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Los pastores de Belén

el . Publicado en Sagradas Escrituras

  • Ellos, los pobres y humildes, visitan a Jesús en su cuna. Hoy ¿quiénes son?

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Mucho se habla de los pastores en Navidad, especialmente cuando escuchamos que fueron a visitar al Niño Dios a su cuna en Belén. Películas, canciones y villancicos a granel cantan esta visita, a veces de manera un poco ingenua e infantil. Nuestros rezos del Niño en Costa  Rica,  especialmente el canto llamado “Alabado”, ponen de manifiesto su pobreza, sencillez y simplicidad. No faltan sus figuritas en nuestros portales, a veces folclóricas y vistosas. Sus caritas transparentan el susto, la sorpresa o la contemplación del  ángel  que los visita como de la mirada absorta del misterio del Niño Jesús, en brazos de María.

Por eso, en España hay un dicho o refrán que dice: “Fulano anda  en  Belén  con  los pastores”. Es como decir, estar distraído, sin  enterarse  de  la realidad, es lo mismo que estar “en Belén con los pastores”. Se dice cuando uno no se percata de lo que ocurre a su alrededor, o de lo que se habla en una conversación, porque está abstraído, embobado, arrobado o ensimismado. La frase evoca a los pastores de Belén: no se daban cuenta de que, a su lado, ocurría el nacimiento de Jesús. Un ángel tuvo que aparecérseles e informarles que había nacido allí, en Belén, “en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lc 2,8-11). Pero mejor vayamos al texto en cuestión:

“… En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el ángel les  dijo:  ‘No  teman,  porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido  envuelto  en  pañales y acostado en un pesebre’. Y junto con el Ángel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: ‘¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra, paz a los hombres amados por él!’.

Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: ‘Vayamos a Belén, y veamos lo que ha  sucedido  y  que  el  Señor nos ha anunciado´. Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido...” (Lc 2,8-20)

¿Quiénes fueron los pastores?

En Palestina, en el tiempo en que nació Jesús, los pastores eran considerados personas de las que no había que fiarse demasiado. No gozaban de buena reputación: la gente pensaba que eran tramposos y ladrones y los acusaban de entrar con los animales y destrozar los campos ajenos, de quedarse con parte de los productos (lana, leche, cabritos), de los rebaños que no eran de su propiedad, de introducir a sus ovejas a pastar en los pastizales de sus vecinos. Por otro lado, las personas religiosas les echaban en cara que no cumplían los mandamientos de Moisés, como, por ejemplo, el descanso del sábado. En realidad, ellos eran gente de clase social humilde que, quizá sólo por la comida o por muy poco más, tenían que guardar, día y noche, los rebaños de los terratenientes; incluso los sábados, mientras que los dueños de los rebaños rezaban en la sinagoga.

Eran personas iletradas y poco religiosas, los  margina- dos de aquellos tiempos. Vivían junto con los animales, separados del resto de la comunidad. A causa del contacto permanente con los animales, eran considerados impuros. Nunca nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido. Pero precisamente a estos pastores  se  aparece  el  ángel del Señor, para transmitirles la gran noticia del nacimiento de Jesús. Ante la aparición celestial, ellos se llenan de temor.

A ellos les manda Dios, antes que a nadie, el recado del nacimiento del Mesías. Ellos, marginados y despreciados por los “buenos”, oprimidos y explotados por los ricos, son los elegidos por Dios para conocer antes que nadie que ha nacido el Mesías; a ellos, antes que al resto del pueblo de Israel, se les comunica la buena noticia que, más para ellos que para cualquier otro, convierte aquella noche en “nochebuena”.

Los pastores, precisamente porque no tenían nada, porque no contaban con nada y porque nada esperaba nadie de ellos, al ser pobres y marginados, pudieron recibir ese anuncio como buena noticia. Ellos son en el Evangelio de San Lucas, símbolo de todos los que ca- minaban en las tinieblas de la opresión y  sentían sobre  sus hombros el yugo de su carga; ellos representan a cuantos necesitaban que se estableciera la justicia y el derecho y que la vara del opresor fuera destrozada, como anunciaba el profe- ta Isaías (Is 9,13).

Por eso, para ellos, el anuncio del nacimiento del Redentor, fue la luz que iluminó la terrible oscuridad de su existencia; y pudieron sentir con más profundidad que nadie, la alegría de saberse amados por Dios, quizá el único que los quería ¡y hasta ahora no se habían enterado!

Los pastores estaban abiertos a la revelación del misterio. Lo han acogido con simplicidad creyéndolo (Lc 2,15.20) y se convirtieron en testigos de lo que a ellos se les reveló (Lc 2,17). Después están también “aquellos que oyeron” lo que los pastores contaron de Jesús (Lc 2,16). Ellos se maravillan, incapaces de acoger el verdadero significado del acontecimiento sucedido entre ellos.

Finalmente está la reacción de María. San Lucas quiere hacer contrastar la reacción de María con la de “aquellos que lo oyeron”. En efecto, la introduce con la frase: “mientras tanto” (Lc 2,19). Como ellos, María no ha oído el anuncio del ángel y no ha visto el coro angélico, pero sí ha oído el testimonio de los pastores. Y sin embargo ella lo acoge. Aprendamos de ellos y de María en esta Navidad.

 

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