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¿Qué pasa en el PANI?

Danny Solano Gómez
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El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) recibe críticas y quejas de la población por los errores en la atención a las denuncias por agresiones contra niños. 

Especialmente en las últimas semanas se han conocido casos como el de un pequeño de cinco años que aparentemente murió tras ser golpeado por sus propios padres el mes pasado. A pesar de que se había presentado una denuncia a la institución días antes, esta no actuó a tiempo.

La presidente del PANI, Patricia Vega, reconoció que se falló en la atención, pues una primera denuncia se realizó el 2 de mayo, aunque la denunciante no brindó datos sobre la dirección. 

El 4 de ese mes se recibió otra denuncia, pero fue atendida hasta el 6 y la persona encargada de hacer la visita fue hasta el 8 al lugar, pero no encontró la casa. Se supone que las denuncias prioridad uno debe ser atendidas en 24 horas.

Vega dijo a medios de comunicación que en las 52 oficinas se deben aplicar los protocolos correspondientes, aunque admitió que hay fallas y de hecho ya unas que presentaban problemas se han intervenido.

La funcionaria incluso fue llamada a rendir cuentas a la Asamblea Legislativa ante los diputados de la Comisión de Juventud, a ellos les informó que trabajan en la creación de expedientes digitales, porque hay documentos perdidos “manejados “con cuadernos” y que hay datos con matrices incompletas”. 

Con esto- explicó- se podría atender las denuncias con prioridad uno que están pendientes. Sobre el caso de niño fallecido y la no atención a tiempo por parte del PANI, Vega indicó que hay una investigación en proceso para determinar las responsabilidades correspondientes.

La diputada del Partido Liberación Nacional (PLN), Franggi Nicolás, comentó que hay preocupación por parte de sus compañeros de Asamblea Legislativa pues no es nuevo que se sepa de casos que el PANI no atendió a tiempo a pesar de haber recibido denuncias.

También expuso que si el Patronato no cuenta con suficientes mecanismos habría que analizar si es necesario reformular la ley, agilizar los mecanismos o buscar fortalecer la institución, y si es por falta de compromiso del personal habría que sentar responsabilidades y que se destituya “a las cabezas que de manera indolente no han procedido antes estos casos”.

Las denuncias recibidas por el PANI través del 911 pasaron en 2017 de 53 359 a 74 611 en 2018. Este año, solo entre enero y marzo, se recibieron 20 122.

Limitaciones y falta de articulación

Limitaciones en la cobertura, los recursos y el personal, falta de vocación de los funcionarios, necesidad de enfocar el trabajo en la familia y de articulación con otras instituciones estatales. 

Estas son solo algunas de las principales falencias que enfrenta el PANI  a la hora de atender denuncias por agresión a menores, según expuso Sender Herrera, psicólogo clínico, miembro de la plataforma Centro de Psicología y Desarrollo Humano, donde imparte un curso de actualización profesional en Derechos Humanos de Niñez y Adolescencia. 

Este especialista hace un análisis de las diferentes dimensiones de violencia en contra de los menores: la Estructural (relacionada con las acciones que realiza o no el Estado), la Mediática (perpetuada por los medios de comunicación), la Cultural (validación del castigo físico como una forma de disciplinar a los niños), la Social (situaciones de dificultades económicas, de empleo, consumo de sustancias…) la Interpersonal (violencia intrafamiliar, abuso sexual…).

En el caso del PANI, se trata de un tipo de Violencia Estructural, donde “hay una corresponsabilidad de todo el aparato estatal”. 

El psicólogo expone que el Patronato es una institución muy pequeña para atender una situación muy grande. “A nivel nacional no llega a mil funcionarios, las oficinas locales a veces son una para atender uno o dos cantones”, recalcó.

Agrega que a veces en una oficina local hay cuatro funcionarios para atender denuncias de violencia y cuentan apenas con un vehículo para acudir al lugar. 

A esto agrega que no todas las personas que se contratan tienen formación en derechos humanos de la niñez y adolescencia o en cómo atender a ese tipo de población. 

Asimismo, señala que “no todas las personas contratadas creen en el trabajo con familias y en el PANI trabajar con familias resulta un tema altamente relevante”. 

Según explicó, en muchas ocasiones, antes de que se produzca una situación de violencia como las que se han conocido recientemente, lo que ocurre es la aparición de problemas de pareja, de control de la ira, de cómo negociar en conjunto, entre otros.

De acuerdo con él, a pesar de que existe una política nacional para que las instituciones estén articuladas con el objetivo de tratar el tema de la violencia contra los niños esto no ocurre. 

“Hace falta trabajar con familias” 

Herrera observa una desfragmentación interinstitucional. Por ejemplo el PANI se centra en la niñez y adolescencia, el INAMU en las mujeres, “pero a veces la familia queda como en un limbo”.

Si bien las instituciones en sus informes exponen que realizan trabajo con familias, el especialista señala que a pesar de algunas iniciativas incluso positivas (como las Academias de Crianza) estas solo están en ciertas zonas del país. 

Otra dificultad es que las actividades usualmente son en horarios de oficina, cuando los padres por lo general están trabajando.

Una razón más por la que hay que trabajar con las familias, aseguró Herrera, es porque de acuerdo con el INEC, de 100 matrimonios un 50% terminan en divorcio, lo que usualmente genera una serie de conflictos (custodia y pensiones, por ejemplo).

Para este reportaje se solicitó con varios días de anticipación una entrevista con algún vocero del PANI, no obstante, al cierre de esta edición no hubo respuesta.

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