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El amor lo vence todo

El consumismo desfigura el amor, lo instrumentaliza, degrada y pervierte. Por el contrario, el amor verdadero trasciende, eleva, purifica y permite superar cualquier adversidad. De ello dan testimonio Tony y Cristina quienes, como otros matrimonios, encuentran en Dios la fuerza y la alegría para seguir adelante cada día.

Laura Ávila Chacón
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Cada febrero, una avalancha consumista usa el amor para sus fines comerciales. La palabra se repite tanto que termina vaciada de sentido, herida, mancillada...

¿Qué es el verdadero amor?, ¿dónde se encuentra?, ¿realmente puede ser para siempre? Son preguntas válidas que no siempre tienen una respuesta fácil y se comprenden mejor cuando la vida misma las contesta.

Tony Gazel y Cristina Joseph tienen 30 años de matrimonio y tres hijas: Viviana, Paula y Lucía. Su hogar refleja la fe que los une y el amor que ha hecho posible que, tres décadas y muchas vivencias después, su amor siga intacto, fuerte y seguro como el primer día.

Todo empezó con una propuesta en tono de broma: en el pretil de la UCR Tony le dijo a Cristina que si se quería casar con él y tener 8 hijos. Ella solo lo miró y se quedó pensando. Como Cristina estudiaba fuera del país, Tony pensó que aquello no iría muy lejos, pero al año siguiente ella volvió, salieron un par de veces y ahí comenzó todo.

Ambos son administradores de negocios, se casaron el 5 de agosto de 1989 y coinciden en que los mejores momentos de estos años han sido sin duda el nacimiento de sus hijas, vivir juntos el proceso de embarazo, el parto y la crianza. “Fue complicado pero aprendimos a puro golpe”, resume Tony mientras su esposa lo mira sonriente asintiendo cada palabra.

Entonces, la pareja recibe de uno de los pediatras que veía a su tercera hija la invitación que cambiaría para siempre sus vidas: un Cursillo de Cristiandad, tras el cual comienzan a desarrollar apostolados, el primero que nunca olvidarán fue el servicio en un hogar de niños cuyas madres están privadas de libertad.

“Esa fue nuestra primera universidad teológica”, resume Tony. Luego vino otra movida del Espíritu que los condujo hasta el Movimiento de Schoenstatt, donde desarrollaron un profundo amor a la Madre de Dios, al tiempo que el Padre José Moschetta, misionero comboniano, los orientó en su camino espiritual mediante un retiro para matrimonios.

Aquella experiencia fue tan intensa que Tony la quiso condensar en una canción. Gustó tanto que empezó a producir música religiosa y a formarse en el Instituto Costarricense de Teología Pastoral, Incotep, donde tuvo herramientas para estudiar y dar charlas.

Conozca la historia completa en la edición impresa de Eco Católico.

 

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