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María de Nazareth

el . Publicado en Sagradas Escrituras

  • La madre de Jesús, la virgen de Nazareth, a quien hoy presentamos.

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

“¿Quién será la mujer, que a tantos inspiró, poemas bellos de amor? Le rinden honor la música y la luz, el mármol, la palabra y el color.

¿Quién será la mujer que el rey y el labrador invocan en su dolor, el sabio, el ignorante, el pobre y el señor, el santo al igual que el pecador?”

Muchas veces hemos cantado estos versos dedicados a María, la madre de Jesús. Y en ellos reconocemos que, en el arte en todas sus formas, la música, el cine, la literatura y demás (comenzando con el Nuevo Testamento), se nos presenta a María, a quien hoy dedicamos estas páginas con cariño y veneración. De sobra conocidos por nosotros son los lugares, los nombres o advocaciones, los santuarios y de las diversas devociones y culto, que los cristianos (católicos especialmente), tributamos a María. 

En el Eco Católico, así como también en las homilías, comentarios, discursos y textos sin fin, se ha hablado hasta la saciedad de aquella mujer de Nazareth, que tuvo la dicha y el privilegio de ser la Madre del Señor Jesús. Es como enseña San Juan (aplicándolo a ella): “si quisiéramos escribirlas una por una, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo” (ver Jn 21, 25b.c), al tratar de María.

¿Qué dice la Biblia acerca de María?

Son pocos los textos que hablan de ella, pero lo suficientemente expresivos y precisos, en los que descubrimos su especial papel en la historia de la salvación. En el orden de su redacción, vamos a ver cómo los autores sagrados la fueron descubriendo y luego escribiendo acerca de ella.  En efecto, los primeros escritos del Nuevo Testamento fueron las cartas de San Pablo. Pero de María no tienen ninguna referencia, salvo el texto de Gál 4,4, que dice que “cuando llegó la plenitud de los tiempos, Jesús nació de una mujer”. Lo que quiere decir que todavía los datos sobre ella apenas estaban empezando a escribirse, porque para San Pablo los datos más importantes eran acerca de Jesús, de su muerte y resurrección o de sus enseñanzas para las primeras comunidades cristianas. Aquí María no es nombrada por su nombre propio, pero la “mujer” en cuestión, no puede ser otra que ella, siendo la garantía más cierta y más segura sobre la humanidad del Señor.

Luego escribió San Marcos su evangelio, el primero en escribir sobre la vida de Jesús. De María solamente tiene dos pasajes en Mc 3,31- 35 mencionada como madre del Señor con los hermanos (parientes), y el de Mc 6,1-4 donde Jesús aparece como hijo suyo. Estos pasajes subrayan la importancia de la nueva familia de Cristo, la comunidad, que escucha la Palabra de Dios y la cumple. Que esa es la verdadera familia de Jesús. Pero María aquí es nombrada sólo de paso.

San Mateo, posteriormente, escribió su evangelio con base a San Marcos, pero buscando informaciones propias, en especial, sobre la infancia de Jesús. Y así habla del árbol familiar de Jesús, de su concepción virginal, de la visita de los magos de Oriente y de la huida a Egipto (Mt 1-2). Nos presenta el papel maternal de María, pero especialmente el protagonismo de San José. Aun así le faltó escribir más de Ella.

San Lucas, por su parte, escribió su Evangelio, donde nos habla con detalle de la madre de Jesús: su anunciación, su visita a Isabel, del nacimiento de Jesús, de la presentación en el templo y de la pérdida del niño Jesús (Lc 1-2). Aquí ella es la protagonista, es madre, modelo de creyente, llena de gracia, servidora, mujer atenta a la Palabra de Dios, la perfecta discípula. San Lucas profundizó mejor que todos en la persona de María y además, compuso dos pasajes más sobre ella, al hablar indirectamente de la concepción virginal en Lc 3,23 y en la mujer anónima que la alaba en Lc 11,27. 

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas cuenta de la presencia de María, en los comienzos de la comunidad cristiana, con las mujeres galileas, los once apóstoles y sus parientes, reunidos en oración (Hech 1,14). La presencia de María, que orando espera la efusión del Espíritu, nos recuerda el papel que desempeñó en la encarnación del Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo (ver Lc 1, 35). 

En el libro del Apocalipsis (12,1-6.17), cuando ya se tenían todos estos datos anteriores sobre María, el autor la presenta ensalzada y gloriosa, es decir, simbolizando a la Iglesia perseguida de entonces. Aparece con muchos hijos (los cristianos) que huyen del Dragón (el Imperio Romano que los persigue) al desierto (algún lugar seguro) y son alimentados por Dios (la Eucaristía).

También Juan escribió más sobre ella: en las bodas de Caná (Jn 2,1-12) en las que aparece como “mujer” modelo de la Iglesia, como símbolo de la Iglesia que se une a Cristo- Esposo y en Jn 19,25-27 como símbolo de la Iglesia- madre, al pie de la cruz de su Hijo. De “menos a más”, podríamos decir. De ser una mujer casi no nombrada en las cartas de Pablo, pasando por Marcos (mencionada discretamente) y en Mateo como madre virginal de Jesús; en Lucas como protagonista de su infancia, en Hechos como madre de la primera comunidad y en el Apocalipsis, junto al Evangelio de Juan como símbolo de la Iglesia perseguida, la Iglesia esposa y la Iglesia Madre. 

Como vemos, en todo este breve recorrido, el Nuevo Testamento nos presenta finalmente la grandeza extraordinaria de esta humilde mujer, que tuvo el privilegio de ser la Madre del Señor y Madre nuestra, según la fe de la Iglesia.

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