cristianización según otros modelos. 

Según comentamos, el punto de partida para el caso americano son las bulas alejandrinas, y en este sentido del origen del Patronato, es particularmente importante la bula “Piis fidelium”, del 25 de junio de 1493, que nombra a Fray Bernardo Boil O.M. (h.1445- h.1506) como Vicario Apostólico de las Indias para su evangelización. Recogiendo el deseo de los Reyes Católicos de enviar al mencionado Vicario General de la Orden de los Mínimos a las tierras concedidas y a otros presbíteros seculares o religiosos de cualquier Orden designados por él o por los Reyes “a predicar a los naturales en las islas y tierras descubiertas”. 

Esta bula es importante para nuestro tema, en cuanto se habla de misionar “a los indios en vistas a la propagación de la religión, al aumento del culto divino, a la exaltación de la fe católica y a la salvación de las almas”, para lo cual se otorgan a Fray Bernardo amplias facultades en materia espiritual, como perdonar pecados reservados a la Santa Sede, definir nuevas Diócesis, Parroquias, monasterios, conventos y otros “lugares piadosos”, entre otras concesiones. 

Este sistema de un “Vicario Apostólico” no implica aún la concesión del Patronato, pues tiene en común con éste sólo la presentación por parte de los Reyes ante el Papa del candidato para “Vicario Apostólico” y el nombramiento efectivo del mismo por parte del Romano Pontífice, aunque no incluye todavía los demás elementos del Patronato. 

Es el primer intento de organización eclesiástica que buscó establecer la corona española con respaldo pontificio en las tierras recién descubiertas, pero que a la postre no tuvo ningún resultado. Sabemos que la misión de Fray Bernardo Boil O.M. fracasó, sólo estuvo presente durante el segundo viaje de Cristóbal Colón (entre setiembre de 1493 y 1495), junto con otro grupo de sacerdotes y religiosos de otras órdenes. Fray Bernardo tuvo fuertes diferencias con Colón y por ello, regresa a España sin lograr cumplir su misión. Los Reyes Católicos decidieron que Boil no volviera “a las Indias”, fue enviado a Roma donde permaneció varios años, luego regresó a España, de donde pasó a ser Abad de la abadía benedictina de Sant Miquel de Cuixà, en la Cataluña feudal, hoy sureste de Francia, donde murió alrededor de 1506. Por ello la Corona española buscará la efectiva concesión del Patronato, como veremos en la próxima entrega. 

 

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