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Santo Domingo de Heredia celebró legado de sacerdote benefactor

El Padre Benito murió hace un siglo

Danny Solano Gómez
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En el imaginario colectivo de Santo Domingo de Heredia aun quedan reminiscencias de un cura que camina por las calles y suena una campana que lleva en la mano, para anunciar a los vecinos que viene a ofrecer el Sacramento de la Reconciliación y de la Comunión a quienes lo deseen.

Se trata de Benito Mercedes de Jesús Sáenz Reyes, más conocido como el Padre Benito, a quien se le reconoce como el benefactor del pueblo, un hombre que destacó por su liderazgo para unir a sus habitantes e impulsarlos a llevar cabo grandes proyectos. Fue tanto el cariño que también le llamaban “el Padre Bendito”.  

La emblemática Basílica de Santo Domingo de Guzmán, orgullo de los domingueños, es una de las obras donde destacó por su liderazgo y por comprometer a una humilde población a construir tan magno templo como ese, según expone Marta Zamora, escritora e investigadora, quien presenta un libro sobre la figura del Padre Benito.

De hecho, este sábado 29 de junio se celebraron 100 años del fallecimiento de este sacerdote y la parroquia se preparó para conmemorar este acontecimiento con una Santa Eucaristía a las 8:00 a.m., en el templo que él tanto ayudó a construir. Hubo exhibición fotográfica y se expuso los ornamentos utilizados por el sacerdote.

A las 7:00 p.m. se realizó la presentación del libro de Zamora, titulado El Padre Benito Sáenz Reyes, Haciendo Pueblo.

Unir y comprometer a un pueblo

La autora recordó que el cura nació en Heredia el 21 de marzo de 1832 y fue el menor de 10 hijos. Al parecer fue un niño tranquilo y estudioso, muy cercano a la Iglesia, quien desde muy joven decidió ingresar al Seminario.

En 1855 con tan solo 23 años de edad se ordenó sacerdote, por manos de Mons. Anselmo Llorente y Lafuente. Tras estar en algunos cargos se le encomendó el pastoreo en aquel entonces, barrio de Santo Domingo de Heredia, donde se quedó durante 54 años hasta su fallecimiento en 1919.

De acuerdo con Zamora, el joven presbítero llegó a un lugar muy humilde y donde sus habitantes no eran muy cercanos a la Iglesia. Se instaló en una casita muy sencilla ubicada detrás de una ermita deteriorada (actualmente la Iglesia del Rosario, que aun se conserva).

La escritora cuenta que el joven sacerdote comenzó a atraer a la gente a la Iglesia y ayudó a que se formara un sentido de comunidad. Luego surgió la idea de construir un nuevo templo, debido a que la ermita requería de constantes reparaciones. 

Bajo la guía del Padre Benito, los vecinos hicieron donaciones, subastas de carretas de leña, vendieron bienes y joyas, organizaron actividades para recolectar fondos… en general se volcó a la construcción de la hermosa iglesia tan representativa del cantón, actualmente Patrimonio Arquitectónico de Costa Rica. 

Zamora dice que una obra tan magna como esta desarrolló un sentido de pertenencia e identidad que sigue presente entre los vecinos. También encontró que el propio cura hizo muchas de las donaciones, su nombre aparece de primero en las listas e incluso las sumas más elevadas eran suyas.

La autora también habló en de las dificultades que tuvo el sacerdote en aquella época debido a los obstáculos que le ponían personas provenientes del movimiento liberal.

Un hombre rico, que donó todo

“Era un hombre rico, con muchos bienes, provenía de dos familias con mucha historia en Heredia, familias económicamente poderosas. Recibió una herencia que él mismo dice que no fue sustancial pero supo enriquecerla. Era un hombre muy austero, fue muy buen administrador, tenía todo bajo control y era ordenado”, comentó la autora.

Llama la atención que a pesar de que se construyó el templo, entonces comparado con la Catedral Metropolitana, el Padre Benito siguió viviendo la humilde vivienda. “él nunca quiso que la arreglaran, era un hombre muy austero”.

De hecho -agrega Zamora-, antes de morir no conservaba ninguno de sus bienes. “Comentan que al final de su vida la sotana la andaba toda rota, las medias tenían huecos… Al final de su vida no tenía bienes, todo lo donó. Fue un hombre bueno”.

“Propuso y financió una Escuela para Niñas”

El Padre Benito también financió y propuso, de manera visionaria, la construcción de la primera Escuela de Niñas en Santo Domingo, “porque consideraba que era necesario que las niñas se educaran”. 

“El centro educativo se llegó a construir y la Escuela de Santo Domingo por muchos años se llamó Escuela Benito Sáenz (desde finales del Siglo XIX hasta finales del Siglo XX), se le cambió el nombre, actualmente el kínder lleva su nombre”, declaró la investigadora, quien considera que se debería retomar el nombre que tenía la institución.

“Él puso el monto de dinero para que se iniciaran los trabajos y llegó a poner la primera piedra de la Escuela de Niñas”, añadió.

La escritora también mencionó que al Padre Benito se le reconoció porque brindó ayuda económicas a muchos jóvenes para que realizaran estudios, de hecho detalló que en un artículo de prensa se expone que Santo Domingo le debe la formación de muchos de sus profesionales.

Por ejemplo, uno de ellos -señaló- fue Luis Sánchez, un niño que se crió con el padre y a quien le regaló una casa y otro fue Abraham Rodríguez, que se convirtió en médico. 

Homenaje en vida y Prelado doméstico 

No todos tienen la dicha de ser reconocidos en vida como ocurrió con el Padre Benito. El pueblo celebró con él sus 50 años de ordenado, y el 50 aniversario de su llegada a Santo Domingo.  “A él lo querían mucho (…) Todo se le reconoció en vida”, expresó Zamora.

En 1912 se colocó un busto de él en los jardines a un costado del templo. Primero fue hecho arcilla y luego se envió a fundir en bronce a Italia. Tiene una placa que reza: “Amó la justicia y aborreció la inequidad”.

En 1916 fue nombrado por el Papa Benedicto XV como Prelado de Honor de Su Santidad (también llamado prelado doméstico. Cabe mencionar que este título dejó de concederse a partir de 2014). Desde entonces se le llamaba Monseñor Benito.

Zamora destacó que Santo Domingo creció y se desarrolló de la mano del sacerdote, quien vio cómo un barrio pasó a ser villa, luego se convirtió en cantón y ciudad. Sobre su personalidad cree que fue un hombre directo para decir las cosas, estricto, sencillo y austero.

Bautizada por el Padre Benito estará en celebración 

Doña Rosario González tiene 101 un años y fue bautizada por el Padre Benito, según las actas de la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Ella será una de las invitadas de honor en la conmemoración del centenario del fallecimiento del “benefactor del pueblo”. “Me llena de mucha alegría. Mis papás le tenían mucho cariño al Padre Benito”, comentó doña Chayo, quien se mostró muy agradecida por la invitación.

El párroco de la comunidad, el Padre Glenm Gómez, ofreció personalmente la invitación a doña Rosario.

 

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