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¿Por qué se llama a los jóvenes “Centinelas de la Mañana”?

el . Publicado en Tus dudas

“Monseñor: No soy tan joven, pero tampoco muy mayor. En la parroquia que frecuento, en la oración se hace referencia al Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes y a la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, el año próximo. Estas nuevas circunstancias me hicieron recordar una expresión con que el amado San Juan Pablo II se refería, hace años ya, a nosotros los jóvenes. Nos llamaba “Centinelas de la Mañana”. Monseñor, en una ocasión, hace algún tiempo, a usted también le escuché esta expresión, cuando se estaba refiriendo a jóvenes. ¿Qué se nos quiso decir con esa denominación, Centinelas de la Mañana? ¿Me puede recordar algo? Muchas gracias”.

Jonathan Salcedo J. - San José

Estimado Jonathan, así ha sido: En la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), celebrada en Roma, el Papa San Juan Pablo II, el 20 de agosto del 2000, se dirigió a los muy numerosos jóvenes que le esperaban, llamándolos “Centinelas de la Mañana”.

Hace poco me encontré un libro del difunto Cardenal Carlos María Martini, tan cercano a San Juan Pablo II y por él muy admirado. En ese libro he leído una muy clara y atinada explicación que el mismo Cardenal ha dado de esa expresión.

El Centinela se caracteriza por varias acciones que le son propias. La primera es observar. Él se encuentra en el puesto de observación, en la atalaya, de pie, día y noche, escrutando, porque debe anunciar a los demás lo que ve. He aquí pues, una primera misión que el Papa pedía a los jóvenes. Que ellos sepan observar atentamente: ver en profundidad el mundo propio de los jóvenes, sus compañeros, un mundo confuso, inquieto, a veces un poco amorfo, a veces indiferente, pero siempre rico en valores, entusiasta, lleno de esperanzas, de ilusiones. El joven Centinela está, pues, llamado a preguntarse: ¿qué buscan estos jóvenes compañeros míos?, ¿qué quieren?, ¿qué se oculta bajo la superficie?

La segunda característica del Centinela es la de escuchar. El Centinela trata de auscultar en la oscuridad y ya que en ella no se ve nada, se invita a sí mismo a preguntar y a escuchar atentamente. Entonces, el joven Centinela siente la necesidad de escuchar las preguntas profundas propias y de otros, las que brotan del corazón, tanto las preguntas de la mañana, las que pueden resultar claras, límpidas, precisamente como la luz de la mañana y las preguntas de la noche, que son las más inquietantes, inclusive las más enigmáticas, las más provocativas. El Centinela debe hacerse un experto en escuchar.

La tercera actitud es la de consolar dando buenas noticias. Necesitamos jóvenes que sean capaces de fijarse en lo positivo de nuestro hoy, de no ser en absoluto mensajeros de desventura, multiplicando las lamentaciones estériles sobre la misma juventud. Más bien, se trata de comprender y anunciar el proyecto positivo de Dios sobre los jóvenes de todos los tiempos y, entonces, también de nuestro hoy. Centinela de la Mañana que sabe ver el bien también en situaciones de mal, entre realidades dolorosas y amargas… Jóvenes Centinelas que unidos se hacen más valerosos, más atentos a un proceso de educación para ser creadores y anunciadores de paz, y más fuertes en la oposición de toda forma de violencia.

Hay una cuarta acción propia del Centinela y es la de interceder. El Papa quería que los jóvenes no se conformaran con gestos exteriores. Les pedía que intercedieran por sus compañeros y amigos. El Centinela no debe conformarse simplemente con el ver, escrutar, para luego a lo mejor lamentarse de muchos comportamientos de los que es espectador. Lo que observa le motiva para orar, suplicar e interceder por sus compañeros que, a lo mejor, ve entrampados en situaciones que los dañan profundamente.

Hay otra acción característica del Centinela y es la de amonestar. El Centinela de la Mañana está puesto sobre la atalaya para, en nombre de Dios, pronunciar palabras justas, incluso vigorosas para todos los jóvenes. Como Centinela se encuentra en una situación privilegiada para entrever los peligros que corren hoy los jóvenes de su edad; desde lo alto descubre los falsos senderos, las laderas peligrosas sobre las cuales nadie debería aventurarse. Es una gracia saber prever los peligros y hay que avisar, inclusive amonestar a los propios compañeros.

La sexta acción corresponde a la que nuestro Papa Francisco tanto ha subrayado en su última Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate sobre la llamada a la santidad. Se trata del discernir. El Centinela puede ver más lejos que los demás y así puede intuir el futuro que se acerca. Los jóvenes, pues, están llamados precisamente en cuanto que centinelas a discernir el plan de Dios para el propio futuro y el de las familias y de la sociedad en que se encuentran. Tratarán entonces, de comprender cuáles son las prioridades para el futuro de los mismos jóvenes y de nuestra Iglesia. Cuáles son los caminos que seguir y las sendas para trazar.

El discernimiento es un don del Espíritu Santo, un acto de inteligencia espiritual y, de ese modo, el Papa San Juan Pablo II, como ahora nuestro Papa Francisco esperan que los jóvenes tengan la capacidad de discernir el camino recto que Cristo les muestra y que todos estamos llamados a recorrer. Jóvenes Centinelas que se dejen mover por el Espíritu.

Estos seis verbos que el Cardenal Carlos María Martini, hace unos pocos años, le ofrecía a los jóvenes para que se adueñaran con mayor claridad del significado del título que San Juan Pablo II les atribuía de Centinelas de la Mañana, nos resultan de una actualidad indiscutible. Que el Espíritu Santo nos los haga del todo transparentes.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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