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Iglesia con “olor a oveja” entre las montañas

La cuarta visita de Monseñor Javier Román, Obispo de Limón, a las comunidades indígenas de Bley-Telire, refleja la acción social y evangelizadora de la Iglesia hacia quienes más necesitan. 

Sofía Solano Gómez
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“Me dormí”, dijo Mons. Javier Román luego de menos de cinco minutos en que permaneció acostado entre tierra y hojas en las montañas de Talamanca. Fue una pausa muy breve, mínima para tomar aire después de largas horas de caminata, pero él lo percibió como un descanso mucho mayor. 

Su fuerza y voluntad para y por los indígenas es más grande que su propia capacidad física. Del lunes 22 al jueves 25 de abril, el obispo limonense realizó su cuarta gira a la zona indígena, esta vez en las comunidades de Bley-Telire. 

En pos de este objetivo, subió peñas y cuestas, bajó, cruzó ríos y cayó en seis ocasiones, la primera de estas entre las piedras de un río, empezando la gira y se levantó, siempre con entusiasmo y determinación para continuar.

En Alto Cohen, Alto Blake Norte y Sur lo esperaban pobladores indígenas para escuchar la Palabra de Dios. Niños, jóvenes y adultos reciben a Monseñor entre asombro y esperanza porque además de ser un sustento, una oportunidad para abastecerse de comida y ropa, gracias a las donaciones que recibe, es quien lleva el Evangelio a territorio indígena.

El primer día, en Rancho Solo (Bellavista) entregó 110 diarios para las familias de Alto Bley, Bley Norte y Sur; y las comunidades de Cartago y Rangañal, con la gratitud de sus donaciones, en parroquias y la Renovación Espiritual Católica de la diócesis.

Diarios de bendición 

En los cuatro días de gira, sólo de Alto Cohen a Alto Bley Norte, el prelado junto a sus acompañantes caminaron 10 horas, de ahí a Alto Bley Sur tres horas y de este último a Alto Cohen ocho horas más.

Junto a él recorrieron el trayecto el seminarista Jairo Agustín Miranda, el Padre Rogelio Villalobos, el joven Diego Madrigal, el colaborador Enrique Sánchez y quien firma esta nota.

Fueron más de 20 horas en que los pasos estrechos y guindos jamás han sido obstáculo para llevar un diario a los indígenas, a quienes difícilmente se les escapa una sonrisa. Sus rostros sólo son un reflejo de la necesidad, la tristeza y el duro trabajo de campo.

El lunes 22 de abril, cuando Monseñor hizo la entrega de los alimentos y la ropa, los pobladores se aglomeraron en la entrada de Bella Vista, ahí agrupados por comunidades lo esperaron a las dos de la tarde.                                                                                       

Cinco varones, entre ellos el Pbro. Rogelio, se encargaron de distribuir los paquetes, así como la ropa que los indígenas se repartieron ahí mismo.

Luego, Monseñor realizó un Vía Lucís en la capilla de las Hermanas de la Caridad en Alto Cohen, allí un numeroso grupo de niños escuchó el mensaje del obispo limonense “No pierdan la fe, Cristo vive”.

A los pobladores se les cedió una candela que fue encendida con la luz del Cirio Pascual como signo de que Cristo ha resucitado. Ya en la noche y con las velas encendidas, cada estación del Vía Lucís se oró en un punto distinto del lugar.

El 24 de abril, durante de la misa de las 11 de la mañana el Pastor diocesano bautizó a dos niños en Bley Norte, mientras que a las cuatro de la tarde ofició el sacramento a otros cuatro niños, en Bley Sur.

“Con alegría celebraron el nacimiento de estos niños, ahora celebramos el bautismo como signo de un segundo nacimiento, que los hará hijos de Dios; con el premio de la salvación” dijo el Pbro. Villalobos.

Monseñor resintió no poder subir a Alto Bley donde también lo esperaban, sin embargo, el cansancio y las fuerzas no daban, por ello encargó don Célimo Reyes, uno de los guías, llevar el mensaje de que no llegaría esta vez. 

Treinta años como guía

Célimo Reyes es el enlace de los visitantes con las comunidades talamanqueñas, al menos así lo ha sido con Monseñor y otros pastores que se han acercado hasta la zona indígena.

A sus 67 años de edad camina por los estrechos caminos y cruza ríos por el sustento de su familia, tiene siete hijos por quienes velar.

Perdió su brazo derecho hace 11 años, desconoce qué le sucedió, pero recuerda que esa vez se estaba pasando de casa y después de cruzar el río sintió un hormigueo. Era ya muy tarde, las 5:00 p.m. y su compadre Rosendo le dijo que no se arriesgara a continuar el camino. 

“Quedé tieso, no me podía sentar ni nada, no podía caminar”, rememoró, sólo sabe que en la claridad del día siguiente se percató de que su brazo “estaba muerto”, según dijo y llamaron un helicóptero, pero este llegó 15 días después. 

Con el brazo necrosado fue trasladado al hospital donde se lo amputaron. Muy posiblemente una serpiente lo mordió.

Más recientemente, se macheteó los dedos de su mano izquierda, estaba chapeando para preparar el terreno y sembrar frijoles, cuando de repente el cuchillo le revotó en sus dedos y perdió la movilidad en tres de ellos. 

A pesar de ello, no niega el esfuerzo para obtener qué comer. Toda su vida la dedicó a la agricultura, sembró maíz, frijoles, yuca, plátano, banano y café. Ahora sin el apoyo de sus brazos, se dedica a ayudar en la casa y a chapear las fincas. En una hora de trabajo se gana mil colones.

Va a Limón una vez al mes, retira su pensión, trae alimentos para los animales, abono para las siembras y comida para su hogar. 

Por 30 años trabajó con los recordados padres vicentinos Bernardo y Bernardito, lo hace “para acompañarlos” en sus giras como guía, él busca a alrededor de siete peones que les ayuden a cargar las pertenencias y bolsos de los sacerdotes, quienes, al no estar acostumbrados a caminar sobre montaña, tardan hasta el doble o triple de horas. 

Con Mons. Javier ha hecho cuatro viajes, dice que le tiene mucho cariño, además de que les transmite la fe católica, misma que mantienen “para vivir”, según aseguró.

Indígena amante de la música litúrgica

En Arrocera, Talamanca, vive una joven apasionada del canto y la música litúrgica. Se trata de Celina Rodríguez, quien así lo demostró en la gira que hizo Mons. Román.

Ella estuvo presente en las celebraciones que realizó el obispo y con libro en mano y hasta sin él, cantó acompañada de otros jóvenes, quienes conformaron un improvisado coro.

Celina contó que tenía como seis años de no ir a Alto Bley y decidió ir para asistir al Prelado y a sus acompañantes, sin embargo, al llegar aseguró que volverá hasta dentro de unos 10 años, “estoy muy cansada, me duelen mucho las piernas, ya no puedo caminar más”, dijo.

Aún faltaba el regreso y se preguntaba cómo sacaría las fuerzas para llegar a su casa, donde la esperaban sus hijas, una de 14 años de edad, otra de 10 y sus gemelas de dos años.

Su esposo murió hace seis meses, la causa es desconocida, según ella era una enfermedad que le producía vomitar sangre, así que su fuente económica es una beca de 27 mil colones.

Con ese dinero sale a comprar a Limón una vez al mes o cada dos meses, dependiendo de lo que le alcance y de cuánto pueda comprar para vivir. Conoce de Limón porque ha ido a pasear “para conocer” contó, pero no sabe qué es ir la playa, pues nunca ha ido.

Maestro: “El gobierno no vela por los indígenas”

Vidal Fernández es maestro de más de 200 niños. Desde hace 24 años trabaja como educador, labor que disfruta este vecino de Jabuy.

Hoy da clases en Alto Cohen y en Bajo Bley Norte, comunidades alejadas entre sí, por lo que cada lunes baja o sube. Entre caminar se lleva unas cuatro horas a su ritmo.

En sus lecciones enseña cabécar, da dos lecciones por grado académico, un grado cada día. “Lo que más me gusta es enseñar a escribir, también enseño artesanía”, contó el maestro, quien hace canastos con bejucos.

Asegura que a los niños les gusta asistir a la escuela, “es una obligación enseñarles a escribir, hay comunidades que están perdiendo el idioma, ya no saben leer ni escribir, solo hablan español”, dijo.

Sobre las visitas de Monseñor concuerda con que a la gente le gusta que la visiten, “yo solo veo a Monseñor, no viene nadie más. También vienen de la Caja del Seguro Social, de vez en cuando.” “El Gobierno tiene abandonados estos pueblos, para ellos aquí no existe, no hay ayudas, no hacen bien los proyectos, no velan por los indígenas, más que todo en derechos”, opinó Vidal.

El maestro dice que la situación es tan difícil que la fuente de ingreso principal es el cultivo y la venta de droga, de donde los pobladores obtienen dinero y comida.

 

 

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