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Julen, el niño de Málaga, y la vida

el . Publicado en Opinion

Mons. José Francisco Ulloa Rojas
Obispo Emérito de Cartago

Un niño de dos años, llamado Julen, cayó en un pozo de 110 metros de profundidad en Málaga, España, sus padres sumidos en el dolor lloraban desesperadamente. Los equipos de rescate y de salvamento especializados en estos accidentes se organizaron en la búsqueda  del niño, con la esperanza de encontrarlo con vida. La noticia conmovió al mundo y todos los medios de comunicación y redes sociales la siguieron paso a paso, día a día. “Dios quiera que nuestro trabajo tenga resultados que todos esperamos”, afirmó uno de los expertos del equipo de rescate. Han acudido empresas internacionales con la más moderna tecnología,  para colaborar en esta tarea. Se calcula que fueron más de cien personas las que laboraron en este trabajo complejo de salvamento. Uno de los líderes preocupados y angustiados que dirige la operación de rescate declaró en una entrevista: “Julen es un niño de todos nosotros y por eso estamos aquí”. 

A todos nos llama la atención  y nos impresiona este esfuerzo sin límites por salvar la vida de un niño. La humanidad es consciente que la vida humana es el valor más precioso y más grande que existe. Con la vida no se juega, porque es de origen divino. Por eso, todo lo que se haga por salvar una vida humana es poco, comparado con todo aquello que es relativo y pasajero. Todo lo que atente contra la vida es delito y es signo de muerte. 

Da tristeza y es muy lamentable que mientras se lucha con todos los medios al alcance de la inteligencia humana por rescatar la vida apenas incipiente de un niño, que vale más que todas las riquezas juntas del mundo; en nuestro país, respetuoso por constitución de la vida como inviolable se tenga listo un decreto para firmar la pena de muerte de los no nacidos, del aborto que engrosa la cultura de la muerte.  

Se quiere condenar a muchos niños a la muerte en el vientre oscuro de la madre, privándoles de la primera  palabra, mamá, como la gritaría Julen insistentemente, mientras se hundía en aquella oscuridad del pozo. Padres como los de Julen que lloran amargamente a su hijo por amor. Se legaliza a madres que cargarán en su conciencia para siempre, el dolor del odio por  el hijo que arrancaron del pozo de su vientre no para la vida, sino para la muerte.  

El intento tenaz de rescate de Julen en Málaga, nos debe hacer pensar que la humanidad todavía cree en la vida como valor absoluto y que vale la pena todos los sacrificios y esfuerzos por salvarla y que hay esperanza de abolir la cultura de la muerte y reconstruir la cultura de la vida. 

 

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