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Pobreza y miseria crecen en Costa Rica

  • Resultados de encuesta del INEC son desalentadores

Danny Solano Gómez
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El año pasado el gobierno destacó como un gran logro la reducción de la pobreza en los hogares en un 0,5%, sin embargo, en aquella ocasión hubo quienes señalaron que siguiendo el modelo actual la reducción no iba a ser sostenible. Efectivamente, la pobreza en los hogares creció este año en 1,1% .

Los datos de la más reciente Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) muestran una vez más la incapacidad del país para reducir de manera drástica la pobreza.

A julio de este año 1 142 069 hermanos viven en condición de pobreza, es decir un 22.9% de la población costarricense no cuenta con lo suficiente para vivir, lo que representa un aumento de un 0,8% (49 666 personas más) respecto al año pasado. 

Peor aun, la extrema pobreza alcanzó el 6,3% (99 034 hogares) frente al 5,7% del 2017 (86 663 hogares). El incremento, por lo tanto, fue de 12 371 hogares que traspasaron la línea de pobreza.

Para ponerlo más claramente, hay hogares donde no alcanza ni siquiera para la Canasta Básica Alimentaria estimada para junio de 2018 en 49 999 colones (zona urbana) y 41 483 (rural). 

Es decir, hay personas que deben sobrevivir con menos de 1500 colones al día (nada más por citar un ejemplo, un casado a un precio cómodo en el Mercado Central vale 3500 colones aproximadamente).

Causas de este aumento

El aumento en el costo de la vida y en la tasa de desempleo (que pasó de un 7,5% a un 8,3%, según la ENAHO) son las causas que a primera vista muestra la encuesta. 

La presidente del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y ministra de Bienestar e Inversión Social, María Fullmen Salazar, expuso que aspectos como el aumento en el costo de la canasta básica se deben a la situación económica nacional e internacional. 

La ministra a su vez estima que es necesaria la aprobación del Plan Fiscal para que instituciones de bien social tengan el presupuesto necesario para atender a las familias pobres.

En general, argumentó que es urgente aprobar el Proyecto de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas para no tener repercusiones económicas, como que se genere incertidumbre en el sector empresarial y se perjudique la generación de empleo.

Cuestionada sobre si más bien el Plan Fiscal al aumentar un 1% en la Canasta Básica produciría un crecimiento en la pobreza nuevamente, la ministra respondió que con lo recaudado “se destinarían 4 925 millones al año a la Caja Costarricense del Seguro Social para atender al Régimen No Contributivo, lo cual indica que se pueden atender 3509 nuevas pensiones para personas adultas mayores en condición de pobreza y pobreza extrema. Eso significa que podría disminuirse en 0,3% la pobreza”.

Política de transferencia no da resultado

Eco Católico también conversó con el padre Edwin Aguiluz, secretario nacional de Pastoral Social-Cáritas para analizar la situación.

Aguiluz aclaró que en el país hay dos tipos de asistencialismo, el paliativo y el promocional, los cuales “funcionan, pero no son suficientes”. “Lo que está claro es que una política de combate a la pobreza debe ser integral y, por ende, no exclusivamente asistencial”, agregó.

De igual forma, la ministra de Bienestar Social explicó que la labor de las instituciones no se trata de asistencialismo en el sentido estricto, sino que hay familias que necesitan un empujón para que en el mediano plazo puedan tener formación y capacitación para incorporarse al mercado laboral o tener un emprendimiento.

La funcionaria asegura que las instituciones han hecho bien su trabajo. ¿Pero por qué a pesar de hacerlo bien la pobreza crece?

Fullmen respondió que el año pasado se logró una reducción en la pobreza en hogares de 0,5% porque el IMAS, a través del programa Puente al Desarrollo, fue directamente a buscar a las familias y se coordinó con otras instituciones para identificarlas y darles la ayuda, en vez de esperar a que las personas fueran a las oficinas a pedirla, sin embargo, este año la situación económica del país dificultó seguir con esa tendencia.

Asimismo, arguyó que a pesar del crecimiento en la pobreza también se aumentaron los ingresos a través de transferencias o beneficios, como los que da el IMAS, principalmente en becas, que a la postre es una inversión que hace el Estado a corto y mediano plazo. 

“Esto puede llevar a la conclusión de que efectivamente las instituciones encargadas del tema social, como el IMAS, están cumpliendo su trabajo”, dijo la funcionaria, y agregó que el resto depende de otras circunstancias como la situación macroeconómica del país, por ejemplo, si una persona logra conseguir empleo o no.

Precisamente, los subsidios estatales y becas crecieron de manera significativa en un 10,6% en la zona urbana, en la zona rural se mantuvieron prácticamente igual, con una disminución del 0,7%, que es estadísticamente no significativa.

Pero esto también significa –según expuso el padre Aguiluz- que la política de transferencias estatales no está dando resultado para repercutir en una disminución de la pobreza. “Los programas sociales, lo que están demostrando los datos es que no logran mejoras de modo sostenido, ni de gran impacto”, dijo. 

Como ejemplo, el año pasado la Región Chorotega pasó a ser la segunda con menos pobreza por ingreso a ser la región donde más drásticamente subió, y ahora ocupa el cuarto lugar con mayor índice de pobreza.

“Debe haber una estrategia de desarrollo territorial eficaz y de largo plazo, pues las asimetrías que demuestra una vez más la Encuesta Nacional de Hogares son alarmantes. Por ejemplo, la región Brunca duplica la pobreza de la región Central”, declaró Aguiluz.

¿Qué otras políticas se podrían implementar?

En encargado de Pastoral Social dice que la primera política debe ser la generación de empleo decente con nuevas fuentes de trabajo y promoviendo el paso de la informalidad a la formalidad. 

De acuerdo con el INEC, en el país, el total de personas ocupadas con empleo informal es el 42,4% y cabe mencionar que el 79,9% de las personas pobres por línea de pobreza están ocupados de manera informal. Otro dato es que la tasa de desempleo abierto entre los pobres es 4,3 veces más alta que la de los no pobres (23,0% frente a 5,3 %).

“Por supuesto, se trata de una política de generación de empleo que no sea a costa de incentivos al sector productivo que, a la larga, tenga costos sociales, como, por ejemplo, los incentivos fiscales”, comentó el padre Aguiluz.

Una manera de hacerlo –apuntó- podría ser a través del fomento de la Economía Social Solidaria, “pues esta es capaz de generar empleo más allá de los fríos cálculos del lucro.

Problema estructural

El padre Edwin Aguiluz, también comentó sobre causas estructurales que provocan un alza en la tasa de pobreza. Básicamente se refirió a dos categorías de pobres. 

La primera consiste en aquellas personas que pertenecen a la población que puede trabajar pero que carece de empleo o está en el subempleo (empleo informal) o, aunque el jefe de familia tenga una ocupación formal su salario no le alcance.

La segunda se trata de personas que no están en condiciones de trabajar (por salud o edad), por lo que requieren de transferencias públicas en servicios y en dinero para subsistir dignamente.

“Si no existe una acertada política pública de promoción del empleo decente, como le llama la Organización Internacional del Trabajo (OIT), calificativo que Juan Pablo II introdujo en la Iglesia, y de transferencia de modo sostenible a sectores que no pueden salir adelante por sí mismos, la pobreza se estanca o crece”, comentó.

El sacerdote utilizó los datos estadísticos para señalar que el ingreso familiar no creció, pues en el último año el ingreso total del hogar en la zona urbana disminuyó en un 1,6%, y en la rural, en un 1,3%.

El INEC califica los componentes del ingreso por trabajo, renta de la propiedad, subsidios estatales, becas y otras transferencias. 

De acuerdo con Aguiluz “el salario por salario disminuyó en el área rural en un 1,8% y aumentó en la urbana en un 1,1%. El trabajo autónomo disminuyó en un 13,5% en la zona urbana, dato que es estadísticamente significativo, y en un 3,5% en la zona rural”, detalló.

 

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