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Cuidar de mí, para poder cuidar a los demás

  • Asumir la responsabilidad de uno mismo en el autocuidado es esencial para prevenir el Síndrome de Burnout (trabajador quemado), el cual sufren con más frecuencia quienes laboran cuidando o atendiendo a otras personas.

Ma. Estela Monterrosa S.
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El estrés laboral es uno de los principales problemas para la salud de los trabajadores y puede convertirse en un verdadero problema para quien lo sufre y para la institución o empresa para la que trabaja.

El estrés laboral puede producirse en situaciones laborales diversas, pero a menudo se agrava cuando el empleado siente que no recibe suficiente apoyo de sus supervisores o colegas y cuando tiene un control limitado sobre su trabajo o la forma en que puede hacer frente a las exigencias y presiones laborales, de acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud, OMS.

Precisamente, la OMS cambió la categoría del Síndrome de Burnout (trabajador quemado) para la próxima Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), calificándolo como un problema asociado al empleo o al desempleo. 

Este trastorno está en la edición vigente del catálogo, pero en otro epígrafe (problemas relacionados con dificultad en el control de la vida). Se espera que el cambio dé visibilidad a la dolencia y facilite la gestión de incapacidades. La nueva clasificación entrará en vigor en el año 2022.

Anteriormente, el Síndrome de Burnout se asociaba sólo con los trabajadores que cuidan o atienden a otras personas como médicos, educadores, cuidadores, sacerdotes, entre otros. Pero hoy en día, se ha detectado que en realidad lo sufren trabajadores de distintas áreas.

Por ejemplo, la Encuesta de Trabajo y Bienestar del 2018 de la Asociación Americana de Psicología APA, por sus siglas en inglés, indicaba que el 16% de los trabajadores estadounidenses dijo que los problemas de salud mental, como la depresión o la ansiedad, les impedían alcanzar sus metas en el trabajo.

Asimismo, más de un tercio de los trabajadores estadounidenses (35%) reportó experimentar estrés crónico laboral y menos de la mitad dijo que su empleador proporciona recursos suficientes para ayudar a los empleados a manejar su estrés.

Qué es y por qué ocurre

Según la OMS, el estrés es el resultado del desequilibrio entre las exigencias y presiones a las que se enfrenta el individuo, por un lado, y sus conocimientos y capacidades, por otro. El estrés pone a prueba la capacidad del individuo para afrontar su actividad, no solo incluye situaciones en que la presión laboral excede la capacidad del trabajador para hacerle frente, sino también los casos en que no se utilizan suficientemente sus conocimientos y capacidades, lo que supone un problema para el trabajador.

Se parte de que un trabajo saludable es aquel donde la presión sobre el empleado se corresponde con sus capacidades y recursos, el grado de control que ejerce sobre su actividad y el apoyo que recibe de las personas que son importantes para él.

En este sentido, una mala organización del trabajo, es decir, el modo en que se definen los puestos y los sistemas de trabajo y la manera en que se gestionan, puede provocar exceso de exigencias y presiones o la dificultad para controlarlas por parte del trabajador.

Del mismo modo, estas circunstancias pueden hacer que el trabajador no reciba suficiente apoyo de los demás, o no tenga suficiente control sobre su actividad y las presiones que conlleva.

Según la OMS, las investigaciones muestran que el tipo de trabajo que produce más estrés es aquel en que las exigencias y presiones superan los conocimientos y capacidades del trabajador, hay pocas oportunidades de tomar decisiones o ejercer control, y el apoyo que se recibe de los demás es escaso.

De acuerdo con la psicóloga Jenny Zúñiga, el estrés es necesario porque es una forma de reaccionar y alcanzar metas, sin embargo, es muy diferente cuando se habla del Síndrome de Burnout porque implica que la persona sufre un desgaste.

Agregó que el síndrome se caracteriza por cuatro síntomas: reacciones físicas, esfuerzos emocionales, agotamiento emocional y despersonalización. “Una cosa es sentir estrés y otra estar irritable y necesitar un mayor esfuerzo del que estaba acostumbrado a dar para hacer el trabajo”.

En su opinión, la responsabilidad de prevenir o enfrentar el burnout es personal. “Nosotros debemos ser responsables de nuestra salud mental”, afirmó.

Y es que en cuando una persona sufre este síndrome ya no quiere ir al trabajo, empieza a sufrir insomnio y ansiedad, no siente realización personal, puede sentir culpa, está agotada emocionalmente tanto que evita el contacto social, tiene pensamientos negativos y, si la situación persiste, incluso puede caer en depresión.

Indicó que el agotamiento físico y emocional son diferentes, en el segundo caso las personas emplean tantos recursos y tanta energía para seguir en su trabajo que están permanentemente agotadas, no dan resultado pequeños descansos ni vacaciones.

Para ella, los trabajadores pueden detectar si están experimentado el síndrome de burnout, aunque generalmente requerirán ayuda profesional para superarlo, dijo, en especial si son personas codependientes.

Prevenir es esencial

Como en cualquier afección de la salud, ante el Síndrome de Burnout lo mejor es prevenir. De acuerdo con Zúñiga, para prevenirlo es esencial “sacar tiempo para uno mismo, desconectarse de los demás, apagar las redes sociales, cuidar la alimentación y descubrir fuentes de fuerza como recreación o meditación”, dijo.

Para Zúñiga, es necesario que las personas atiendan los signos de agotamiento que les da su cuerpo “aquí y ahora”. “Cuidar el amor propio y cuidar el cuerpo cuando pide auxilio”.

Es este sentido, es importante que las personas revisen dónde les cuesta poner límites, que comuniquen el enojo y aprendan a delegar.

Asimismo, indicó que, si los trabajadores no asumen la responsabilidad de autocuidado, las iniciativas de las empresas para prevenir el “burnout” podrían no tener el efecto deseado, pero siguen siendo importantes.

“En ese sentido, las empresas pueden ayudar preguntando a sus empleados que los desestresa; promover el deporte y la recreación; si es posible, generar espacios de meditación y espiritualidad, brindar charlas de autoestima y organización del tiempo”, comentó.

Sacerdotes y agentes de pastoral en grupo de riesgo

El Síndrome de Burnout es más común en las personas que trabajan cuidando o ayudando a los demás, por lo que los sacerdotes e incluso algunos servidores de la Iglesia son propensos a sufrirlo.

Zúñiga es laica comprometida, tiene 20 años de servicio en la Iglesia y afirmó que es importante que todos los agentes de pastoral, empezando por el clero, revisen ciertos aspectos de su vida para prevenir el síndrome y entender cómo está su propia vida en temas de codependencia. Para esto pueden reflexionar contestando las siguientes preguntas:

¿Mi prioridad es rescatar a los demás antes que mi propia vida?

¿Me quejo de que ayudo, pero no me ayudan?

¿Tengo capacidad de delegar tareas?

¿Busco aceptación y aprobación a través de mi servicio?

¿Cómo está mi autoestima?

¿Para qué hago esto? ¿lo disfruto?

Agregó que, para los colaboradores de la Iglesia, al igual que los trabajadores y cuidadores, es importante buscar el equilibrio y cuidar la salud mental y espiritual.

“Es necesario poner límites, aprender a decir no y revisar cómo está organizada mi vida respecto a mi relación con Dios, conmigo mismo, con la familia; si tengo espacios de recreación, estudio, trabajo y descanso”.

Asimismo, destacó que las personas se pueden dar un tiempo fuera y eso significa defender el tiempo para sí mismos y dedicar ese tiempo a actividades que le permitan recuperar fuerzas.

“Jesús nos fue dando un orden “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y amarás al prójimo como a ti mismo”, enfatizó, por eso uno no puede desentenderse de uno mismo, dijo.

En el caso de las personas creyentes la vida espiritual es muy importante. “Rezar el Rosario es una fortaleza, relaja y da paz en casos de ansiedad”, afirmó.

El estrés entre sacerdotes y consagrados

Una investigación realizada en 2008 por la organización Isma Brasil, dedicada a estudiar y tratar el estrés, encontró que de 1.600 sacerdotes y monjas entrevistados 448 (el 28%) se consideraban “emocionalmente exhaustos “, un porcentaje superior al de los policías (26%), los ejecutivos (20%) y los conductores de autobús (15%).

Cuando está sometido a estrés laboral, la persona puede:

Estar cada vez más angustiado e irritable

Ser incapaz de relajarse o concentrarse

Tener dificultades para pensar con lógica y tomar decisiones

Disfrutar cada vez menos de su trabajo y sentirse cada vez menos comprometido con este

Sentirse cansado, deprimido e intranquilo

Tener dificultades para dormir

Sufrir problemas físicos graves como: cardiopatías, trastornos digestivos, aumento de la tensión arterial y dolor de cabeza, trastornos músculo-esqueléticos (como lumbalgias y trastornos de los miembros superiores).

Fuente: “La organización del trabajo y el estrés”, OMS

 

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