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Cuando veas la barba de tu vecino cortar…

  • En momentos en que se registran fuertes movilizaciones sociales en numerosos países del mundo, el último informe Estado de la Nación alerta que la democracia costarricense está bajo asedio por el aumento en el número de personas con actitudes contradictorias hacia este sistema político de convivencia.

Ma. Estela Monterrosa S.
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La democracia costarricense, que fuera catalogada como ejemplar e inquebrantable, tiene hoy síntomas de debilitamiento, donde antiguos problemas de representación y funcionamiento empiezan a pasar la factura.

El informe Estado de Nación 2019, presentado el miércoles 13 de noviembre, encontró que en los últimos cuarenta años en Costa Rica se han erosionado los niveles de apoyo ciudadano a la democracia, proceso que se ha acentuado en los últimos veinte años.

De acuerdo con el investigador Ronald Alfaro Redondo, pocas veces se puede estudiar un fenómeno en un periodo tan amplio, en esta ocasión se logró utilizando datos de las encuestas del Barómetro de las Américas de la Universidad de Vanderbilt de los Estados Unidos. Alfaro afirmó que en ese periodo otras naciones han experimentado la misma tendencia de pérdida de apoyo de la democracia.

La pregunta que se plantearon en la investigación fue ¿Dónde se aloja esa erosión? “Queríamos identificar perfiles y los grupos claramente antidemocráticos porque son peligrosos, se ven en varias sociedades del mundo como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos. No se trata solo de demócratas y antidemócratas, hay mucha gente en medio. Se consideró el apoyo al sistema y la tolerancia”, explicó.

Agregó que niveles altos de apoyo al sistema y tolerancia permiten a las democracias sortear episodios críticos de inestabilidad. “Durante muchos años Costa Rica tuvo grupos grandes de demócratas, así pudo soportar crisis como la de los años 80. La ciudadanía soportó dificultades porque creía en el sistema, aunque no era tan tolerante”, dijo.

Sin embargo, llamó la atención que desde el año 1.999 ha surgido un grupo que los investigadores llamaron ambivalente. “No son demócratas ni anti-demócratas, están en el medio. Igual sus niveles de tolerancia. ¿Cuál es el problema? Que es un grupo muy influenciable y hoy es cercano a un tercio de la población, 28%”, explicó Alfaro.

Aclaró que no se habla de la inminencia de una crisis; sino de que, en un eventual escenario donde la democracia se vea expuesta a amenazas, su situación es más vulnerable porque los grupos que podrían salir a defenderla ya no son tan numerosos.

Asidero para el populismo

En la investigación no se encontró un grupo socio económico al que se asocien los ambivalentes. “No son un grupo social que se reconozca, tienen amplia diversidad demográfica (residencia, clase social, edades, género) y políticamente no es muy distinto de los que son fieles a la democracia, porque sus opiniones sobre el gobierno también son similares e ideológicamente se han movido al centro izquierda al igual que los grupos más favorables a la democracia”, comentó.

De acuerdo con Alfaro, la casusa de la trasformación de la cultura política costarricense es una mezcla de diferentes elementos como la corrupción, el malestar de la gente con la democracia, las pocas oportunidades económicas, entre otras.

“Estas cosas cambian poco en el corto plazo, en el transcurso de los 40 años hemos visto que el grupo se hacía a veces más grande, a veces más pequeño. Hay posibilidades que pueden ser atraídos otra vez a los sectores más fieles a la democracia, pero es más difícil atraerlos hoy día. Lo peligroso sería que se radicalice más, porque así la democracia no tendría fuerza para enfrentar las crisis”, advirtió.

Agregó que los ambivalentes pueden ser terreno fértil para liderazgos populistas. “Pueden ser muy susceptibles a un líder populista de izquierda o de derecha, capaz de atraerlos y meterlos al activismo político. Eso en una democracia es muy peligroso”, dijo.

Consultado sobre estos datos del Estado de la Nación, el Pbro. Edwin Aguiluz Milla, secretario ejecutivo de la Pastoral Social de Costa Rica, coincidió en esa preocupación con Alfaro. “Tenemos una crisis fiscal muy grave todavía, Costa Rica es uno de los países más desiguales del mundo, no se han medido impactos de la reforma fiscal, hay mucha informalidad en el trabajo, una tasa alta de desempleo, huelgas, todo eso deberían ser campanazos, puede terminar en una crisis como la de otros países y orientar el país hacia el populismo. No se le ha dado importancia que tiene”, afirmó.

Fortalecer la participación y las instituciones

El investigador Ronald Alfaro agregó que la sociedad costarricense se ha desarrollado al calor de las transformaciones democráticas por eso los responsables de aumentar el apoyo ciudadano al sistema “seríamos todos. No es con menos democracia, sino con más democracia”. 

Añadió que esta tarea pasa por fortalecer instituciones como la Asamblea Legislativa y los partidos políticos. “Aunque la gente no cree en ellos, lo que están demandando es en su desempeño y lo que son capaces de otorgar a la sociedad, no es que no quieran que existan”. Asimismo, destacó la importancia de fomentar la tolerancia.

“Mantener las democracias cuesta. Si se descuida hay alto riesgo de perderla. Las democracias tienen golpes, raspones, pero siguen valiendo la pena”, dijo Alfaro.

En este sentido, comentó que es necesario cultivar el apoyo a la democracia y la tolerancia en todas partes, tanto en niños como adultos. “Lo ideal es que los costarricenses en el sistema educativo sean socializados conociendo las fortalezas y debilidades de la democracia costarricense y que eso se haga de manera sostenida”. 

En su opinión, es necesario involucrar a la gente a ser parte de las soluciones o tener sentido de responsabilidad. “La gente no participa, a veces ni siquiera votan”, lamentó.

Sobre este aspecto, el Pbro. Edwin Aguiluz opinó que en Costa Rica ha existido una democracia formal, es decir, representativa y delegativa, pero muy débil en participación como contraloría ciudadana de lo que sucede en los poderes del Estado, proactividad en la creación de leyes y políticas y en consulta pública.

“Tienen un peso muy importante el Gobierno y los partidos políticos: gobernar generando participación, diálogos y consensos, acuerdos inter partidarios”, dijo Aguiluz.

Otro actor social mencionado por los entrevistados son los medios de comunicación social. Para Alfaro, los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad, “lo común es que se hable de la democracia solo cuando hay elecciones”, dijo. Ante eso, lo ideal es que fuera un tema constante.

Por su parte, el Pbro. Aguiluz Milla reprochó que algunos medios de comunicación relevantes hacen tanto énfasis en las fallas del Gobierno que “van generando una percepción negativa de la institucionalidad. No hay aspectos positivos que se le muestren a la gente, se muestra como si la única cara fuera la falla y eso no es cierto”, expresó.

Agregó que denota “falta de compromiso ciudadano en un periodismo más centrado. Las informaciones publicadas por medios de comunicación tienen mucho eco en las redes sociales, no se ha medido el impacto negativo”, advirtió.

Crisis democráticas internacionales

Los entrevistados coincidieron al notar el complejo contexto internacional y el debilitamiento de la democracia, aun en países que se consideran “avanzados”.

El mismo informe del Estado de la Nación afirma: “los retrocesos en sistemas políticos que se creían camino a su consolidación democrática se han visto, paradójicamente, acompañados por preocupantes regresiones en las democracias maduras (…) han proliferado sistemas que no son democracias en su versión clásica, pero tampoco pueden catalogarse como regímenes autoritarios”.

Asimismo, el Pbro. Edwin Aguiluz Milla llamó la atención sobre las condiciones de deterioro de la democracia que se produjeron en otros países y se están produciendo ahora en Costa Rica como “la falta de aprecio a la institucionalidad, la desigualdad social, falta de espacios de consenso nacional y acuerdos, el afincamiento de sectores en sus propios intereses sin posibilidad de abrirse a puntos de encuentro y bien común”. Lo cual, en su opinión, debe alertar a la sociedad costarricense.

“Nicaragua no era democracia ejemplar, pero hasta abril del 2018 gozaba de cierta estabilidad. En Chile detonó una crisis - que nadie esperaba- por una medida sobre los precios del metro. En Ecuador ha sido por medidas del Fondo Monetario Internacional. Bolivia y Venezuela tienen otros factores más bien políticos”, repasó. 

Católicos y la vocación política

Para el Pbro. Edwin Aguiluz, secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral Social, la Iglesia debe profundizar y darle su lugar esencial a la dimensión social de la evangelización.

“Debemos destacar el compromiso de los católicos en la caridad política, es decir, el ejercicio del amor en el ámbito político. Los sacerdotes y obispos no podemos participar en la política partidista, pero si formar para la acción política de los católicos orientados a la búsqueda del bien común”, dijo.

En este sentido, el Documento de Aparecida recuerda que la misión de los laicos “se realiza en el mundo, de tal modo que con su testimonio y su actividad contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio”.

Asimismo, cita como ámbitos propios de su actividad evangelizadora el mundo de la política, de realidad social y de la economía, como también el de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación y otras realidades abiertas a la evangelización.

 

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