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¿Y si mi hijo es el matón?

  • Al igual que las víctimas del bullying o acoso, los agresores necesitan también atención.
  • Los especialistas recomiendan no minimizar las situaciones y poner atención a la conducta de los niños.

Danny Solano Gómez
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Los padres de Alejandro se sorprendieron al recibir un recado de la maestra donde se les informaba que su hijo había agredido a un compañero.

Al principio pensaron que se trataba de una conducta aislada, que eran “cosas de niños”, que probablemente hubo una provocación y hasta creyeron que “la niña lo tiene entre ojos”. Pero no era así, su hijo era un agresor.

De acuerdo con especialistas, si bien algunos padres saben identificar señales cuando su hijo está sufriendo acoso, son pocos los que se interesan por reconocer las conductas del acosador y las posibles actitudes de bullying o acoso en sus hijos.

Rocío Solís, directora de la Contraloría de los Derechos Estudiantiles del Ministerio de Educación Pública (MEP), expuso que estos niños muestran un temperamento impulsivo y explosivo, disfrutan de la violencia y carecen de empatía.

La psicóloga educativa, especialista en niñez y adolescencia, agregó que estos chicos presentan poca tolerancia a la frustración y hacia las diferencias de los demás, desafían las normas y reglas, no les gusta dialogar. 

Asimismo, creen que poseen la verdad absoluta y son manipuladores, su comportamiento siempre tiene un objetivo en sus propios intereses, mienten y culpan a los demás.

“Para que una persona se convierta en acosador tienen que darse muchos factores, uno de ellos es el ambiente familiar agresivo y violento, así como falta de límites claros dentro de su ambiente familiar. Además, no se les enseña a resolver los problemas de forma positiva”, detalló.

Por su parte, la psicopedagoga, Daniela Arce, recomienda a los padres no minimizar las situaciones y poner atención a las conductas de sus hijos. En ese sentido – puntualizó- deben estar atentos a cualquier información que los docentes faciliten y observar el comportamiento de los menores.

Arce señaló que las conductas agresivas en la escuela o colegio pueden responder a un patrón familiar que el chico o la chica repite.

Por otro lado, es importante descartar cualquier condición biológica del niño o niña que pueda perjudicar su comportamiento.

“En la primera infancia – ilustró- sucede que si se están presentando problemas de lenguaje en el estudiante, este puede reaccionar de manera agresiva con sus compañeros al no poder expresar lo que desea”.

Otros enfoques como: El agresor también requiere ayuda, Consejos para los Docentes y Protocolo de actuación, así como señales para reconocer a un niño acosador, encuéntrelos en la edición impresa de Eco Católico. 

 

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