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Natanael

el . Publicado en Sagradas Escrituras

  • Conozcamos hoy a Natanael, el israelita sin falsedad.

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Hoy conoceremos a uno de los primeros discípulos de Jesús, en los comienzos de su ministerio. Es el israelita llamado Natanael, a quien en los demás Evangelios, se le conoce como Bartolomé. Veamos el texto de su vocación por parte de Jesús:

Felipe encontró a Natanael y le dijo: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Natanael le preguntó: “¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?”. “Ven y verás”, le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. “¿De dónde me conoces?”, le preguntó Natanael. Jesús le respondió: “Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera”.  

Natanael le respondió: “Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. Jesús continuó: ¿“Porque te dije: “te vi debajo de la higuera”, crees? Verás cosas más grandes todavía”. Y agregó: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Jn 1,45-51). 

Una llamada en cuatro momentos…

Jesús volvió a Galilea, encontró a Felipe y le llamó: “¡Sígueme!” El objetivo del llamado es siempre el mismo: “seguir a Jesús”. Los primeros cristianos insistieron en conservar los nombres de los primeros discípulos. De algunos conservaron hasta los apellidos y el nombre del lugar de origen. Felipe, Andrés y Pedro eran de Betsaida (Jn 1,44). Natanael era de Caná de Galilea, lugar donde Jesús hizo su primer milagro (Jn 21,2, ver Jn 2,1-12). Hoy, muchos olvidan los nombres de las personas, que están en el origen de su comunidad. Recordar los nombres es una forma de conservar la identidad. 

Felipe encuentra a Natanael y habla con él sobre Jesús: “Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret”. Jesús es aquel hacia quien apuntaba toda la historia del Antiguo Testamento. 

Natanael pregunta: “Pero, ¿puede salir algo bueno de Nazaret?” Posiblemente en su pregunta, surge la rivalidad que acostumbraba existir entre las pequeñas aldeas, de una misma región: Caná y Nazaret en Galilea. Además de esto, según la enseñanza oficial de los escribas, el Mesías vendría de Belén en Judá. No podía venir de Nazaret en Galilea (Jn 7,41-42). Andrés da la misma respuesta que Jesús había dado a los otros dos discípulos: “¡Ven y verás!” No es imponiendo, sino viendo, como las personas se convencen. De nuevo, el mismo proceso: encontrar, experimentar, compartir, testimoniar, llevar a Jesús…

Jesús ve a Natanael y exclama: “Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez”. Y afirma que ya le conocía, cuando estaba debajo de la higuera ¿Cómo es que Natanael podía ser un “auténtico israelita”, si no aceptaba a Jesús como Mesías? Es que Natanael “estaba debajo de la higuera”. La higuera era el símbolo de Israel (Miq 4,4; Zac 3,10; 1 Rey 5,5; Mc 11,12-14.20-25). Por eso, cuando Jesús habla acerca de la higuera, es porque este árbol era el símbolo de Israel y cuando se refiere a un verdadero israelita, describe a un hombre auténtico, que es capaz de ver la verdad y cuando se encuentra con esta verdad (Jesús), es capaz de convertirse. Como muchos otros israelitas, en un primer momento Natanael consideraba que de Nazaret no podía surgir el Mesías, pero al encontrarse con Jesús cambia de parecer.

Jesús, vio en Natanael a un hombre fiel, por esa razón él le dice: “Verás cosas más grandes todavía” y esta promesa, es hoy para todos nosotros. Y es la misma promesa que nos hace hoy si lo seguimos con fidelidad: “Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”. Un israelita auténtico es aquel que sabe deshacerse de sus propias ideas, cuando percibe que no concuerdan con el proyecto de Dios. El israelita que no está dispuesto a esta conversión, no es ni auténtico ni honesto. Él esperaba al Mesías según la enseñanza oficial de la época (Jn 7,41-42.52). 

Por esto, inicialmente Natanael no aceptaba a un Mesías venido de Nazaret. Pero el encuentro con Jesús le ayudó a entender, que el proyecto de Dios no siempre es como la gente se lo imagina o desea que sea. Él reconoce su engaño, cambia de idea y acepta a Jesús como Mesías y confiesa: “¡Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel!” 

La confesión de Natanael no es más que el comienzo. Quien será fiel, verá el cielo abierto y los ángeles que suben y bajan sobre el Hijo del Hombre. Experimentará que Jesús es la nueva alianza entre Dios y nosotros, los seres humanos. Es la plena realización del sueño de Jacob (Gén 28,10-22). Jesús es, pues, la nueva escala de Jacob, el puente entre el cielo y la tierra.

Seguir a Jesús, es un asunto de encuentro personal con Jesucristo y, es de libre elección, es de libre convencimiento. Nos encontramos con Jesús y advertimos algo extraordinario en nosotros que deseamos compartir con aquellos más cercanos, entonces les decimos “vengan y verán”, para que también experimenten como nosotros.  Con respecto a la llamada de Natanael, el Papa Francisco enseña lo siguiente: 

“… ‘Ven y lo verás’… Cada uno de nosotros ha llegado a conocer a Cristo gracias a otra persona. Un sacerdote nos bautizó y nos da los demás sacramentos; en casa o en la parroquia nos enseñaron el catecismo; seguramente algún amigo o amiga en concreto nos ha atraído más hacia la fe… En cada cristiano, a lo largo de los siglos, se repite el evento de Felipe, Natanael y Jesús (De la homilía de S.S. Francisco, 18 de enero de 2015).

Que ojalá como Natanael en la Iglesia, hayamos encontrado a Jesús por el testimonio de otros hermanos.

 

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