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Jóvenes valientes como María

el . Publicado en Opinion

Faltan pocos días para iniciar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) -Panamá 2019- y el entusiasmo de los jóvenes en torno a este encuentro de fe es contagioso. Miles de muchachos, firmes en sus convicciones, testimonian ante el mundo la alegría de ser cristianos, un gozo que no se finge, que va a contrapelo de las risas forzadas de “una cultura no alegre que inventa de todo para entretenerse” ; un regocijo que “no se compra en el mercado, sino que es un don del Espíritu”. 

En tiempos en los que se insiste en la indiferencia religiosa de los jóvenes, paradójicamente, he podido constatar cómo el asistir a este magno evento ha significado un gran esfuerzo para muchos de estos muchachos, sus familias y sus parroquias, que con rifas y otras actividades, han logrado financiarse, nada ha sido obstáculo para responder con entusiasmo al llamado de poder vivir una experiencia de encuentro desde la fe en Cristo, que sin duda maracará sus vidas de manera positiva.

En ellos descubrimos fuertes motivaciones, algunos con compromisos pastorales muy bien definidos, otros buscando respuestas a sus inquietudes vocacionales, hay quienes empiezan un recorrido de fe que busca la madurez y hasta quienes, por “influencia” de sus amigos y venciendo prejuicios se encaminan, por primera vez, a dejarse cautivar por Jesús. Ellos son el presente de la Iglesia, ese rostro joven e ilusionado que quiere ser fiel a Cristo.

La JMJ nos llena de esperanza e ilusión. Es un nuevo pentecostés, una experiencia de encuentro con Dios para fortalecer la fe, la esperanza y el amor, para disfrutar de la alegría compartida, para constituirse en artífices de una Iglesia más coherente y una sociedad más preocupada por vivir los auténticos valores, donde se coloque al ser humano como centro, pero sin marginar la fe. Un humanismo sin Dios no es verdadero humanismo.

Dios confía en los jóvenes, sabe de sus anhelos y expectativas, valora su entrega, sacrificio y compromiso.  Precisamente, días atrás, contemplábamos en la liturgia el ejemplo de aquella muchacha de Nazaret que, al revelársele el maravilloso proyecto de Dios, libremente, se abandona en sus manos: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” 

En María, la joven llena de ilusión e ideales cada muchacho puede sentirse identificado pues ella, en su plena juventud, se entrega generosamente al plan de Dios y su “Sí” le va a llevar por caminos sorprendentes y nuevos. Más aun, María acoge a todo joven como su hijo, como hiciera con el discípulo amado, convirtiéndose en maestra y compañera de camino.  

María es modelo y referente para los jóvenes pues con su generosidad, entrega y compromiso anima a seguir con fidelidad a Cristo. Ella supo estar cerca de su Hijo, siempre disponible para quienes la necesitan, invitando a todos a confiarse enteramente en Dios: “Hagan lo que Él les diga”. 

Este consejo de nuestra Madre Santísima para vivir conforme a la voluntad de Dios nos conduce a hacer plena nuestra vida. La Iglesia no se cansará de proponer a María, joven valiente, como modelo de auténtica vida cristiana que inspira su camino. En ella se tiene el ejemplo sobre lo que es capaz todo joven, cuando se deja conducir por la acción del Espíritu, todos los obstáculos se vencen, con tal de ser fiel hasta el final.

Que María anime, día  a día, la fe de nuestros jóvenes, para que al igual que ella “proclamen la grandeza del Señor” con sus propias vidas. Que no tengan miedo de llegar hasta el pie de la cruz, con tal de ser fieles proponentes de un estilo de vida que tiene sentido, porque trasciende tanta superficialidad que muchos regalan hoy.

 

 1Papa Francisco, 28 de mayo del 2018

 2 Idem

3Lucas 1,38

4Juan 9, 25-27

5 Cf, Juan 2,1-11

 

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