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Urge diálogo social contra desempleo

Frente al Presidente de la República, representantes empresariales y los líderes sindicales, el Obispo Auxiliar de San José, Mons. Daniel Blanco denunció el 1 de mayo la urgencia de un diálogo social “efectivo y eficaz” que abra oportunidades laborales “para nuestros jóvenes y mujeres, especialmente de nuestros campos y litorales deprimidos por la pobreza”. 

Danny Solano Gómez
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“Nuestra sociedad debe reconocer el papel protagónico de la mujer trabajadora”, dijo Mons. Daniel Blanco, Obispo Auxiliar de San José, quien dedicó buena parte de su homilía para expresar la preocupación de la Iglesia sobre la tasa de desempleo en el país que alcanza ya el 12% y al crecimiento de la pobreza que llegó al 21,1% en 2018 según el INEC, los cuales -dijo el Prelado- “tienen rostro femenino”. 

Lo anterior durante la celebración de la Solemnidad de San José Obrero, llevada a cabo en la Catedral Metropolitana, el pasado 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. La ceremonia contó con la presencia del presidente de la República, Carlos Alvarado; el viceministro, Marvin Rodríguez; el ministro de Trabajo, Steven Núñez; representantes del gobierno UCCAEP, líderes sindicales y laicos de la Pastoral Social arquidiocesana.

Fundamentado con datos estadísticos, Monseñor habló sobre los indigentes, el desempleo, la pobreza, las bajas pensiones y, en particular, de los rostros de los jóvenes y mujeres que buscan un trabajo decente, “es decir, apegado al derecho laboral”.

También se refirió al trabajo como una vía de santificación y señaló a San José como la figura que, como obrero y hombre de virtud, contribuyó a santificarlo.

“Que el santo carpintero interceda ante el Señor por quienes no tienen trabajo digno y por quienes luchan desde la política por generar mejores condiciones laborales y sociales”, dijo.

Diálogo y urgencia de buscar el bien común

El obispo auxiliar llamó a la búsqueda conjunta del bien común con la participación de los diversos sectores productivos, empleadores y actores sociales, como sindicalistas, cooperativistas, empresarios, solidaristas, agricultores, laicos comprometidos en acciones de pastoral social de la Iglesia, gobernantes y otros 

Monseñor habló sobre la necesidad de construir juntos la generación de empleo, mediante “un diálogo social efectivo y eficaz, desde la dignidad humana y sin discriminación”. “Urgen oportunidades laborales para nuestros jóvenes y mujeres, especialmente de nuestros campos y litorales deprimidos por la pobreza”, agregó.

Asimismo, apeló a un diálogo social para resolver temas de gran interés en este momento como la discusión del proyecto de Ley sobre Empleo Público, la determinación integral de una canasta básica, la seguridad alimentaria ante el fenómeno climatológico de “El Niño”, el proyecto de Ley para brindar seguridad jurídica sobre la huelga y sus procedimientos, la educación dual, la solución definitiva al déficit fiscal y otros.

Mons. Blanco expuso que esos tópicos se deben tratar en el Consejo Consultivo Económico Social que el gobierno anunció a través de un decreto, (aunque sin brindar detalles de quiénes participarán y qué temas se abordarán).

El año pasado, los obispos de la Conferencia Episcopal sugirieron la creación de un Consejo Consultivo Económico para discutir temas como la reforma fiscal, que en ese momento generó enfrentamientos entre sindicatos y otros representantes de los trabajadores con el gobierno.

“¿Para qué sirve el crecimiento económico, si no mejora el bienestar de todas las personas y no resuelve el desempleo y la pobreza de muchos?”, exclamó Monseñor.

Jóvenes, mujeres, desempleo y pobreza

Monseñor denunció que, pese al incremento de personas empleadas, el desempleo aumentó un 2,7% y llegó hasta el 12%. 

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Juventudes del año 2018, 968.000 personas jóvenes, entre los 15 a 35 años, no realizaron labores remuneradas, de esa cantidad 662.000 son mujeres. Esto -mencionó- “nos hace pensar que la situación es mucho más seria para las mujeres que para los varones”. 

“Sigue siendo un reto de primer orden desterrar el “machismo” por el que las mujeres trabajadoras cargan sobre sus espaldas una doble jornada laboral, pues, además de su trabajo remunerado, muchas veces asumen solas, sin apoyo de sus parejas, las tareas de acompañamiento educativo de sus hijos y las múltiples tareas domésticas”, disertó.

Volvió a evidenciar la situación de inequidad de las mujeres, quienes presentan una tasa de ocupación 37% menor que la de los hombres. Otros datos que brindó es que el desempleo femenino es superior al masculino en un 49,5% y que las mujeres que cuenta con seguro del riesgo del Trabajo son 18,2% menos que los varones con dicha póliza.

Habló sobre empleo informal, que creció un 2,8%. Señaló que “hay casi un millón de personas en esta situación de precariedad laboral” y nuevamente observó que las mujeres tienen una tasa 16,3% mayor que la de los hombres.

En esa línea también llamó la atención de que la tasa de mujeres que no están aseguradas es mayor que la de los hombres: 30,8% frente a 49% de los de estos. 

Emparentada con los problemas de empleo está la “feminización de la pobreza”. Indicó que 25,2% de los hogares con jefatura femenina están en pobreza, frente al 18,3% de los hogares con jefatura masculina en esa situación.

Mujeres indígenas y migrantes 

Luego, Monseñor Blanco procedió a hablar sobre la situación de las mujeres de los pueblos originarios, quienes “sufren rezagos inadmisibles en materia de atención integral en salud, de seguridad alimentaria y nutricional, de vivienda, educación, infraestructura y servicios de atención prioritaria”.

“Se debe promover el respeto absoluto a la identidad cultural, exclusión de toda forma de discriminación y disfrute de sus tierras, libres de usurpadores. La violencia que han experimentado las comunidades indígenas es evitable y no puede posponerse por más tiempo”, dijo el prelado, quien calificó de heroica “la lucha de las mujeres indígenas frente a situaciones tan oprobiosas”. 

También, tuvo palabras para las mujeres migrantes, “que tanto aportan a nuestro país”. Denunció que “muchas de ellas trabajan en condiciones de explotación laboral, tanto en tareas domésticas como en plantaciones agrícolas, sin el goce de los más básicos derechos de los trabajadores”.

“Invoco la intercesión de San José Obrero, para que la paz social, el diálogo y la búsqueda del bien común sean el camino de entendimiento y solidaridad de todos los costarricenses que amamos la Patria”, concluyó Mons. Blanco. 

Presidente pone como ejemplo de diálogo el Concilio de Jerusalén

El presidente de la República, Carlos Alvarado, comparó la necesidad de diálogo social con el pasaje del Nuevo Testamento, en el cual se habla del Concilio de Jerusalén, cuando se debatía si los gentiles convertidos al cristianismo debían ser circuncidados.

“A mí nunca me ha dejado de impresionar cómo en aquella época, en el Concilio de Jerusalén, que nosotros llamaríamos una mesa de diálogo, se reunieron Pedro y los otros, y vino Pablo a dilucidar un tema central”.

De acuerdo con el mandatario, gracias a la persuasión de Pablo se llegó a un acuerdo y si no se hubiera llevado a cabo “esa mesa de diálogo”, el cristianismo no se hubiera propagado por todo el planeta, eso -según él- demuestra “lo que puede resultar del entendimiento y diálogo entre las personas”. 

Alvarado también mencionó que Pablo, con la gracia de Dios, sacó provecho de sus habilidades para convencer a los otros, de la misma manera -expresó- “nuestros talentos, nuestra voluntad, a través del amor de Dios, podemos sacar las cosas adelante”. 

Religiosas marcharon por los derechos de los migrantes

Con una pancarta que reclamaba “libertad de tránsito para los migrantes”, religiosas Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia marcharon el 1 de mayo. 

“Marchamos por los derechos de los migrantes, en nuestra casa de formación la mayoría de las hermanas somos migrantes, por eso estamos marchando, el migrante es un aporte para el país”, comentó Gabriela Silva, religiosa venezolana.

Las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia tienen diversos apostolados en el país, en sus casas atienden a niñas, brindan apoyo a personas en situación de calle y a migrantes, entre otros.

 

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