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Vecinos del Poás dejados a su suerte

  • La reactivación del volcán Poás trajo restricciónes para su visita y un consecuente golpe económico para productores y comerciantes de la zona. Todos coinciden en que son necesarios nuevos caminos de subsistencia, pero el escaso apoyo para encontrarlos abona a la crisis que ya viven los vecinos, y de la cual fue testigo el obispo de Alajuela, Mons. Bartolomé Buigues, en su reciente visita pastoral a la comunidad.

Laura Ávila Chacón
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Familias haciendo fila para comprar fresas, queso o pan casero, o turistas disfrutando de las comidas típicas en los restaurantes ubicados en las faldas del volcán Poás son una imagen que cada vez pertenece más al recuerdo de los comerciantes y vecinos del coloso.

El impacto por la reactivación de la actividad volcánica trajo primero un periodo de cierre del Parque Nacional que fue devastador, luego se establecieron restricciones de visitas por seguridad, incluido un tiempo muy breve de estadía, que no ayuda a la recuperación económica, y en los últimos días, la expulsión de ácidos ha vuelto a acentuar la crisis que los sume en la incertidumbre y la necesidad.

El director del colegio de Poasito, Oscar Rodríguez, recuerda que la situación comenzó antes, con el terremoto de Cinchona en el 2009. Entonces, muchas personas se quedaron sin vivienda, perdieron sus cultivos y fueron viendo la necesidad de cambiar de actividad.

Sin embargo, la gran mayoría sigue apostando al cultivo de frutas, hortalizas y al servicio a los turistas, que por la situación del volcán, llegan menos tiempo y se van más rápido.

Los vecinos lo explican contando que la mayoría de extranjeros llegan en busetas, se bajan, ven veinte minutos el volcán, se suben de nuevo y los devuelven al hotel sin posibilidad de interactuar con la comunidad.

Afectados viven drama

William Jiménez, agricultor, tiene 30 años cosechando fresas. Explica que el monocultivo ha generado microorganismos dañinos que afectan las plantas y bajan la producción. Antes empleaba miembros de hasta seis familias vecinas en las labores, ahora es imposible.

Como opción, invirtió en un invernadero, donde siembra hortalizas, sin embargo el negocio no ha funcionado por las condiciones del mercado, que favorece a los intermediarios, el costo de la semilla y las mismas condiciones del suelo.

Su proyecto ahora es la fresa hidropónica, pero se topa con el obstáculo de que para poder comercializarlas le piden factura electrónica y no cuenta con el sistema que se requiere.

Eliécer Figueroa, otro agricultor, optó por asociarse con su hermano que tiene un cultivo de fresa hidropónica. Lo hizo luego de perder medio millón de colones en semilla que no cosechó con éxito y de experimenatr una baja de 5 millones en sus ingresos en el último año. Su opción ha sido ofrecer tours a visitantes en los que explica el proceso de producción de la fruta, sin embargo la actividad es incipiente y apenas da para comer.

Rodolfo Blanco por su parte, critica el abordaje de las autoridades a la situación en el volcán, pues se creó un pánico que afectó el turismo de manera sensible.

“Necesitamos personas que piensen y no los que creen que es más fácil cerrar el parque y darle 20 minutos a las personas para verlo. ¿Dónde están las ayudas y los subsisdios por desempleo?, necesitamos a la Comisión de Emergencias y a los diputados para que los fondos especiales de turismo sean invertidos seriamente aquí y que esto sea lo que fue en otra época, porque muchas personas se han arruinado en esta situación”, afirmó.

Mayela Mora, pequeña empresaria de la comunidad, aboga en la misma línea de permitir un mayor acceso al parque. “Somos trabajadores humildes y dejamos el sudor con orgullo en nuestro trabajo, atendemos a las personas con cariño, pero las fuentes de empleo aquí ya son pocas, y hablamos de muchas familias en Fraijanes, Poasito y Vara Blanca”, mencionó.

Cercanía de la Iglesia

Con toda esta realidad se encontró Monseñor Bartolomé Buigues, Obispo de Alajuela, en su visita pastoral a la Parroquia San Isidro Labrador, en la semana del 16 de setiembre.

Para él, se trata de una situación que amerita una acción inmediata, pues se está deperdiciando la mayor riqueza de la zona, como lo es la propia naturaleza.

“Si no la hacemos sostenible obviamente tenemos  que buscar otras fuentes de trabajo para nuestra gente”, afirmó el jueves 19 en diálogo con los vecinos de la comunidad.

“Desde que se cerró el Poás se ha venido experimentando un cambio, tenemos que hablar con expertos sobre el riesgo, el gobierno debe garantizar la seguridad, pero hay que buscar la forma de defender la actividad económica y dialogar, incluso generando encuentros con los diputados, empecemos, yo me ofrezco a llevar todas las inquietudes a instancias oficiales”, les dijo.

Monseñor pide que las universidades y los mismos vulcanólogos ofrezcan ayuda a los agricultores, buscando fortalezas y siendo creativos generadores de nuevas oportunidades.

“No se puede depender del cráter”

Gino González, vulcanólogo de la organización Volcanes sin Fronteras, dijo que en efecto, el impacto en las comunidades ha sido muy alto precisamente porque se depende exclusivamente del cráter del volcán, situación que debe cambiar. “El volcán Poás es más que un cráter, de hecho hay otros volcanes y ecosistemas muy interesantes, centros gastronómicos y actividades culturales que se pueden desarrollar”, dijo.

“¿Qué pasa si se cierra nuevamente el volcán y estamos dependiendo única y exclusicamente de la  visitación por 20 minutos, entonces no es viable desde ningún punto de vista, hay que buscar alternativas a mediano y largo plazo”, agregó.

Explicó que a raíz de ello, desde la organización que lidera se impulsa el proyecto Geoparque, que mezcla atractivos como el paisaje geológico, la biología, la gastronomía y la cultura de las comunidades.

Sobre los eventos registrados en los últimos días, con expulsión de ácidos y columnas de vapor, dijo que se trata de una actividad grande que incluso formó un nuevo cráter, y que podrían repetirse a corto plazo con la misma intensidad.

Diputado se compromete

El diputado por Alajuela, Roberto Thompson, dijo conocer la situación. Recordó que incluso hace varios años se conformó una comisión, autoridades de gobierno visitaron la zona y se comprometieron ante la angustia de los vecinos. 

Reconoció que de no ser por su propia iniciativa el problema sería más grave, pues ha faltado mucho apoyo de parte del gobierno. Encima, constata, sin cuestionar el criterio técnico de los vulcanólogos y expertos en emergencias, que el manejo dado al parque luego ha tenido graves consecuencias en las familias.

“Me parece que ese abordaje no ha sido el mejor porque tiene sumida a la zona en una crisis muy grande, yo estoy solicitando una cita con el  Ministro de la Presidencia en los proximos días porque la  preocupación viene a raíz de lo último que ha pasado, todo esto aleja muchisimo más a la gente”, manifestó.

“Yo esperaría poder concretar esta cita e invitar a la Cámara de Comercio y Turismo de la zona, a las municipalidades de Poás, Grecia, Heredia y Alajuela, porque extrañamos una acción más contundente”, concluyó.

Según su criterio, hay que poner el énfasis en los pequeños comerciantes y emprendedores para encontrar alternativas. “Lo único que podría decirles es que no están solos, que estamos tratando de que se ponga atención no solo en el tema de la emergencia, sino en lo que significa todo esto para una zona donde hay tantas personas que dependen del turismo. Mantengan la esperanza de que vamos a acompañarlos y espero que pronto podamos tener algo mucho más concreto de parte del gobierno”, dijo.

Padre Luis Hernández, cura párroco de San Isidro Labrador

“Necesitamos ser escuchados”

¿Cómo acompaña la Iglesia la realidad de las familias de comunidad?  

Desde luego que todos los esfuerzos que se realicen serán insuficientes para tratar de abarcar los amplios sectores de nuestra sociedad, tan descuidados por las autoridades. Destacaría el invaluable aporte que realiza la Pastoral Social Diocesana, coordinada por el Padre Marcos Oviedo desde el campo de la reflexión e iluminación. De grata memoria todo el trabajo realizado por el Padre Juan Bautista Molina, cuyo esfuerzo es recordado por la parroquia, principalmente durante la época del terremoto de Cinchona que afectó a un importante grupo de la zona, su cercanía, sus luchas y aportes por hacer que muchos que lo perdieron todo salieran adelante aún resuena en la mente y en el corazón de la población. En la actualidad, al tener escasos meses de caminar en la parroquia, es desde la escucha, la cercanía, la presencia, y tratando de que sus voces puedan ser escuchadas por las instancias que tienen la autoridad para tomar decisiones.

¿Qué situación enfrentan y cuál debería de ser la respuesta de las autoridades? 

A Dios gracias los efectos directos del volcán no afectan a la zona (emanaciones de gas o ceniza), lo que si ha afectado son las decisiones de las autoridades de cerrar el ingreso al parque cada vez que el coloso entra en actividad lo que incide directamente al no tener afluencia de turismo local y extranjero lo que perjudica directamente a los pequeños comerciantes y artesanos que dependen de los visitantes. Con la reciente apertura del Parque Nacional se ha experimentado una disminución en las visitas a la zona debido a la implementación del sistema en línea para obtener los boletos, la reducción de visitantes en cantidad y tiempo hacen que muchos opten por buscar otras opciones, sin mencionar las malas condiciones en uno de los tramos de la carretera, los trámites para obtener permisos de funcionamiento, junto a los elevados impuestos hacen que la actividad sea insostenible para muchos. 

La respuesta que esperaríamos de las autoridades es que vuelvan su mirada a la zona, y puedan observar con seriedad todo el potencial que posee desde el punto de vista productivo y de servicios. Necesitamos incentivos para volver a generar fuentes de ingresos para sus habitantes, favorecer a quienes desean emprender, quitar trabas burocráticas que frenan el crecimiento, poner atención a las vías de acceso... y el gran clamor del pueblo: posibilitar que el acceso al Parque Nacional Volcán Poás sea abierto y libre de restricción, “que sea como antes dirían los pobladores”. Somos consientes que las autoridades buscan la seguridad de propios y visitantes, pero sería importante valorar el precio que están pagando los habitantes por decisiones tomadas quizá desde un escritorio. Necesitamos ser escuchados.

 

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