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Jóvenes son llamados a la santidad

el . Publicado en Opinion

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

Muchos jóvenes, también venidos de tierras lejanas, están viviendo estos días con mucha ilusión y, en la fraternidad que experimentan, constatamos que en Cristo no hay fronteras, todos somos hijos de Dios y, por tanto, hermanos. 

La Iglesia presenta a estos jóvenes el ejemplo de respuesta fiel al llamado de Dios en la figura de María, quien desde su humildad asumió la propuesta que Dios le hacía por boca del Ángel: «Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.» Su admirable confianza y fortaleza en Dios la lleva a pronunciar “hágase en mí según tu palabra” (Cf. Lc 1,26-38). 

Sabemos que en dicha aceptación no se filtró deseo humano alguno de protagonismo ni de fama en el corazón de María; ella, sencillamente se donó y su ejemplo es inspirador para todos aquellos que quieran proclamar la grandeza del Señor. 

Pero esta disposición total al plan de Dios sólo se alcanza a través de la oración, de ese diálogo sincero que brota de quien humildemente se coloca ante Dios como su Creador. María da ejemplo de oración en su plática con el Ángel: “Ella se conturbó por estas palabras, y preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios”. María estaría impactada en ese momento, pero, se atreve a preguntar, y lo hace, no por desconfianza, sino porque, al escuchar lo que se le anuncia, es consciente de su realidad humana y sabe que necesita de la fuerza de Dios para poder responder. 

Este mismo anhelo de respuesta a Dios lo descubrimos en los santos patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud quienes, en medio de las dificultades, menosprecios, y persecuciones se mantuvieron firmes en su fe y testimonio de vida. San Oscar Arnulfo Romero, la beata sor María Romero, san Joselito, santa Rosa de Lima, etc., sus vidas reflejan hermosamente las maravillas que Dios realiza en quien es dócil a sus mandatos y con humildad hace su voluntad. Ellos al igual que María, no tuvieron miedo de entregarse al Señor desde su juventud. 

Hoy, miles de jóvenes siguen recibiendo ese llamado último a la santidad y, como María, abandonados en Dios, tendrán la capacidad suficiente para responderle, hacer de sus vidas una ofrenda agradable a él. Quien se entrega no pierde nada, lo gana todo, pues es él quien llena la totalidad de nuestra existencia. 

Como lo hice en el encuentro con los jóvenes peregrinos a la JMJ, reitero la invitación a todos los muchachos a poner su mirada y su corazón en el Señor. Ante las incertidumbres, la soledad, la inseguridad, la falta de esperanza, las malas decisiones, la necesidad de ser aceptados y otras situaciones presentes en sus vidas, es Jesús, el joven por excelencia y el amigo que nunca falla quien les dice “Vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo les aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para su vida.” (Mt. 11, 28-29). Llamo a los jóvenes a dejarse seducir por estas palabras tan llenas de comprensión y misericordia, y nunca se arrepentirán de dar ese paso hacia delante y tomar la mano de Jesús para caminar con total seguridad. 

Con toda claridad lo manifestaba el Papa Francisco en la carta que envió a los jóvenes con motivo del pasado sínodo; “No tengan miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro.” 

Que el Señor siga llenando sus corazones de valentía y decisión, para que como María con su vida digan a cada momento “hágase en mí según tu palabra”.

 

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