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Marisa ejemplo para la juventud

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  • Se cumplen 65 años del fallecimiento de la Sierva de Dios
  • Se contempla recibir testimonios hasta diciembre del presente año de quienes hayan conocido a la Niña Marisa o hayan recibido favores atribuidos a su intercesión.

Danny Solano Gómez
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Una de sus compañeras del Colegio María Auxiliadora, en Heredia, recordó cuando una vez un profesor les habló sobre la beata Laura Vicuña, quien ofreció su vida por la conversión de su madre. 

Relató que entonces Marisa preguntó si ella también podía hacer lo mismo. Al parecer el sacerdote le respondió que eso solo podría ser algo entre Dios y ella.

Así se desprende de los testimonios recabados por quienes están a cargo del proceso de canonización de María Isabel Acuña Arias, conocida como la Niña Marisa. 

Días después de aquella charla se intensificaron los síntomas que llevaron al diagnóstico del tumor cerebral que provocó su fallecimiento a la corta edad de 13 años. 

“Su padre, aunque fue un hombre bueno y recto, se había alejado de la fe católica, a Marisa esto le dolía mucho, por lo que ofreció su enfermedad y sus dolores por la conversión de su padre”, detalló el Padre Alejandro Jiménez, postulador de la causa. 

Este 15 de agosto se cumplen 65 años del fallecimiento de la Niña Marisa. Según se cuenta, ella escuchó que la Virgen Santísima le dijo que la llevaría al cielo en una festividad mariana. Este día precisamente la Iglesia conmemora la Solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora.

Avance de la causa de canonización

Desde marzo del año pasado, cuando se anunció el inicio del proceso de canonización, un Tribunal Arquidiocesano designado se ha dedicado a recibir testimonios de personas que conocieron en vida a la Sierva de Dios (llamados testigos ad visu) y de aquellos quienes conocieron la devoción y tuvieron una experiencia de fe (testigos auditu).

En este momento el proceso de instrucción se encuentra en etapa conclusiva. Se informa que quien desee compartir su experiencia de fe relacionada con María Isabel tiene tiempo hasta diciembre de este año para ponerse en contacto con el Departamento de la Causa de Canonización de la “Niña Marisa” (ver recuadro adjunto).

Una vez recopilada la información, esta se enviará a la Santa Sede para que allá evalúen el caso y definan si se pasa a la siguiente etapa, la cual correspondería a declarar a Marisa como venerable, lo que permitiría una mayor expresión de devoción de manera pública. Luego de esto podría darse su posible beatificación y eventualmente su canonización, momento en que sería destinataria de culto público por parte de la Iglesia.

El Padre  Alejandro comentó que han llegado desde familiares, compañeras del colegio de María Isabel y personas que la conocieron. También testigos que afirman haber recibido favores o milagros, a través de su intercesión.

“Hay testimonios de personas que han recibido gracias desde hace más de 40 años y otros recientemente, mujeres que no podían quedar embarazadas, casos en que no había posibilidad de embarazo, personas que han sufrido un accidente muy grave de tránsito donde los médicos no daban esperanza”, declaró el Padre Erick Fallas, colaborador en el proceso de instrucción de la Causa.   

Y agregó: “Hay una fama de santidad que no se puede negar (…) A título personal yo no dudo que esté en el cielo. Personalmente, yo invoco su intercesión”.

Trabajó por su vestido de Primera Comunión

De acuerdo con quienes siguen la causa, las declaraciones hacen referencia a una devoción, una piedad y una caridad fuera de lo común desde muy temprana edad. 

La comunión, la adoración al Santísimo y el Rezo del Rosario eran actividades cotidianas en su vida y que realizaba con mucha alegría, según comentó el Padre Fallas, quien detalló que la chica incluso tenía un altarcito en su casa dedicado a la Virgen.

Se cuenta, por ejemplo, que Marisa decidió trabajar en la panadería de un familiar con la idea de juntar dinero para su vestido de Primera Comunión. Cabe recordar que entonces su padre estaba alejado de la Iglesia e incluso no asistió a la ceremonia.

Pero la anécdota no queda ahí, ella se da cuenta que una de sus compañeras de clase tampoco tenía dinero para comprar un vestido, así que Marisa decidió dividir el dinero para poder comprar dos.

El Padre Alejandro, basado en los testimonios, describe a la joven como una chica normal y a la vez extraordinaria, que solía participar en actividades de la escuela, amante de Dios y de su Iglesia, muy alegre, que no perdió su buen humor durante su dolorosa enfermedad, así como obediente y respetuosa con sus padres.

El sacerdote destaca esa fidelidad a la Iglesia y los valores alrededor de la vida de María Isabel, lo cuales interpelan a la familia y a los jóvenes de hoy.

El sacerdote postulador expone que la figura de esta adolescente resulta muy valiosa “en un momento en el cual la juventud necesita tener una fe profunda para hacer frente al mundo de hoy que quiere arrastrar a formas de vivir contrarias al evangelio”.

“Saber llevar la cruz del sufrimiento y unirse a Cristo, ofrecer aquello con esa intención  tan especial impacta muchísimo (…) Fue una muchacha que se dejó ayudar, dócil a la voz de Dios, que se dejó aconsejar por Fray Ángel, sacerdote dominico que la asistió en su enfermedad”, expresó el colaborador en el proceso.

¿Por qué tardó en abrirse el proceso?

Fray Ángel fue director espiritual de Marisa, la acompañó cuando ella estuvo internada en el Hospital Policlínico (después Calderón Guardia). Él se convirtió en promotor de la devoción y buscó inicialmente que se abriera el proceso de canonización. 

De acuerdo con el Padre Erick, este fraile fue testigo de la manera como ella ofrece su vida por la conversión de su padre.

Si bien prácticamente desde el fallecimiento de María Isabel a los 13 años ya se hablaba de sus rasgos de santidad y se generó una devoción entorno a su figura, hasta el año pasado oficialmente se inició el proceso de la causa canónica de Beatificación. 

Aunque no está del todo claro por qué ocurrió así, de acuerdo con el Padre Alejandro lo que pudo haber ocurrido es que existía un desconocimiento canónico de cómo llevar a cabo el procedimiento. 

Se sabe que Mons. Rubén Odio, Arzobispo de San José (1952-1959), quiso hacer la apertura de la causa, y autorizó el inicio de la difusión de la devoción, pero tras su repentino fallecimiento con 58 años de edad no se retomó la propuesta, hasta que Mons. José Rafael Quirós decidió que la Arquidiócesis abriera la causa.

El postulador destaca que la devoción entorno a esta joven se ha mantenido firme durante 65 años de manera sana, es decir “muy limpia de supersticiones y tergiversaciones”.

Familiares agradecen apertura del proceso

María de los Ángeles Arias es prima de Marisa y catequista. A sus 72 años recuerda cuando muy pequeña iba con su padre a visitarla mientras estuvo enferma y en cama. Con gracia rememora aquella vez que su papá le cargaba el salveque; María Isabel, que ya estaba ciega se lo pidió a su tío y se lo dio a ella diciéndole en broma: “Tómelo, no sea vagabunda, llévelo usted”. 

Arias señala que se trata de una familia muy espiritual y llena de Dios. Agradece que el proceso siga adelante y afirma que constantemente escucha de personas que recibieron algún favor. 

“Ojalá pueda llegar a los altares algún día, quizá no estemos aquí para verlo, pero ojalá suceda para que sirva de ejemplo a todos los jóvenes en este tiempo que pueden estar tan confundidos (…) el testimonio de una jovencita como ella es muy importante en esta época”, comentó.

¿Tiene un testimonio que quisiera compartir?

Si usted tiene un testimonio relacionado con la “Niña Marisa, la conoció en vida o recibió un favor atribuido a su intercesión, puede ponerse en contacto con el departamento encargado de la causa de canonización, ubicado en las oficinas del Tribunal Eclesiástico en la Conferencia Episcopal de Costa Rica, calle 22, avenidas 3 y 5, Barrio México.

También puede llamar al: 2221 3053. enviar un correo a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. o a través del apartado postal 10679 – 1000 San José, Costa Rica.

Se solicita brindar su nombre completo, número de cédula,  dirección, correo electrónico y número de teléfono.

Donaciones para apoyar la causa de Beatificación a la Cuenta BNCR 

# 100-01-202-000922-0 / IBAN

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