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Acoso laboral puede arrastrar al suicidio

El Ministerio de Trabajo recibe anualmente en promedio 165 denuncias por acoso laboral, pero el vacío legal existente acrecienta la precariedad de las condiciones de empleo en nuestro país. El hostigamiento puede, incluso, llevar a una persona a atentar contra su vida.

Danny Solano Gómez
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La empresa francesa Orange (anteriormente conocida como France Telecom) llamó la atención de la prensa internacional por una ola de suicidios entre sus colaboradores. En tres años, entre 2007 y 2010, cerca de 60 empleados se quitaron la vida, muchos lo hicieron en su propia oficina. 

La compañía y sus directivos fueron llevados a los tribunales acusados de acoso laboral contra los colaboradores, quienes dejaron notas en las que exponían la desesperación que sufrían, a esto también se le suman los múltiples testimonios de ex empleados que relatan sus propias experiencias de hostigamiento.

El acoso laboral (o mobbing, término acuñado por los especialistas) ocurre a un 13% de trabajadores en Latinoamérica, según un estudio de la Universidad Internacional de Valencia, España.

Se trata de un tipo de violencia psicológica que se produce de manera sistemática y recurrente la cual puede traer diversas y serias consecuencias para la víctima, como enfermedades físicas o mentales, e incluso desembocar en suicidio, como en los casos mencionados al inicio de este reportaje.

Chismes, humillaciones, burlas, faltas de respeto, presiones, descalificación a la labor de la persona, aislarla, no dirigirle la palabra, recargar funciones por encima de sus posibilidades o al contrario quitarle funciones, poner en duda sus capacidades, amenazas de despido… Estos son solo algunos ejemplos de maneras de acoso laboral.

Minar a la persona 

Ingrid Naranjo, psicóloga, especialista en Trabajo y Organizaciones, es parte de Territorio Psicológico, una organización que celebró el 27 de marzo un congreso sobre mobbing en el país. Ella explicó que no se trata de un hecho puntual, sino de agresiones continuas que perjudican mental y físicamente a quienes lo sufren. 

La psicóloga asegura que hace falta mucha educación sobre el tema y que son pocas las empresas que tienen un protocolo para atender este tipo de situaciones. Afirma que las personas no se dan cuenta que son víctimas de acoso laboral y solo hasta que se percatan es cuando deciden hablar o a pedir ayuda.

El hostigamiento laboral puede provocar en el que lo padece molestias físicas como trastorno del sueño, problemas estomacales y gastrointestinales, fatiga, estrés, pérdida de la memoria, dificultad para concentrarse, irritabilidad, crisis nerviosa, depresión, entre otras.

Asimismo, la especialista señala que a raíz de esto a nivel social se ven perjudicadas las relaciones de pareja, de familia o de amistad.

Detalló -además- que poco a poco el mobbing va minando a la persona, quien tiende a cuestionarse sus habilidades y conocimientos, así como a normalizar o justificar lo que sucede, incluso sus mismos compañeros pueden decir frases como: “Es que así es el jefe”.

Naranjo también explica que se trata de relaciones donde el victimario busca tener poder sobre la víctima, esto no necesariamente tiene que ver con jerarquía, puede ser del jefe al subordinado o viceversa, entre pares, o de manera mixta, es decir, una mezcla de las anteriores.

165 denuncias anualmente

Recientemente los magistrados del Tribunal de Casación Laboral condenaron a una empresa a pagar 75 mil dólares (más de 44 millones de colones) a una trabajadora que denunció que sufría de acoso laboral (y también acoso sexual laboral), quien fue despedida tras presentar la denuncia. 

El Ministerio de Trabajo recibe anualmente en promedio 165 denuncias por acoso laboral. Del año pasado al 15 de marzo de 2019 las denuncias llegaron a 203 (93 procedían del sector público, mientras 110 del privado), de estos casos 47 estaban en proceso y 156 cerrados.

Las personas pueden interponer las denuncias en las oficinas de Inspección de Trabajo a nivel nacional (hay seis sedes regionales y 31 oficinas provinciales o cantonales).

Cualquier persona física o jurídica puede interponer la denuncia, la cual debe plantearse verbalmente o por escrito, en forma presencial, o bien, emplear otros medios tales como teléfono, fax, correo tradicional o electrónico.

Los empleados públicos pueden también hacer sus denuncias a través de la Defensoría de los Habitantes (DH) y recibir acompañamiento. 

La DH recomienda a las Autoridades Superiores de las diferentes Dependencias del Sector Público que deben implementar acciones urgentes para prevenir y sancionar estas prácticas contrarias a la dignidad del ser humano.

No hay legislación

La legislación costarricense no contempla directamente al acoso laboral ni al hostigamiento como prácticas prohibidas y sancionables. 

Ingrid Naranjo también dijo que es importante que haya una Ley para regular el Acoso Laboral, como sucede en otros países, sin embargo, los proyectos presentados en la Asamblea Legislativa no han contado con el apoyo necesario.

Afirmó que actualmente hay proyectos que circulan en la corriente legislativa pero que requieren correcciones y ajustes importantes. 

A pesar de este vacío recordó que hay mucha jurisprudencia a través de Convenciones y Tratados Internacionales firmados por Costa Rica en protección de los derechos del trabajador. 

Rafael Mora, encargado político de la Unidad Jurídica de la ANEP, coincide: “Es necesarísima una ley de acoso laboral, creemos que es urgente, año con año van creciendo las denuncias, y eso que muchas no se denuncian porque la gente soporta por la necesidad de tener trabajo”.

Y agregó: “Lamentablemente nuestros señores diputados tienen otras prioridades en las cuales está seguir perjudicando a los trabajadores y a los costarricenses, y no ayudar en un tema que es fundamental para la salud emocional de los trabajadores”. 

La misma Defensoría de los Habitantes expone que es necesaria la promulgación de una Ley, “una tarea pendiente que tiene el Congreso de la República”, ya que “es necesario que se le otorgue a la víctima o denunciante un “fuero de protección” que le proteja de un posible despido como represalia”. 

Manifiesta que “son muy pocas las dependencias estatales que ya han venido regulando este tipo de discriminación en el trabajo”. 

En el sector público, por ejemplo, la DH expone que al no haber una ley especial que regule el procedimiento se aplica el establecido en la Ley General de la Administración Pública. Allí la víctima no es parte en sí, pues las únicas partes reconocidas son la Administración y el denunciado, por lo tanto, a las víctimas o denunciantes no se les permite apelar la Resolución final de la investigación. Esto -menciona- “ayuda a la impunidad de los agresores”.

“Comencé a dudar de mí misma”

Tras graduarse con honores de su primera especialidad en medicina decidió sacar otra. Sus excelentes notas y la experiencia profesional la llenaban de confianza para realizar una nueva residencia en un centro médico, sin embargo, la experiencia fue muy diferente a la pasada.

En esta ocasión comenzó a notar cómo sus compañeros desacreditaban su trabajo, incluso al frente de los pacientes, por cosas que ella sabía hacer y que había hecho antes. “Me decían cosas que hacían dudar de mi credibilidad como profesional”, recordó la joven, a quien para proteger su identidad se le llamará Alejandra.

Los gritos y regaños al frente de pacientes y otras personas se hicieron algo cotidiano. Como se supone que una residencia es para aprender, ella permitía ese tipo de comportamientos y más bien se esforzaba al máximo.

Tan es así que ella misma “buscaba mecanismos para evitar regañadas”, como hacer resúmenes en los expedientes o llegar bastante más antes de la hora de entrada.

“No importaba qué tanto me esforzara siempre había peros de parte de las mismas personas, e incluso había quienes sin siquiera ser testigos empezaron a desacreditarme (…) Empecé a tener problemas de sueño, así que tuve que tomar pastillas, me levantaba sin ganas de ir al trabajo, pensaba en qué iba a hacer mal ese día para que me regañaran”, dijo. 

Y agregó: “Comencé a dudar de mis conocimientos, dudaba de mis habilidades, mi rendimiento se fue abajo, tuve que ir a un psicólogo, me preguntaba si realmente servía para ser médico, llegué a tener problemas familiares, siempre estaba enojada, no me reía…”

Intentó cambiar de centro médico, pero le negaban esta posibilidad, con excusas como que ella “no podía ser tan chineada”, que era normal que “a uno le fuera mal al principio”. También recibió explicaciones tan pobres como que “era un asunto de viejas” y que “le tenían envidia por ser flaca y ellas gordas”.

Acordó que le hicieran evaluaciones teóricas escritas, obtuvo notas perfectas, pero entonces le bajaron puntos en otros aspectos como Relación médico-paciente. “(Esto) cuando nunca he mi vida he tenido un problema con un paciente y de hecho recibo mucho cariño de ellos”, mencionó. Ese día lloró y decidió renunciar a la especialidad. 

Se fue a su casa, aun así, en el camino le enviaron un mensaje con una supuesta crítica constructiva que decía que académicamente era muy buena pero que “no tenía capacidad para atender pacientes críticos”.

En todo ese tiempo, Alejandra nunca había entendido que estaba en una situación de acoso laboral. Contó su caso a un compañero, le sugirió buscar ayuda con un abogado que había defendido a una compañera que había pasado por una situación similar.

Buscó entonces opciones para cambiar de hospital. Entonces no pensó en llevar a cabo una demanda, sino que fue hasta que habló con el abogado que descubrió que sufría de acoso laboral. 

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