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Tesoros de Santidad

  • Reliquias de Santos

A propósito de la Solemnidad de todos los Santos y de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, es importante tener conciencia del sentido de la veneración de las reliquias de los santos y el testimonio de vida cristiana que representan. Como las tienen otras parroquias en nuestro país, el Santuario Diocesano de Cot, en Cartago, resguarda un verdadero tesoro de santidad que pocos conocen.

Danny Solano Gómez
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Reliquias de los tres pastorcillos de Fátima: Lucía, Francisco y Jacinta; del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney; de San Juan Bosco, la Madre Teresa de Calcuta, San Vicente de Paul, y muchas más forman parte del Gran Relicario del Santuario Diocesano de San Antonio de Padua, en Cot de Cartago.

El templo resguarda un total de 67 reliquias de santos y beatos, incluyendo la de su patrón San Antonio. Todas están en exposición permanente para veneración de los fieles que visitan el lugar. 

De acuerdo con el rector, Pbro. Luis Enrique López, se trata de un tesoro único en Costa Rica, pues no hay otra parroquia en el país que posea tantas reliquias expuestas a los fieles. 

El relicario de madera está colocado en uno de los muros del templo. El rector informó que próximamente esperan colocar unas placas para que los fieles puedan identificar con mayor facilidad a quién pertenece cada una.

Casi todas son reliquias de primer grado, básicamente se trata de cabellos (ex capellis) y hueso (ex ossibus). Cada una tiene su respectivo certificado de autenticidad.

“Todos dieron razones de su fe”

El Pbro. López recordó que los santos son personas que se fueron perfeccionando en su vida cristiana y en la apertura a la gracia, y que todos los bautizados están llamados a ser santos. 

“Es el testimonio de la gran riqueza de la Iglesia, todos ellos dieron razones de la fe a través de sus obras, permitieron que la gracia llegara a plenitud para alcanzar la santidad”, comentó.

El sacerdote habló sobre la riqueza del relicario, pues se hallan en él reliquias de santos insignes de diferentes vocaciones como obispos, presbíteros, religiosos, religiosas, vírgenes consagradas, laicos y hasta un Papa, Pío X.

Desde niños hasta ancianos, hombres y mujeres de diferentes épocas y estratos sociales, intelectuales, místicos… están presentes. 

Hay mártires como San Vicente de Huesca, torturado y asesinado durante la persecución de cristianos en el año 304; Santa María Goretti, quien defendió su pureza ante un intento de violación en 1902 cuando apenas tenía 11 años.

Se puede apreciar una de Santa Rita de Casia, la viuda y religiosa que recibió un estigma divino: la marca de la corona de espinas, y cuyo cuerpo incorrupto se conserva en la Basílica de Santa Rita en Italia.

Otra reliquia que custodia la parroquia perteneció a Santa Teresita del Niño Jesús, carmelita descalza y doctora de la Iglesia Católica, a quien precisamente el Papa Juan Pablo II le concedió el título de Doctora del Amor.

Se encuentra la mística Santa Catalina Labouré, vidente y promotora de la Medalla Milagrosa, tras atender un pedido de la Virgen María. Una medalla que llevan muchos católicos y no católicos.

También San Pedro de San José de Betancur, fundador de los betlemitas y del primer hospital de convalecientes y de la primera escuela popular para niños y adultos, sin importar raza y sexo, en la América Hispana del Siglo XVII.

Está además una reliquia de la beata tico nicaragüense Sor María Romero, quien desarrolló una importante labor misionera en Costa Rica y cuyas obras sociales se mantienen en la actualidad, principalmente en la Casa de la Virgen, en Barrio Don Bosco en San José.

El patrono de los poetas de lengua española, San Juan de la Cruz; el patrono de los estudiantes y monaguillos, Santo Domingo Savio, uno de los santos más jóvenes de la Iglesia; el Padre José Robles María Hurtado, mártir de la Guerra Cristera en México y poseedor de una notable intelectualidad, también están presentes.

La reliquia de San Antonio de Padua fue la primera en llegar al Santuario, tiene un relicario aparte al lado izquierdo del altar, al pie de la imagen del Santo.

Fue gestionada por Mons. José Francisco Ulloa Rojas, obispo emérito de Cartago. Se entregó el día de la consagración del altar el 18 de noviembre de 2011. Ese día la parroquia se erigió como Santuario Diocesano.

El padre Luis Enrique López detalló que consiste en una partícula de su piel y expresó que se trata de un santo muy venerado no solo en Cot, sino en toda la Diócesis de Cartago. 

Usualmente se bendice con la reliquia a los fieles durante la novena y Solemnidad en el mes de junio.

Este santo franciscano era conocido por su don para predicar y de bilocación, muchos acuden a él para que interceda por un milagro. Se le invoca para encontrar objetos extraviados, y es patrono de quienes buscan pareja y de los celíacos.

¿Cómo llegó este tesoro a Cot?

El Pbro. Adrián Calvo, ex rector del Santuario, fue quien donó las reliquias que están en el Gran Relicario. “Pensé que sería egoísta conservarlas solamente yo, así que decidí donarlas”, dijo. 

“Me puse a pensar que en muchos santuarios, catedrales y basílicas del mundo, existen capillas o lugares especiales para las reliquias de los santos, y si la Iglesia Parroquial de Cot era un Santuario, cómo no iba a tener este privilegio”, contó.

Con ayuda del artista Luis Amador, confeccionó en madera de cedro amargo el gran relicario, “un patrimonio espiritual no solo para el pueblo de Cot sino para la Diócesis de Cartago y todos cuantos lo visiten”.

El Padre Calvo explicó que obtuvo las reliquias a lo largo de los años, a través de las respectivas postulaciones, de monasterios y de algunos sacerdotes. “Con gusto las he donado a la Diócesis de Cartago para ser custodiadas a perpetuidad en el Santuario de Cot”, dijo. 

El sacerdote expone que en el relicario se encuentran varias reliquias de santos cartujos que pertenecieron a Monseñor Carlos Humberto Rodríguez Quirós, IV Arzobispo de San José, estas  llegaron a él de manos del Padre Juan Bautista Quirós, quien fue secretario del prelado. 

De esas, hay una que no está en Cot. El Padre Calvo decidió donar una de San Bruno a la Parroquia dedicada a este santo en Colima de Tibás, donde se venera desde hace cuatro años.

En el gran relicario se pueden observar en la parte superior tres tecas de filigrana y coral rojo, de San Pío X, San Alfonso María de Ligorio y de San Juan María Vianney. Estas pertenecieron a Monseñor Alfonso Coto Monge, Vicario Apostólico de Limón. 

“Mons. Coto me las dio personalmente siendo yo seminarista. Me dijo que eran cuatro relicarios que obtuvo en la Congregación para las Causas de los Santos”, especificó.

Otro detalle curioso está relacionado con la reliquia de “una futura santa”, por ahora, sierva de Dios: Sor María Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón, vidente de Nuestra Señora de Fátima.

 “Este crucifijo me lo regalo en Fátima, la misma sobrina de sor Lucía. Ella se lo dio a su mamá antes de marcharse como monja Dorotea a Oporto. El crucifijo de sor Lucía se encuentra en el Gran Relicario junto a las reliquias de los pastorcitos de Fátima”.

La veneración de las reliquias

Las reliquias son partes de cuerpo u objetos relacionados a una persona considerada santa. El Padre Adrián Calvo, explica que la Iglesia desde sus inicios ha defendido la veneración de reliquias.

Incluso en el Antiguo Testamento se mencionan algunos hechos relacionados con ellas. Eliseo recibe de Elías el manto con el que ocurren hechos milagrosos (II Reyes 2, 9-14), y un hombre que había muerto resucita al tocar los huesos de Eliseo (II Reyes 13,21).

En el Nuevo Testamento, una mujer se sana al tocar el manto de Jesús (Marcos 5:27-29). En Hechos 19,11 también se menciona que Dios obraba a través de Pablo, de forma que los pañuelos o mandiles que utilizaba el apóstol servían para curar a los enfermos.

Un artículo de Aleteia, expone que “aunque la Iglesia anima a la veneración de reliquias, es importante recordar que no es el objeto en sí el que ejerce la curación. Un trozo de hueso no puede curar a una persona con cáncer terminal”. 

“Sin embargo, Dios puede utilizar una reliquia de un santo para curar, de la misma forma que utilizó su manto para curar a la mujer con hemorragia. La reliquia es un instrumento del poder milagroso de Dios”.

El Directorio sobre piedad popular expone que “el Concilio Vaticano II recuerda que, de acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas”.

Además, menciona que “las diversas formas de devoción popular como el beso de las reliquias, adorno con luces y flores, bendición impartida con las mismas, sacarlas en procesión, sin excluir la costumbre de llevarlas a los enfermos para confortarles y dar más valor a sus súplicas para obtener la curación, se deben realizar con gran dignidad y por un auténtico impulso de fe”.

Las reliquias pueden ser de tres grados:

Primer grado: El cuerpo completo o un fragmento de los restos físicos de un santo. Por ejemplo, un trozo de hueso, sangre o cabello.

Segundo grado: Un fragmento de su ropa o de algo que el santo utilizaba (un rosario, una Biblia, un crucifijo, etc.). También pueden ser objetos asociados con el sufrimiento de un mártir.

Tercer grado: Cualquier objeto que haya tocado a una reliquia de primer grado o a la tumba de un santo.

 

 

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