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“La justicia canónica se hace de modo técnico”

  • Pbro. Damián Astigueta, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma 

Danny Solano Gómez
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“Si te acusan de un delito quisieras ser juzgado de acuerdo a ley y que tu nombre quedara salvaguardado, es decir que no apareciera directamente en los diarios y que te juzgaran previamente, si es lo que quiero para mí, pues es justo que lo quiera para otros”.

De este modo, el Pbro. Damián Astigueta, canonista profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, tiene un discurso claro y directo, busca ser objetivo y ecuánime, aunque esto para algunos no sea políticamente correcto.

“La justicia se hace en modo técnico”, afirma, y así es como entiende que debe ser la justicia canónica, por lo tanto, los procesos en los tribunales eclesiásticos requieren igualmente de pruebas, investigación y procesos. 

Astigueta fue uno de los expositores en el Tercer Coloquio Centroamericano de Derecho Canónico, llevado a cabo en Costa Rica del 3 al 7 de febrero, en la Casa Pastoral María Inés Teresa Arias de las Religiosas Clarisas, Moravia. 

En este encuentro se dialogó sobre diversos temas relevantes del Derecho Canónico en la actualidad, materia relacionada con los procesos penales canónicos, como el derecho matrimonial canónico y denuncias contra sacerdotes por casos de abusos. 

Participaron canonistas y operadores de los tribunales eclesiásticos en América Central. El encuentro fue organizado por la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, la Conferencia Episcopal de Costa Rica y el Tribunal Eclesiástico Provincial de Costa Rica.

Nulidad Matrimonial

El Padre Astigueta habló con Eco Católico y expuso que la mayoría de casos en los Tribunales Eclesiásticos son de índole matrimonial.

Según mencionó, es muy importante “entender correctamente cuáles son las causas por las que una persona puede pedir la nulidad de su matrimonio, es decir, declarar que nunca existió ese sacramento”. Otros casos tiene que ver con matrimonios católicos y cristianos que provienen de sectas evangélicas.

Explicó que se han establecido procesos más breves, con lo cual podría haber una conclusión en año y medio, incluso cuando resultan evidentes y se cuentan con suficiente material pueden tardar seis meses.

Para emprender un proceso de nulidad matrimonial una persona debe acercarse a la parroquia o a la Curia Diocesana para conversar con el encargado y exponer su caso.

El sacerdote comentó que a veces los procesos pueden tarde más, por diferentes circunstancias, entre ellas, no contar con suficiente personal. “Los canonistas en Costa Rica son gente muy dedicada pero también están cargados de trabajo”, afirmó. 

Casos de abuso

En el coloquio también hablaron sobre las más recientes leyes canónicas respecto a temas de abuso y encubrimiento, sobre todo porque de verificarse un caso de este tipo se castigue como corresponde.

No obstante, también apuntó que a veces se le llama encubrimiento a casos que no lo son, pues en ocasiones hay quienes pretenden que estos procesos se lleven directamente a los medios sin respetar el secreto de oficio y la dignidad de las partes, de paso toda persona tiene que pasar primero por un proceso antes de que se le declare culpable.

El jurista insiste que debe buscarse una sana transparencia con los medios que permita llevar la investigación y la causa de la mejor manera.

A esto se suma que en ocasiones son las mismas las víctimas de abuso sexual quienes piden que no se actúe y que el caso se mantenga en privado. “En ocasiones los padres piden  privacidad y que se tome una medida contra el cura, pero el chico crece, siente que no se hizo nada y que hubo encubrimiento, cuando realmente no fue así”, explicó.

Para el Pbro. Astigueta cabe preguntarse si, en este sentido, la Iglesia no actuó porque no quiso actuar o no se actuó porque los acusadores así lo pidieron. Agregó que es necesario que las denuncias presenten pruebas y que exista una declaración que quede por escrito. 

Respecto al tratamiento que hacen algunos medios de comunicación, cuestionó si se da el mismo trato a abusadores en otro tipo de cargos o profesiones. “La Iglesia es el único organismo que ha pedido perdón por sus errores, quizá salvo Alemania”, declaró.

Agregó que en los casos de abuso también es importante mencionar que la Iglesia tiene el único ordenamiento en el mundo que aún cuando un delito ha sido prescrito levanta la prescripción, en función de hacer justicia en estos casos.

Respecto a cómo proceder con una denuncia, expresó que en caso de una agresión por parte de un sacerdote, en primera instancia se debe acudir al párroco o, en su defecto, al obispo diocesano. 

Recomienda presentar los elementos mínimos de una denuncia (por ejemplo, tiempo, lugar, modo). “Cuantos más datos concretos pueda ofrecer la denuncia puede ser más efectiva a la hora de hacer una investigación y por consiguiente una sentencia”, afirmó.

Si por ejemplo, un sacerdote es un grosero, pues eso no es un delito penal, pero cabe informar al obispo diocesano para que le llame la atención, si es reiterativo en el comportamiento en algún momento se le pondrá una penitencia.

Dependiendo del tipo de delito y la gravedad, las penas pueden ser que el sacerdote no pueda ejercer el ministerio por un tiempo determinado o hasta su dimisión del estado clerical.

Según informó el Padre Astigueta, si el obispo no actúa, la persona puede dirigirse al Metropolitano (en este caso el Arzobispo), al Nuncio Apostólico o enviar una carta a la Congregación de Obispos en Roma.

 

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