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Amor que persevera en cruz: amor perfecto

el . Publicado en Opinion

Irving Calvo Vásquez
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Repasar la vida es un ejercicio muy válido y enriquecedor, más cuando vemos que el Señor ha estado presente llevando adelante un camino, un sueño que se va construyendo todos los días. Mi nombre es Irving Calvo Vásquez, de 29 años y oriundo de la Parroquia Inmaculada Concepción de Tejar de El Guarco, Diócesis de Cartago. 

Mi vida se desarrolla en una familia muy unida y llena de Dios, con sus luchas y aciertos. Crecí en un ambiente muy sano, como cualquier niño con muchos sueños e ilusiones. El Señor a través de estos años en medio de la realidad escolar y colegial fue llevando mi vida por diversos caminos y hasta lugares, pero siempre con el deseo que le respondiera a su llamada de amor y misericordia. En el año 2005 al salir del colegio, en realidad no sabía qué estudiar o cuál sería mi camino, pero a pesar de esas dudas ingresé a la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) a llevar las carreras de Administración de Recursos Humanos y Administración de Negocios. Unido a esta etapa universitaria, inicié un camino de fe en grupos juveniles, primero en la Ciudad de los Niños con los jóvenes internos en esta institución, luego con los jóvenes en la Pastoral Juvenil de la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles y en el Movimiento de Encuentros de Promoción Juvenil. En el año 2013, al continuar mis estudios universitarios, teniendo un trabajo estable en el Ministerio de Seguridad Pública y con un servicio pastoral intenso con los jóvenes, el Señor inquieta mi corazón a responderle en una vida de mayor sacrificio y entrega, a través del ministerio sacerdotal. 

Decidí ingresar al Seminario Introductorio el 8 de febrero de 2015. En realidad, no sabía a lo que iba ni cuáles retos tendría esta experiencia tan maravillosa, pero siempre el Señor sostuvo esta inquietud. 

Tuve que tomar decisiones importantes, como interrumpir el proceso de formación al terminar el primer año en la Sede de Paso Ancho en el 2016. Esta decisión marcó mi proceso y mi vida, ya que por primera vez no todo salía de la “manera planeada y planificada”, como dice la canción: “Que bueno que al final nada salió como esperabas, que no todo pasó como soñabas, que no todo caminó”. 

A pesar de ello, continué tratando de responder a la llamada del Señor, que no se dejó esperar, y siguió inquietando mi vida con diversas experiencias en el ámbito laboral y en el servicio a la Iglesia, y es así como dos años después retomé mi proceso de formación en el Seminario Nacional y curso actualmente el II Nivel de la Etapa de Formando Discípulos Misioneros de Cristo, con la esperanza y alegría del llamado. 

A través de mi historia, he podido ver que no hay otro camino para llegar a la verdadera y plena felicidad que el camino de la Cruz, el camino que nos cuesta, que nos duele en muchas ocasiones, pero después de este camino, podemos resucitar a una vida nueva, donde el Señor lleva a plenitud su plan. 

Quiero concluir con una frase de otra canción que marcaría mi proceso y de la cual me convenzo de esta experiencia el Señor quiere mostrarme: “Volverás a sonreír, pero con mejor sonrisa porque aprendiste a vivir”. 

 

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