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Barquero de Dios por 40 años

el . Publicado en Iglesia hoy

  • Mons. José Rafael Barquero, obispo emérito de la Diócesis de Alajuela

Sofía Solano Gómez
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Al cumplirse, el pasado miércoles 1 de mayo, 40 años del Episcopado del Obispo Emérito Mons. José Rafael Barquero, la Diócesis de Alajuela celebró su ministerio con una Eucaristía en su acción de gracias a Dios por su don de servicio a la Iglesia como pastor.

“No somos más que polvo y ceniza, hay alguien que merece todo honor y gloria en esta tierra que representamos, somos sus ministros, demos gracias a Dios por ese don de recibirlo”, dijo Mons. Barquero en agradecimiento a los fieles católicos, religiosos, sacerdotes y obispos que le acompañaron en la Catedral Diocesana.

Con ocasión de su aniversario, el obispo de 88 años de edad, participó de la celebración acompañado de Mons. Ignacio Trejos, Mons. Vittorino Girardi y Mons. José Francisco Ulloa, también obispos eméritos, quienes digirieron a él palabras de gratitud por su servicio.

Sencillo y generoso

A Mons. Barquero, con sus 63 años de sacerdocio y 40 años de ministerio episcopal, “la única actitud que lo llena es la gratitud, a ello nos unimos y lo acompañamos como amigos los obispos, los sacerdotes, como sus formadores, sus amigos, su pastor, su obispo en su diócesis y como su familia; y fieles de distintas comunidades a las que sirvió como pastor”, expresó Mons. José Francisco Ulloa, obispo emérito de la Diócesis de Cartago.

Destacó la sencillez, generosidad y respuesta fiel al Señor a lo largo de la vida de Mons. Barquero. Él tiene muchos motivos por qué agradecer, dijo Mons. Ulloa, desde aquel 1 de mayo de 1979 en que fue ordenado. 

“Supo amar a todos sin distinción, para él toda persona es digna de atención, desde los niños hasta la persona más anciana, fue un amigo que quiso mucho a los sacerdotes, sufría y hasta se enfermaba cuando por algún motivo debía tomar decisiones, de manera especial en los cambios de ministerio”, meditó Mons. Ulloa.

Mons. Ulloa recordó también que Mons. Barquero “ha recorrido su vida de pastor, buscando siempre a las ovejas alejadas para llevarlas al encuentro de Jesucristo camino, verdad y vida”, con disponibilidad total a Dios y de su rebaño.

Deseó que viva los años que le quedan por delante con el mismo espíritu que le ha caracterizado hasta ahora, palabras que compartió también Mons. Ignacio Trejos.

Por su parte, Mons. Girardi, obispo emérito de la Diócesis de Tilarán-Liberia recordó que cuando conoció a Mons. Barquero le impresionó su fortaleza y su corazón tan tierno al verlo llorar en la participación de unos Ejercicios Espirituales que llevó, hecho que le hizo comprender que para él lo más importante eran sus sacerdotes.

El mismo Mons. Barquero agradeció a Dios poder ser parte de una Conferencia Episcopal de Costa Rica que fue ejemplo de unidad en la Iglesia. Al tiempo que recordó momentos como el esperado paseo de pascua, al que asistían como chiquillos todos los obispos, así como su primer viaje a Israel. “Fuimos una Conferencia privilegiada”, agregó. 

Culminó sus palabras deseoso de que ojalá “imiten esa amistad, la unidad, la fraternidad y la alegría de compartir.” Y de que sean testigos y modelo de Iglesia en las comunidades. 

Párroco, formador, obispo…

Monseñor José Rafael Barquero nació el 27 de octubre de 1931 en San Rafael de Heredia, es el sexto hijo de una familia de siete hijos conformada por sus padres, don Manuel Barquero y doña Julia Arce.

Ingresó al Seminario Central de San José, en 1951. Hizo los estudios de Filosofía y Teología, se ordenó presbítero el 22 de diciembre de 1956.

Entre los años 1957 y 1961 ejerció su ministerio sacerdotal como coadjutor en las parroquias de San Carlos y San Ramón, luego como coadjutor territorial de los Chiles y Guatuso y cura párroco en Santa Cruz de Guanacaste.

Fue nombrado Profesor del Seminario Central en las cátedras de Derecho Canónico y Teología Moral hasta 1979. Fue nombrado Rector del mismo entre los años 1968 y 1970. 

Durante su ministerio en el Seminario colaboró en las comisiones nacionales de Pastoral y Liturgia, en el Tribunal Eclesiástico y como Vicario Episcopal de Pastoral en la Diócesis.

El Papa San Juan Pablo II lo designó el 22 de diciembre de 1980 como quinto obispo diocesano de Alajuela, donde sirvió del 22 de diciembre de 1980 al 3 de julio del 2007.

El 27 de octubre del 2006 al cumplir los 75 años de vida, presentó su renuncia al Gobierno Pastoral de Alajuela, según lo indica el canon 401, par 1 del Código de Derecho Canónico, sin embargo, sería hasta el 3 de julio del 2007 que el Papa Benedicto XVI aceptó su renuncia, nombrándolo Administrador Apostólico de la misma, hasta el 12 de octubre del 2007, cuando asume su sucesor, Mons. Ángel SanCasimiro Fernández como Sexto Obispo de Alajuela.

Fuente: Diócesis de Alajuela.

 

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Al cielo un sacerdote fiel

el . Publicado en Iglesia hoy

  • Fr. José María “Chemita” Arguedas, franciscano de Cristo Obrero

Sofía Solano Gómez
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El Pbro. Fray José María “Chemita” Arguedas ha sido llamado a la presencia del Señor en tiempo pascual. El fraile que llevó adelante la obra social de Fray Casiano de Madrid en Puntarenas y vistió el hábito franciscano por cerca de 60 años, falleció a sus 83 años de edad, el pasado 30 de abril.

Debilitado en su salud, el Padre Chemita ofreció al Señor todos sus dolores, sacrificios, penalidades, preocupaciones y llantos de pensar que no podía servir más cuando su misión cesó para descansar, así lo hizo saber a la comunidad el 12 octubre de 2018, con ocasión de su aniversario número 43 de su ordenación sacerdotal.

Servidor de la evangelización 

José María Arguedas, más conocido como “Padre Chemita” en la Diócesis de San Isidro de El General, fue un fraile humilde, de corazón íntegro y carácter tenaz. Un hombre valiente que visitaba a caballo las montañas más alejadas, en largas jornadas de trabajo y servicio por la evangelización, sobre todo de los más necesitados.

De su niñez, se recuerda en una entrevista que dio a Radio Sinaí que eran “tan pobres que hasta el agua nos faltaba en verano cuando el riachuelo se secaba”.

Además, se rememora una inquietud clave para su futuro. “Mamá, ¿quiénes son los sacerdotes?… es que yo quiero ser sacerdote” -preguntó- a lo que ella entre lágrimas respondió: “eso no se lo diga a nadie porque se reirán de usted, los sacerdotes tienen que estudiar mucho y usted ni siquiera ha podido ir a la escuela”.

“Una escuela para mí había sido sólo un edificio que podía contemplar de lejos”, recordó Chemita, quien aún con 15 años de edad era completamente analfabeto. 

Inició su ministerio en la zona de Los Santos, llevó el Evangelio vivo a lo que hoy es Tarrazú y León Cortés; de ahí viajó a Guatemala para encarnar aún más su ideal del pobre de Asís y regresó a Coto Brus.

En ningún potrero o montaña se hizo claudicar, este sacerdote tenía el esfuerzo como norma de vida. Como Pastor se desveló por su pueblo para que pudiera estar alimentado de Jesús Eucaristía, nunca titubeó en levantar la voz para defender al desposeído y ser voz de los que no la tenían.

Dedicó años de servicio en Ciudad Neily y cuando muchos pensaban que ya debía descansar por su jubilación canónica, regresó como párroco a Fila Guinea en donde hizo un trabajo extraordinario. 

Fue fundador de las parroquias de Agua Buena y Sabalito y muy encaminada la de San José en La Guinea, forjador de los Franciscanos de Cristo Obrero, constructor de las casas para sus frailes de quienes sin duda fue padre y maestro, constructor insigne de capillas para que los pueblos más lejanos tuvieran donde celebrar los misterios, y celoso servidor de los niños abandonados.

La pobreza, como su más fiel compañera desde su nacimiento, logró articular de tal manera en su vida que el carisma franciscano lo desempeñó de forma admirable. Supo de los duros retos del trabajo de campo como agricultor de cepa, aprendió a leer de adulto y sin nunca haber pasado por un aula de primaria o secundaria, sino que estudiando por ratos y de la forma más rudimentaria. 

Gracias a su don de aprendizaje, este fraile ordenado sacerdote, puso por escrito las Constituciones que recuerdan la memoria no sólo de los ideales franciscanos sino también el matiz propio del recordado Fray Casiano de Madrid. 

Descubrió su vocación en un Nuevo Testamento que recibió como regalo, su norte cambió luego de haberse soñado “casado, padre de muchos hijos y propietario de grandes haciendas” a preocuparse de la doctrina y piedad cristiana.

“Con 19 años y este Nuevo Testamento, caí en cuenta que, si bien había hecho la primera comunión, con muchos costos a mis diez años, entregado al trabajo había olvidado confesarme y acercarme a Él”, dijo. 

Prosiguió leyendo muchos libros, incluso contra la voluntad de su madre que temía por su cordura. “Era el mes de marzo, época de preparación de la tierra para la siembra; caminaba por el estrecho sendero con mi pala sobre los hombros… de pronto comencé a sentir un gran vacío, y todas mis ilusiones de poder y grandeza me parecieron vanas…” 

Decidió confesarse, recordó haber caído de rodillas ante Jesús Sacramentado, al tiempo que lloraba y temblaba, por un lado, temeroso y por otro, lleno de felicidad. 

“Descubrí en la oración la fuente de vida.” El rosario que aprendió de niño por gracia de su madre volvió a convertirse en compañía y fortaleza para el día, ofreciendo al Sagrado Corazón “la gracia de una definición para mi vida y la fuerza necesaria, para abrazar con gusto el estado de vida que fuera con el consecuente desprendimiento”.

En una tarde, el joven recibió una carta de Fray Casiano de Madrid, en este documento se podía leer: “aunque no tengo el gusto de conocerle, por medio de Rubén, su amigo… he podido darme cuenta de sus buenos deseos de consagrarse… si usted algún día toma la decisión definitiva, ya sabe que tiene las puertas abiertas…”.

Posteriormente, José María Arguedas fue enviado a realizar su postulado en San Ramón de Alajuela el 20 de julio de 1959, y el 4 octubre de ese mismo año vistió “el santo hábito franciscano en la Capilla del Hospital San Rafael en Puntarenas. Aquel el día fue el más lindo de mi vida, pues al llevar el hábito de San Francisco de Asís, sentía haber realizado el sueño dorado de mi vida”.

Con 59 años de haber tomado el hábito franciscano, el 12 de octubre del año anterior celebró sus 43 años de vida sacerdotal en una Eucaristía, presidida por él mismo. Fue ordenado presbítero el 12 de octubre de 1974 en la Catedral de San Isidro de El General, por imposición de manos de Mons. Delfín Quesada.

 “Quiero seguir sirviéndole a la Iglesia ofreciéndole mis dolores, mis sacrificios, mis penalidades y preocupaciones, mis llantos y mi todo, no les voy a negar que he llorado en la cama pensando en que ya no puedo servir más a ella, yo pienso que en el dolor también se le sirve, son 43 años de ordenado, ofrezcan conmigo sus penalidades, sacrificios, sus temores y todo lo que tengan que sufrir por nuestra Santa Iglesia que es nuestra madre”, expresó el Padre Chemita.

Hoy goza de la presencia del Señor, su cuerpo descansa en el Convento de Cristo Obrero en La Pintada.

Instrumento de salvación

“En él, de manera particular, se encarnó la pascua de Cristo, porque él fue signo privilegiado de esa presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros, porque él como sacerdote fue instrumento para llevar a otros la salvación, para acercar a otros a Dios.” dijo Mons. Fray Gabriel Enrique Montero como un motivo de alegría en el que se vivió a través del sacerdote, la muerte y resurrección de Cristo.

El obispo de la Diócesis de San Isidro de El General presidió una Eucaristía, el pasado 30 de abril en el templo catedralicio, en sufragio del sacerdote, donde recordó a “Chemita” como un hombre fiel “qué más se espera de un cristiano, de un sacerdote, de un religioso, sino que sea fiel, fiel a su vocación.”

Además, reconoció su humildad, sencillez y pobreza, “desprendido y simple, que tuvo un corazón abierto para Dios y para todos”, manifestó el pastor diocesano. 

El día de su funeral en San Vito, el Prelado habló de un sentimiento de tristeza por su ausencia, pero también compartió un sentimiento que proviene de la fe de aceptar la voluntad de Dios, que su vez nos da alegría de saber que esa persona ha resucitado ante Dios, la fe y la esperanza cristiana.

“La muerte nos viene a abrir la puerta a la eternidad, nos traslada a un mundo nuevo y maravilloso, como es el de estar en la presencia de Dios”, dijo.

Finalmente, a modo de reflexión, recalcó que, para llegar a la comunión a la patria celestial, en muchas ocasiones equivocamos el camino porque no recurrimos a los medios que el Señor nos dejó, por ello instó a que sea su Palabra la que nos transforme y guíe.

Colaboró el Pbro. Elí Quirós y Radio Sinaí

 

Franciscanos de Cristo Obrero: “celebramos su pascua”

Los Frailes Franciscanos de Cristo Obrero manifestaron su tristeza y alegría por la partida del Padre Chemita, tras pocos días de celebrar la pascua del Señor.

“Nos inunda un sentimiento de alegría a la vez, porque celebremos su pascua a la presencia del Señor”, dijo Fray Jorge Humberto Sanabria, Superior General de la Congregación.

El Superior recordó que en los últimos días en que el Padre Chemita permaneció en la casa San Damian, morada de los frailes, en distintas ocasiones el fraile que en paz descanse, le manifestó que la cruz que cargaba de sus limitaciones y sufrimientos los ofreció por la Congregación, su familia y por la Iglesia, “me dijo que ansiaba ese encuentro con Dios, pero que la aceptaba cuando Dios dijera.”

 

 

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Declaran oficialmente Santuario a la Divina Misericordia en Pérez Zeledón

el . Publicado en Iglesia hoy

  • Templo cuenta con reliquia de Sor Faustina

Danny Solano Góme
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“Todos nos alegramos, especialmente los devotos al Señor de la Divina Misericordia y aquellos allegados a este templo o que forman parte de esta comunidad, tenemos que estar contentos porque hoy surge una realidad nueva”. 

Estas fueron las palabras pronunciadas por Mons. Gabriel Enrique Montero, Obispo de la Diócesis de San Isidro de El General, durante la celebración eucarística con motivo de la declaración del Santuario Diocesano de la Divina Misericordia, en Morazán de Pérez Zeledón, el pasado domingo 28 de abril. 

Cientos de fieles peregrinaron ese día a este templo y escucharon el decreto de erección. Así, este lugar deja de ser una filial de la Parroquia de San Isidro y pasa convertirse en Santuario Diocesano (aunque siempre dentro del territorio parroquial). 

“Aquí tendrá que ser un lugar de encuentro de las personas con Dios, un lugar desde donde se prodigue en todas partes la misericordia del mismo Dios en la persona de Su Hijo Jesucristo”, dijo Mons. Montero.

El padre Froylán Hernández fue nombrado rector del Santuario. El presbítero agradeció profundamente al Señor por hacerse presente en esta comunidad “donde él ha hecho grandes obras”.

Asimismo, hizo una invitación especial “para que hagamos de este santuario un lugar donde Dios habite, donde la puerta esté abierta para todos, para que cada hombre y mujer, que así desee, aquí pueda experimentar la misericordia de Dios. 

Divulgar la misericordia cristiana

La comunidad de Morazán anteriormente contaba con un pequeño templo, pero en 2008 se decidió construir uno nuevo que tuviera las condiciones para albergar a la creciente cantidad de fieles, según se informó.   

También se detalló que desde entonces se deseaba que fuera dedicada a la Divina Misericordia. De acuerdo con la Diócesis, en 2009 se puso la primera piedra y en 2010 se inauguró. 

Desde 2013 resguarda una reliquia de primer grado de Sor Faustina Kowalska, donada por el Convento de la Congregación de las Hermanas de la Bienaventurada Virgen María de la Misericordia, en Polonia.  

El 24 de enero de 2014, Mons. Guillermo Loría, obispo emérito de San Isidro, en ese momento en calidad de administrador apostólico, presidió la ceremonia de consagración del templo y dedicación del altar. 

El Padre Edgar Orozco, Vicario General de San Isidro, aclaró que a partir de aquel momento se consideró Santuario a Jesús de la Divina Misericordia, sin embargo, no había un decreto formal que lo oficializara como tal. 

El sacerdote agregó que devotos, no solo de diferentes partes de la Diócesis sino de todo país, peregrinan a este lugar para encontrarse con el Señor.

Finalidad del Santuario a la Divina Misericordia

El decreto señala que el Santuario Diocesano tiene como finalidad seguir difundiendo el conocimiento y fiel seguimiento al Señor Jesucristo, sobre todo el verdadero sentido de la misericordia cristiana, tal como Él nos la enseñó. 

También especifica que entre sus objetivos está promover en toda forma posible las obras de misericordia corporales y espirituales, así como celebrar con especial solemnidad la fiesta anual de Jesús de la Misericordia.

Asimismo, debe fomentar la devoción de la coronilla de la Divina Misericordia, mantener viva y actual la memoria de Sor Faustina Kowalska, al igual que su testimonio de vida y su total entrega al Señor y a la Iglesia.

 

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Párroco pide ayuda ante riesgo que corren las ruinas

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  • Durante tradicional romería al Valle de Ujarrás
  • El Pbro. Donald Solano hizo una solicitud para que se prevengan daños, ya que el río cercano a las ruinas históricas se está “comiendo” el terreno. 

Ma. Estela Monterrosa S.
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Miles de fieles de la parroquia de Paraíso de Cartago realizaron su tradicional romería con la imagen de la Virgen hacia el Valle de Ujarrás, la que fue su primera casa.

La caminata inició a las 7 a.m. y al llegar a las ruinas de la antigua ermita se celebró una Eucaristía, presidida por Mons. Mario Enrique Quirós, obispo diocesano, concelebrada por los sacerdotes Donald Solano Granados, párroco de Paraíso, y Fabricio Sánchez Bonilla, vicario parroquial. También participaron tres seminaristas de la diócesis. 

En la homilía, Mons. Mario instó a los fieles a dirigir su mirada a María para pedir su intercesión ante su Hijo por las necesidades individuales y colectivas. 

Además, destacó que la paz es un signo de solidaridad y principio para la justicia, “para saber congregarnos y dialogar como personas, creyentes, cristianos”. Asimismo, les invitó a pedirle al Señor que aumente la fe en cada uno, especialmente al vivir en un mundo que se aleja cada vez más de muchos valores tradicionales.

En este sentido, destacó que la peregrinación a Ujarrás es un reconocimiento de la herencia y tradición. Afirmó que “María es la que ha acompañado al pueblo de Paraíso durante centenares de años, es ella quien sigue pidiendo a Jesús para que nuestros hogares y familias sigan animándose en la fe del Señor”.

El prelado agregó que el encuentro comunitario que tiene ocasión con la romería es un valor, una herencia que debe aumentarse y fortalecerse. “Aquí surgió nuestra fe”, afirmó, “esta es nuestra tradición que la enriquecemos desde la fe”.

Por su parte, el Padre Donald Solano, destacó que la romería ha sido declarada de interés cultural por la Municipalidad de Paraíso, por lo que ahora se buscará la declaratoria nacional.

Además, hizo una solicitud para que se atienda el riesgo que corren las ruinas de Ujarrás, ya que el río se está “comiendo” el terreno. 

“Este lugar para nosotros es un lugar sagrado no solo por la fe, sino por la historia (…) En nombre personal, como párroco y unido a la voz de Monseñor, quiero pedirles a las instituciones, al gobierno, a la Municipalidad de Paraíso, al Instituto Costarricense de Turismo y al Instituto Costarricense de Electricidad que por favor unan esfuerzos todavía más, ya que este sitio donde estamos está en riesgo”, afirmó.

El sacerdote agregó que todos los lugareños pueden ayudar, pero es necesario que las instituciones “primereen”. “Si ellos lo hacen, los paraiseños podríamos hacer muchísimas cosas también para proteger las Ruinas y el valle de Ujarrás”, insistió.

Los fieles emprendieron el regreso a Paraíso con la imagen de la Virgen en horas de la tarde y bajo una ligera llovizna. A su llegada se realizó otra Eucaristía en el templo parroquial.

 

 

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Notre Dame nuestra esperanza, nuestra fe

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Danny Solano Gómez
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Cuando la Catedral de Notre Dame ardía, el padre Jean-Marc Fournier, capellán del Cuerpo de Bomberos de París, tuvo la valentía suficiente para entrar en medio de las llamas para rescatar el Santísimo Sacramento y la Santa Corona de Espinas. Su acto fue calificado como heroico.

En las afueras, miles de personas se acercaron para observar como uno de los más famosos templos patrimonios de la humanidad era consumido por el fuego, entre ellos hubo quienes se sumaron a entonar el Ave María; algunos con rosarios en la mano, otros de rodillas, le cantaron a la Madre de Jesús, a quien está dedicada la catedral parisina.

Cuando los bomberos pudieron controlar el incendio y al fin pudieron ingresar al interior, en medio de los escombros, pudieron ver sobre el altar la cruz dorada de pie, iluminada por una luz que provenía de las mismas llamas que aun consumían la edificación. 

También se pudo ver una escultura de la Virgen María con el cuerpo de Jesús en sus brazos después de ser crucificado. La imagen de estas figuras incólumes en medio de la destrucción hizo que muchos vieran un símbolo de esperanza para los cristianos.

El 15 de abril se produjo un incendio en el tejado de la catedral gótica de más de 800 años de antigüedad, el cual ocasionó considerables daños a la edificación. La aguja de la catedral se vino abajo y se perdieron muchos bienes materiales. 

Notre Dame, Notre histoire (Nuestra Señora, Nuestra Historia). Así informó el diario francés, Le Monde, sobre el incendio del famoso templo gótico, propiedad del Estado de Francia, símbolo del cristianismo y reconocido por su gran riqueza arquitectónica, artística, histórica y cultural.

Aun no se conocen las causas del incendio, no obstante, las autoridades han dicho que probablemente haya sido accidental, creen que se pudo haber originado por los trabajos de restauración.

Esta catedral resguarda gran cantidad de reliquias y obras de gran valor artístico, cultural y religioso. Las más conocidas son la Santa Corona de Espinas (que se dice fue la que le pusieron a Jesús en la Crucifixión), un fragmento de madera de la Cruz y uno de los clavos que supuestamente se utilizaron para crucificar a Nuestro Señor.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció su deseo de que la reconstrucción se hiciera en unos cinco años, a tiempo para los Juegos Olímpicos de País en 2024, aunque los especialistas informan que el proceso puede tardar entre veinte y cuarenta años.

¿Qué pueden aprender los católicos?

A pesar de la pérdida material durante el incendio de Notre Dame se observaron gestos de fe como los mencionados al principio de este reportaje que reflejan la esperanza cristiana.

En redes sociales el Papa Francisco escribió un mensaje de ánimo: “Hoy nos unimos en oración al pueblo francés, mientras esperamos que el dolor por los graves daños se transforme en esperanza mediante la reconstrucción. Santa María, Nuestra Señora, ruega por nosotros”.

El padre Manuel Rojas, de la Comisión Nacional de Liturgia de la Conferencia Episcopal, se refirió a qué podían aprender los católicos de un hecho como el incendio de Notre Dame. 

Para ello se apoyó en las palabras del Arzobispo de París, Mons. Michel Aupetit, “quien se preguntaba qué quiere enseñarnos el Señor con esta tragedia, no porque pensemos que Dios lo mandó, sino porque, ya que sucedió, quiere que aprendamos algo”.

De acuerdo con el sacerdote, Mons. Aupetit se refierió a “que nuestra esperanza nunca nos va a decepcionar, porque está fundada no sobre los edificios de piedra que siempre deben reconstruirse, sino sobre el resucitado que permanece para siempre”. 

También, el Arzobispo de París, habló de que se perdió la belleza de un edificio pero no la joya que ella contenía, es decir, Cristo presente en su Palabra y en su Cuerpo entregado por nosotros.

“Creo que la primera enseñanza de esto tiene que ser que nuestra esperanza está en Cristo, aunque haya cosas que se caigan, situaciones que se desmoronen, siempre debemos recordar que nuestro punto de apoyo es Jesucristo, que Él nunca va a fallarnos”, expresó el padre Rojas, quien casualmente hizo sus estudios de especialización en Liturgia en Francia.

El sacerdote también mencionó otra declaración de Mons. Aupetit, donde el Arzobispo recordó el episodio de San Francisco de Asís ante el Cristo de San Damián y lo comparó con lo que vive París. 

“Él (Mons. Aupetit) dice que así como San Francisco nosotros tenemos que reconstruir la Iglesia, pero no reconstruir simplemente un edificio de piedra, sino que es el momento de construir la fe, todos los esfuerzos que se tengan que hacer para reconstruir la Catedral serán solo el pretexto para volver a despertar la fe en muchas personas, que no es que la habían perdido pero la tenían dormida. Esa fe, dice Mons. Aupetit, tiene que pasar por un fortalecimiento de la caridad, porque esa es la fachada de la Iglesia”, agregó el Padre Manuel.

El héroe de las reliquias

La imagen del padre Jean-Marc Fournier con su traje de bombero dio la vuelta al mundo con comentarios como “el héroe que salvó la reliquia de la Corona de Espinas y el Santo Sacramento”. Entró en medio del fuego, junto a otros bomberos, para rescatar estas y otras reliquias. 

En declaraciones recogidas por Aciprensa, el sacerdote explicó por qué lo hizo: “Todos comprenden que la Santa Corona es una reliquia extraordinaria y única; y el Santísimo Sacramento es nuestro Señor presente realmente, su cuerpo, su alma, su divinidad y su humanidad”. 

El sacerdote también conversó con el diario francés La Croix, al que relató que “una vez que Jesús (el Santísimo Sacramento) estaba a buen recaudo, seguí participando con otros diez bomberos, salvando objetos de valor de todas las capillas laterales”.

Contó que cuando rescató el Santísimo Sacramento hizo un pedido especial al Señor. “Cuando el fuego llegó a la torre norte, yo salía con el Santísimo Sacramento. No quise solamente salir con Jesús sino que aproveché para hacer una bendición con Él. Yo estaba completamente solo en la catedral, en medio del fuego, las llamas, de las cosas que caían. Al hacer esta bendición, le pedí a Jesús que nos ayudara a preservar el templo”, narró el capellán.

 

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