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“Mi vocación nació con la Virgen María”

el . Publicado en Opinion

Edgar Josué Gamboa Arce
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Mi nombre es Edgar Josué, soy oriundo de la Parroquia Santa Rosa de Lima, en Santo Domingo de Heredia, Arquidiócesis de San José. Tengo 23 años y estoy en mi quinto año de Seminario, nivel I de la etapa Formando Pastores al estilo de Jesús.

Mi vocación nació con la Virgen María, a ella le debo gran parte de mi proceso vocacional, aprendí a rezar el rosario con mi abuela mientras jugaba cuando apenas tenía cuatro años, luego durante la niñez y la juventud, el llamado fue madurando. Fui monaguillo, catequista y pertenecí a la Renovación Carismática Juvenil. Soy hijo único, sin embargo de parte de mi familia siempre existió un apoyo incondicional. Quizá fui un joven que siempre le gustó estar en las cosas de la Iglesia, pero veía como la vocación iba naciendo desde la naturalidad de un joven cualquiera. Entre mejengas, libros, amigos, noviazgos, los videojuegos, el baile, la música, Dios fue preparando el terreno para la cosecha que él quería disponer. Todo esto es un misterio, como Dios llama desde la cotidianidad, solo él sabe el por qué. Me negaron la entrada al seminario en el 2014 ya que aún era muy joven, aproveché ese año para estudiar en la universidad y trabajar, experiencias que valoro y me ayudaron mucho. 

Entré al seminario en el 2015 cuando tenía 18 años aún, con muchísimas ilusiones, sueños y a la vez con retos. Hoy, luego de cinco años, puedo estar seguro que el Seminario es el corazón de la Iglesia donde aprendemos a amar como Jesús, es el vientre de María donde nos formamos para ser In persona Christi, es la escuela de la Iglesia para moldear estas vasijas de barro que llevan un tesoro por dentro. 

Durante estos años de formación he dado pasos importantes, moldear el corazón según el de Cristo no es fácil, sin embargo a pesar de los momentos difíciles, en el Seminario soy feliz, pleno y he ido poco a poco encontrando un estilo de vida en la cual un hombre se puede realizar. 

Sueño con ser sacerdote, sueño que con mis acciones -por más sencillas que parezcan-  podré hacer que otros se sientan mejor, sueño con estar cerca de los jóvenes, de los pobres, de aquellos que han sido olvidados por la sociedad, sueño estar atento a todo aquel que lo necesite. No se puede vivir solo de ideales, todo esto implica una gran responsabilidad y seriedad en la formación, ser consiente que lo hacemos implica poner alma, vida y corazón, para algún día llegar a ser los pastores que el pueblo de Dios necesita y merece.

Una de las cosas que más he disfrutado del Seminario es el servicio pastoral que realizamos en las parroquias donde nos envían, cuántas enseñanzas, cuántas ilusiones vemos en esas realidades en las que algún día llegaremos a servir, parroquias como Santa Rosa, La Gloria, San Isidro y Pitahaya han marcado mi corazón, y las personas, amigos y sacerdotes que han ido influyendo en mi camino, han ido formando poco a poco a un futuro pastor.

Si volviera a ver hacia atrás diría que todo ha sido gracia y misericordia, tengo tanto que agradecerle a Dios, y volviendo a ver hacia el futuro espero que ese primer amor nunca se borre, si no que más bien siga madurando y sea el Señor mismo quien lo lleve a feliz término.  

No quisiera terminar sin motivar aquellos que tienen miedo o que aún no se deciden, se los digo con todo el corazón, esto vale la pena, vale la vida, aunque es un don inmerecido. Dios pasa muy cerca, pasa por nuestra historia, quiere que nos asemejemos a Él, he aquí el secreto de todo, en cuanto más cerquita estemos del sagrario más parecidos a Jesús saldremos. Y por favor, no dejen de rezar por nosotros.

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