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¿La Iglesia fue fundada por Constantino?

el . Publicado en Tus dudas

“Monseñor, de vez en cuando veo el Eco Católico que mi familia trae a la casa y así me he enterado de sus respuestas a las dudas que le presentan. Un profesor nos dijo en clase que la Iglesia Católica no ha sido fundada por Jesucristo, sino por Constantino, emperador romano del siglo IV. Según él, Jesucristo dio origen a un amplio movimiento religioso del cual se han ido surgiendo las distintas iglesias en Oriente y Occidente, la Católica sería una de ellas. Por favor, Monseñor, ¿puede iluminar este punto? Con gratitud”.

Estudiante universitaria - San José

La primera reacción que experimenté al leer su pregunta ha sido de sorpresa: me preguntaba si su profesor había realizado suficiente investigación para afirmar, con demasiada seguridad, que la Iglesia Católica no ha sido fundada por Jesucristo. Sin intención de ofender me hizo recordar un viejo refrán: “la ignorancia es muy atrevida”. 

Ahora bien, es verdad que Cristo dio origen a un extraordinario movimiento religioso pero haciendo comprender a sus discípulos que Él pensaba en una comunidad que hubiese debido constituirse ulteriormente con mayor definición. En efecto, a sus primeros colaboradores (apóstoles) les transmitió extraordinarios poderes que estarían al origen de aquellas estructuras visibles que caracterizarían a su comunidad. Esta intención de Jesús aparece con toda claridad cuando, después de una noche entera pasada en oración, escoge a los doce apóstoles que hubiesen debido ser fundamento del nuevo Pueblo de Dios en continuidad, por una parte, y a la vez en discontinuidad, con el Pueblo de Dios del Antiguo Testamento. (Cfr. Lc 6, 12-19).

Antes de subir a los cielos, según nos informa el evangelista Mateo, “Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan pues, a las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20). En este texto tan luminoso, constatamos que Cristo trasmite a los apóstoles tres fundamentales encargos: el de enseñar, el de santificar (bauticen) y el de obedecer a todo cuanto Cristo mismo había mandado. Son tres actividades, la de enseñar, santificar y mandar, que pronto implicarían el constituirse de una comunidad suficientemente definida y esa sería precisamente la Iglesia o Pueblo de Dios, un pueblo organizado, del cual Cristo es la cabeza. 

Es verdad que en los evangelios no encontramos la palabra “católica”, pero esto no quiere decir que la Iglesia Católica haya surgido después, como aconteció con las comunidades cristianas que se separaron de ella. Este calificativo, católica, se le dio después, así como el nombre “cristiano” no se encuentra en los evangelios y como nos informa San Lucas ha sido en la comunidad de Antioquía, por primera vez, donde se les denominó “cristianos” (Hch 11, 26). 

La palabra católica, que quiere decir universal, expresa una característica fundamental de la Iglesia, en cuanto que apunta a una intención muchas veces expresada por Cristo: Él quiere que su comunidad abarque “a todos los pueblos de todos los tiempos”. 

El primer autor que le da a la Iglesia el nombre de católica ha sido San Ignacio de Antioquía, mártir alrededor del año 110, en una carta dirigida a los cristianos de Esmirna (el actual Turquía). Ya desde el principio del siglo III la palabra “católica” ya tenía un sentido exclusivo que diferenciaba a la Iglesia de Cristo de las otras posibles denominaciones, a tal punto que, por ejemplo para San Agustín la palabra “católica” se vuelve sinónimo del término “iglesia”. 

¿Qué tiene que ver el emperador Constantino? Jesucristo había avisado a sus discípulos que, como le habían perseguido a Él, así serían perseguidos ellos mismos… Y así fue, los cristianos de los primeros tres siglos, a diferencia de los que pertenecían a otras religiones, fueron perseguidos de parte del poder del Imperio Romano. Ha sido por un decreto del emperador romano Constantino, en el año 313, con el cual se le permitía a los cristianos la libertad de profesar su religión, como se le concedía a cualquier otra religión del vasto Imperio Romano. 

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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