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Cientos de miles peregrinan para la Fiesta del Milagro

  • En el norte de Argentina se realiza una gran manifestación de fe

Danny Solano Gómez
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Durante días e incluso semanas, comunidades del norte de Argentina se organizan para ir en grupos hacia la Catedral Basílica de Salta, y así rendir honor a la Virgen y al Señor del Milagro.

A pie, a caballo, en bicicleta. Van con cantos, bailes y rezos, portan estandartes e imágenes de sus patronos. Se trata de una mezcla de color y cultura norteña. Los mineros llevan sus cascos amarillos y sus chalecos, los gauchos lucen elegantes sombreros y ponchos.

Aun es invierno y las temperaturas llegan hasta 0 grados centígrados. Sin embargo, en el camino se encuentran con el calor de los salteños, quienes les ofrecen bebidas calientes, pan y platos tradicionales, así como un lugar para el descanso. Algunos incluso han atravesado montañas, desierto y hasta la selva para llegar al Santuario.

La procesión

El 15 de setiembre es el día de la Solemnidad. Desde la mañana, las personas se congregan en la plaza al frente del templo. A pesar de ser invierno, este año el sol calentó e iluminó un día hermoso.

Las fuerzas de seguridad, con sus uniformes de gala y sus boinas de colores se ocupan de que todo vaya en perfecto orden, mientras la banda se prepara para entonar las primeras melodías.

Miles de personas agitan en alto sus pañuelos para saludar al Señor y a la Virgen del Milagro que salen de la basílica cargados en hombros. Los niños más pequeños cumplen una promesa y van vestidos de angelitos, otros muestran imágenes propias del Señor y la Virgen del Milagro. 

Después viene la procesión hasta el Monumento 20 de febrero (donde ocurrió una de las batallas más importantes por la Independencia de Argentina), ubicado a unas 25 cuadras. Allí se renovará el pacto de fidelidad: “Señor, nosotros somos tuyos y Tú eres nuestro”.

Al atardecer, las imágenes vuelven en procesión hacia su casa. Nuevamente la plaza al frente del templo se llena de fieles que agitan sus pañuelos, el repique de las campanas recibe al Señor y a la Virgen, y desde el campanario cae una lluvia de pétalos de rosas traídas por los mismos peregrinos.

El obispo da su bendición, se reparten flores, hay emoción, abrazos, lágrimas, sonrisas… los niños juegan, recogen de suelo los pétalos y los lanzan al aire con gran gozo. Todos parten hacia sus casas a la espera del próximo Milagro.

Expresión de fe de un pueblo

El Señor del Milagro es una imagen de Cristo crucificado que data de 1592, proveniente de España por encargo, no obstante, el cómo llegó a su destino en Salta, Argentina, es considerado un hecho milagroso. 

Se cuenta que apareció flotando en un cajón en puerto de El Callao, en Perú, junto a otra imagen de la Virgen del Rosario (destinada al convento de Santo Domingo, en Córdoba). Nunca se supo qué embarcación las traía. De ahí fue llevada en lomos de mula hasta Salta.

Cien años después, un 13 de setiembre, tras una serie de sismos que causaron estragos, la imagen de la Inmaculada Concepción de María (que luego se conocería como la Virgen del Milagro) cayó de unos tres metros de altura y fue hallada sin daño alguno, con su mirada hacia Cristo parecía indicar a los fieles que era necesario rezarle a Él.

Los salteños sacaron la imagen del Cristo Crucificado en andas a las calles, hicieron una procesión, oraciones y rogativas. El 15 dejaron de sentirse temblores y así nació una manifestación popular de fe que se realiza sin interrupción desde 1692.

 

 

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