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Adviento: tiempo de esperanza

  • Del 2 al 24 diciembre la Iglesia vive el tiempo litúrgico de preparación para la Navidad.

Ma. Estela Monterrosa S.
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Una sencilla corona con velas y un calendario de Adviento son tradiciones que ayudan a vivir este tiempo de preparación a la Navidad, que según la liturgia debe caracterizarse por la austeridad para que contraste de manera evidente con el ambiente festivo de la Navidad.

¿Qué es el Adviento y desde cuando se celebra? En los comienzos de la Iglesia, la liturgia cristiana sólo celebraba el domingo como memorial de la resurrección de Jesucristo, llamado del día del Señor. Después, surgió la fiesta anual de un gran domingo como celebración de la Pascua, que se ampliaría al Triduo Pascual, con una prolongación de la fiesta durante cincuenta días.

Así explica el Centro Nacional de Catequesis el surgimiento de los tiempos litúrgicos en los recursos disponibles en su sitio web. Añade que, durante los primeros siglos, por la necesidad de preparar a las personas para los sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), se estableció un tiempo más extenso para prepararse a la Pascua, basado en los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto, llamado Cuaresma.

De esta manera, constituido el ciclo pascual, se estructuró en el siglo IV el ciclo de Navidad para apartar a los cristianos de las celebraciones paganas del sol invicto o invencible, que tenían lugar en el solsticio de invierno. Esta fiesta pagana inspiró a la Iglesia a celebrar el nacimiento y manifestación de Jesús, el verdadero “Sol Invencible”.

Al final del siglo IV, como el ciclo pascual tenía una larga preparación, también se introdujo una preparación para la celebración del nacimiento de Jesús, el tiempo de Adviento.

“El pueblo de Dios, desde la ley mosaica, tuvo fiestas fijas a partir de la Pascua, para conmemorar las acciones maravillosas del Dios Salvador, para darle gracias por ellas, perpetuar su recuerdo y enseñar a las nuevas generaciones a conformar con ellas su conducta”, indica el Catecismo en el numeral 1164.

El primer domingo de Adviento marca el inicio de un nuevo año litúrgico, el cual concluye con la solemnidad de Cristo Rey y Señor del Universo. “El año litúrgico es el desarrollo de los diversos aspectos del único misterio pascual. Esto vale muy particularmente para el ciclo de las fiestas en torno al misterio de la Encarnación (Anunciación, Navidad, Epifanía) que conmemoran el comienzo de nuestra salvación y nos comunican las primicias del misterio de Pascua”, dice el 1171 del Catecismo.

El Adviento tiene un doble carácter: histórico que es preparar a la Navidad, fiesta de la primera venida del Señor, y escatológico que dirige la mirada de la Iglesia hacia la segunda y definitiva venida del Señor, al final de la historia. La liturgia del Adviento marca este doble carácter, las primeras semanas se centran en el aspecto escatológico y las últimas en el nacimiento histórico.

Los personajes del Adviento

Durante el Adviento, la liturgia invita a reflexionar sobre cuatro grandes figuras bíblicas: Isaías, Juan el Bautista, María y José.

El profeta Isaías, del siglo VIII a. C, anuncia la llegada del Salvador, del Enmanuel o Príncipe de la paz (Is 7,14; 9,1-6), que traerá a la tierra los dones mesiánicos (Is 11,1-5). Sus palabras llenan de esperanza a los hombres de todas las épocas, independientemente de las circunstancias que les toque vivir.

Juan el Bautista es el modelo del espíritu con el que se debe vivir el Adviento por su estilo de vida humilde y austero, su predicación fuerte y clara. Es el último de los profetas de Israel y sabe reconocer a Jesús.

María, mujer del Adviento y de la esperanza. El Vaticano II recuerda que en María confluyen las esperanzas mesiánicas del Antiguo Testamento: “Con ella, excelsa Hija de Sión, tras larga espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva Economía, cuando el Hijo de Dios asumió de ella la naturaleza humana para librar al hombre del pecado mediante los misterios de su carne” (LG 55).

José, el hombre justo, que junto con María se preparó para acoger a Jesús, Hijo de Dios, convirtiéndose en su padre terreno, padre adoptivo de Cristo (Mt 1,20-24). A través de él, el Niño resultaba legalmente insertado en la descendencia davídica y así daba cumplimiento a las Escrituras, en las que el Mesías había sido profetizado como “hijo de David”, recordó el Papa Benedicto XVI en 2005.

La Corona de Adviento

Uno de los signos más tradicionales del tiempo de Adviento es la corona que ayuda a los fieles a guiarse en la espera. Es de forma circular con lo que se quiere representar la eternidad, la plenitud. Se acostumbra a colocar cuatro velas con los colores de la liturgia de Adviento: tres moradas y una rosada y se van encendiendo una cada semana.

De acuerdo con el CENACAT, es una corona en referencia a la realeza y la dignidad de Cristo Rey y a la realeza bautismal de los cristianos (Lc 1,33; 1 Ped 2,9). Sus ramas verdes significan el señorío de Cristo sobre la vida y la naturaleza, como dones de Dios. La luz representa a Cristo, Luz del mundo (Jn 8,12; 9,5), que disipa las tinieblas y triunfa sobre la oscuridad del pecado y de la muerte, por su Misterio Pascual (Is 2,5; 9,1; 60,1-2).

El CENACAT invita a vivir el Adviento con su verdadero sentido de preparación para la Navidad, pero dadas las circunstancias sociales donde el comercio adelanta el ambiente “navideño”, aconsejan a los cristianos aprovechar y valorar algunos elementos de este ambiente propiciando distintas iniciativas para fomentar la caridad y la fraternidad.

¿Se puede vivir el Adviento lejos del consumismo?

Salirse de la corriente consumista que empuja a las personas a gastar, a veces hasta más de lo que tienen, y a dejarse llevar por los excesos durante esta época del año sí es posible si el cristiano tiene claro lo que celebra.

“Reaviva el sentido de mi vida cristiana”

“El Adviento es muy hermoso por la expectativa, me llena de alegría, de ilusión y reaviva el sentido de mi vida cristiana. Es un tiempo corto en el que todo nos ayuda a entrar en la expectativa de encuentro, de alegría, de saber que estamos esperando a Alguien. Me gusta mucho entrar en la vida de cada personaje del Adviento, de San Juan Bautista me gusta la austeridad con la que vive, la fuerza con la que cree, predica y anuncia. En la sociedad actual, este es el tiempo en que más se consume, entonces me gusta hacer este esfuerzo por entrar en la austeridad del Bautista; el recogimiento de la Santísima Virgen -porque también es una época de mucho ruido-, esa mujer que espera con paz, ilusión y gratitud, y también San José que es ese personaje fiel que camina en todo este misterio dando su respuesta a Dios en silencio. Esto me ayuda mucho en mi vida de fe a renovar mi respuesta a Dios, mi entrega, mi vida consagrada con estas palabras de austeridad, recogimiento, fidelidad, gratitud y la expectativa de que esperamos al ‘Dios con nosotros’”.

Hna. María Molina
Misionera de la Asunción

 

“Un tiempo para volcarnos a los demás”

“Para un cristiano el Adviento es la espera de la Natividad del Señor. Es la época para meditar y prepararnos para su advenimiento en una espera que hacemos junto a María y José, los primeros que vivieron el Adviento. Con este tiempo se inicia el año litúrgico y, por eso, es un preanuncio de lo que debe ser la vida de todo creyente, que vive en expectativa, en preparación, para el encuentro definitivo con Dios, que comienza aquí, pero alcanza su plenitud en la muerte y resurrección de cada uno. Desde esa perspectiva, el Adviento es para que cada cristiano se prepare, no con regalos ni siendo una ficha más del consumismo, sino con oración y ayuno, con una actitud reflexiva, de cambio y conversión, de metanoia, para que Jesús nazca en el corazón de cada uno. ¿Cómo se traduce esto a la realidad? En el encuentro con el Padre y con el prójimo, con el hermano, pues como dice el Papa, Jesús nos revela dos rostros, el del Padre y el del hermano, o mejor, uno solo, el de Dios que se refleja en muchos. Por eso, el Adviento debe ser un tiempo privilegiado para volcarnos a los demás”.

Dr. Gustavo Adolfo Soto V.
Historiador

 

“Adviento es una época que me llena de ilusión”

“Para mí, sobre el Adviento hay un antes y un después. Hace 6 años, el 20 de diciembre del 2012, mi papá murió en un accidente de tránsito y para mí todo cambió. Mi esposo y yo hemos acostumbrado a hacer la corona de Adviento y llevarla a bendecir el primer domingo; pero no siempre he vivido este tiempo como lo vivo ahora. Antes me enfocaba en lo que había que comprar o hacer, los regalos y otras cosas con las que perdía la perspectiva de la Navidad y de la preparación. Mi papá siempre nos decía que la Navidad no es para dar regalos sino amor. Ahora veo el Adviento como preparación, un tiempo para hacer conciencia sobre la venida de Jesucristo. Adorno la casa después del 15 de diciembre para vivir la Navidad hasta que termina. Adviento es una época que me llena de ilusión y de esperanza y me ayuda para que los recuerdos no me afecten tanto emocionalmente y ver la Navidad con amor, con unión familiar y resaltando lo más valioso, porque lo material es espontáneo, por eso trato de no dejarme llevar por lo comercial”.

Greta Mesén
Fotógrafa

 

 

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