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Capellanes son servidores del amor de Dios

  • Hospitales y cárceles son sus lugares de servicio

Sofía Solano Gómez
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El Padre Jaime Gutiérrez, capellán del Hospital Max Peralta, en Cartago, está en constante contacto con el dolor, el sufrimiento y la muerte, asistiendo a los pacientes y atento a las necesidades de los acompañantes, familiares y personal de la institución. 

Describe su experiencia como “muy enriquecedora”, en un campo distinto al acostumbrado, en el sentido de que sus 36 años de sacerdocio han estado dedicados en varias parroquias. 

Tiene nueve meses de ser capellán del hospital. Antes lo fue también en el Asilo de la Vejez, en Cartago durante cuatro años. Este tiempo le ha permitido ser guía en la reconciliación, consejería, en la dirección espiritual y desde luego, la celebración de la Eucaristía.

Entre sus anécdotas, recuerda un recién nacido que estaba en la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) de neonatos “y me llamaron con un pronóstico reservado para bautizar un niñito que parecía incompatible con la vida, tenía pocas posibilidades de vivir”.

“El dolor desgarrador de los papás” tras la muerte de sus pequeños es de los momentos más duros. En el tiempo que tiene de ser capellán, ocho bebés han fallecido. 

El sacerdote acostumbra visitar a los pacientes salón por salón, no sólo hace presencia cuando hay algún enfermo agónico, pues reconoce que a todos les gusta ser escuchados, con una que otra excepción por respeto a la confesionalidad de cada persona.

También ha vivido experiencias milagrosas, “por parte de los médicos y la ciencia humana hay personas que quedan desahuciadas, le dicen a la familia que preparen todo para el sepelio y hemos visto casos en que por gracia de Dios se recuperan y regresan a sus casas,” contó.

Ser capellán le permite al Pbro. Gutiérrez dar una atención personal al enfermo, a la familia “me gusta escucharlos, darles una palabra de aliento, de cariño y esperanza en medio del dolor”, dijo.

La espiritualidad -agregó- es fundamental en toda persona humana.  “Cuando las personas reciben la oración y la bendición sienten una paz muy grande, ellos son Cristos vivientes que sufren mucho y la gracia de Dios actúa”.

Recordó el pasaje de Mateo 11, 25-30, como un llamado a fortalecer la espiritualidad y la oración en las personas, como fuerza para llevar con serenidad el sufrimiento y la enfermedad. Dice que las personas ven al sacerdote en el hospital, como signos del amor de Dios que son, ellos mismos lo llaman para que les de la bendición y de esta manera se da un acercamiento.

La tolerancia es el mayor desafío de su servicio. El trato con personas de distintas edades, clases sociales y denominaciones religiosas o que incluso afirman no profesar ningún credo, entre ellas el mismo personal médico, le obligan a ser paciente y tolerante cuando, por ejemplo, pasa a dar la comunión y algunos se molestan.

Otro de los aspectos que considera un desafío es experimentar sus limitaciones, la impotencia ante la muerte y el dolor que causa. 

Finalmente, el Padre invita a las personas a orar por los capellanes, pues “somos personas humanas, sensibles y es una misión dura. Oren para que Dios nos de la fuerza y la gracia para cumplir esta misión. Oren por los enfermos y visítenlos porque ellos son Cristos vivos”, concluyó. 

Apoyo en la soledad

Otro capellán, el Pbro. Manuel Ignacio Gamboa, sirve en el Hospital Nacional De Geriatría Dr. Raúl Blanco Cervantes. Es uno de los 13 presbíteros de la Arquidiócesis de San José que atiende en hospitales.

Su experiencia de dar acompañamiento y soporte espiritual en el centro hospitalario, la brinda igualmente con cuidado a los pacientes, para facilitar su atención y asistencia. 

Él manifiesta que el capellán de cada centro hospitalario debe realizar “una labor encomiable e invaluable brindando apoyo espiritual en la enfermedad y en la soledad que viven en muchas ocasiones los pacientes y sus familiares”.

Cuenta que la labor se brinda a toda hora, según la jornada laboral de las capellanías y ante el llamado que el paciente, las familias, el personal médico o de enfermería hace, de manera que no es solo ante casos de riesgo o urgencia.

Ser capellán implica un visiteo diario por los salones o cubículos de internamiento, las unidades de cuidados intermedios o cuidados intensivos, salas de valoración, urgencias, consultas externas y especialidades. 

Ello para lograr un abordaje permanente con pacientes y familiares, de modo que estén siempre preparados ante eventuales diagnósticos comprometidos o de alto riesgo.

Los capellanes celebran la Eucaristía diaria, “como fuente y cumbre de la vida cristiana”, según dijo. Explicó que hay horarios de confesiones, dirección espiritual o consejería y en algunos centros de salud se imparte la catequesis del bautismo y del matrimonio dirigido a personal de hospitales que tienen horarios muy difíciles. 

También, en ciertas ocasiones se realiza la bendición de infraestructuras, equipos médicos u otros. Cada hospital motiva su fiesta patronal con el personal, el Vía Crucis, la procesión del Corpus Christi y las Posadas en Adviento para dar participación a pacientes y funcionarios. 

“El acercamiento a esta población hospitalaria de internamiento, especialidades o consulta externa nos sensibiliza debido a la epicrisis o diagnósticos de cada paciente y sus niveles de fe y espiritualidad que cada uno expresa en su seguimiento de Jesucristo como hijos de la Iglesia dispuesta a servir a todo ser humano”, dijo el Pbro. Gamboa.

Recordó las palabras que ha reiterado en diversas homilías Monseñor José Rafael Quirós sobre los capellanes: “No es un privilegio de la Iglesia Católica, sino el servicio y el altruismo de Jesucristo velando y cuidando a sus ovejas”. 

Según el presbítero, el impacto que tiene la labor es trascendente, dada la efectividad sacramental donde Dios actúa y se hace presente en la Unción de Enfermos, la Santa Eucaristía y en la comunión diaria de los pacientes, por medio de la mística y entrega de los ministros extraordinarios de la Comunión en cada hospital.

Finalmente, considera que el gran desafío del capellán en comunión con la Santa Iglesia “es hacerse solidario en el lecho de enfermedad con los pacientes y familiares, y esperar con profunda fe la mejoría y recuperación de cada uno de ellos; y cuando hay una fase terminal confortar y anunciar a Cristo Resucitado donde la muerte es ganancia para los creyentes”.

 

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