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Vacunar es una responsabilidad moral

  • La vida siempre debe defenderse, protegerse y salvarse en todas las etapas y situaciones

Ma. Estela Monterrosa S.
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La alarma por los casos de sarampión “importado” hizo reflexionar a los costarricenses sobre la importancia de la inmunización para evitar brotes de enfermedades contagiosas como sarampión, rubeola, viruela, entre otras.

También hizo circular informaciones de por qué hay quienes se oponen a las vacunas. Una de las razones es que son producidas sobre la base de líneas celulares humanas derivadas de abortos, lo que supone una disyuntiva moral para personas como los católicos.

Para ahondar en este tema, el 31 de julio de 2017, la Academia Pontificia para la Vida emitió un documento, en colaboración con el Oficina de la Pastoral de la Salud de la Conferencia de Obispos Italianos y la Asociación de Médicos Católicos Italianos.

En el texto se afirma que, en el pasado, las vacunas para Italia se prepararon utilizando células de fetos humanos abortados, sin embargo, las líneas celulares utilizadas actualmente están muy alejadas de los abortos originales. Según dicha Academia, actualmente no es necesario obtener células de nuevos abortos voluntarios, las líneas celulares en las que se basan las vacunas de Italia se derivan únicamente de dos fetos abortados originalmente en los años sesenta. Las vacunas a las que se hace referencia, las más utilizadas en Italia, son aquellas contra la rubéola, la varicela, la poliomielitis y la hepatitis A.

Así las cosas, esas vacunas ya no implican un vínculo de cooperación moral indispensable para una evaluación éticamente negativa de su uso.

Por otro lado, añade la Academia, la obligación moral de garantizar la cobertura de vacunación necesaria para la seguridad de los demás no es menos urgente, especialmente de los sujetos más vulnerables en materia de seguridad, como las mujeres embarazadas y los afectados por la inmunodeficiencia, que no pueden vacunarse contra estas enfermedades.

Asimismo, en cuanto a la cuestión de las vacunas que usaron o pueden haber usado células provenientes de fetos abortados voluntariamente en su preparación, explica que debe especificarse que el “mal” en el sentido moral reside en las acciones, no en las vacunas o en el material en sí.

En ese sentido, las características técnicas de la producción de las vacunas más utilizadas en los niños excluyen una cooperación moralmente relevante entre quienes usan estas vacunas hoy en día y la práctica del aborto voluntario, indica el documento. 

Al concluir, resaltan la responsabilidad moral de vacunar para evitar riesgos graves para la salud de los niños y la población en general.

Más detalles en la edición impresa de Eco Católico.

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