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Dios se ha pasado de bueno conmigo

el . Publicado en Opinion

Anthony Josué Solano S.
III de Formando Pastores / Diócesis de Alajuela

En mi historia no hay una luz que viene desde el cielo y de la cual, de una forma misteriosa, salió una voz que retumbó a mi alrededor. Lo que hay ha sido el paso silencioso y suave de Dios, que con su presencia permanente ha trasformado lo que soy. 

Mi nombre es Anthony Josué, tengo 24 años, soy el mayor de cinco hermanos y oriundo de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, en Tacares de Grecia. Desde pequeño con mi hermano jugaba a hacer misas, yo celebraba y él me cantaba la misa, cada uno hacía lo que quería hacer de grande en ese momento. 

Tuve una infancia normal, hice la primaria en la escuela de mi pueblo. Concluyendo mis estudios de secundaria lo que quería estudiar era enseñanza en las matemáticas y así se lo decía a todos, pero en el último año del colegio (2012) viví los encuentros vocacionales a escondidas, los hice así porque quería escoger en libertad entre las matemáticas y una posible entrada al seminario. En su momento no descartaba ambas opciones.

Durante los encuentros vocacionales pensaba que no me iban a dar la oportunidad de ingresar al seminario, ya que para ese momento todavía era menor de edad. Llegó el momento difícil al final de ese año, ya que tenía todo para estudiar y ser profesional y también la admisión para vivir el proceso formativo en el seminario. Era una decisión que indudablemente iba a cambiar mi vida y la de mi familia, pero hice un alto en mi vida, miré mi historia, contemplé el paso de Dios y decidí por lo que más me iba a hacer feliz: servir. Lo más complicado fue decirle a mis padres, ya que ellos pensaban en ese momento que iba a vivir la experiencia de los estudios superiores, ellos se dieron cuenta 15 días antes de entrar al seminario.

El proceso formativo ha sido un tiempo de gracia. Dios se ha pasado de bueno conmigo y he podido ser muy feliz dentro de la vida de la Iglesia. El seminario me ha enseñando a disfrutar los periodos de crisis y de sufrimientos, porque he aprendido que detrás de estas experiencias viene la madurez, pero también me ha enseñado a disfrutar de los momentos intensos de oración, de estudio, de encuentro con las personas y de la soledad.

Una de las experiencias que más me han marcado es el acompañar la vivencia de la fe en el Hospital de Alajuela en los meses de diciembre y enero de los años 2017-2018. Ser partícipe de la experiencia de dolor, de la soledad, la reconciliación, ver de cerca el milagro de la vida, vivir con personas la experiencia de la muerte y compartir la oración como medio de consuelo y de misericordia ha sensibilizado mi corazón hasta tal punto que ha sido un momento alto para reafirmar mi convicción vocacional.

A mi séptimo año de formación, puedo decir que el mérito de todo esto, de mi crecimiento interior, de mi madurez vocacional y de la formación del corazón ha sido de Dios y por Dios. Ha sido Dios quien ha tenido la iniciativa de llamarme, ha sido Él quien ha pronunciado mi nombre, quien me ha sostenido fuerte, ha sido Él el que ha consolando mi corazón ante los momentos de duda y de debilidad. Dios ha permanecido eternamente fiel en mi vida. 

He aprendido durante este tiempo a responderle con generosidad. Él me ha llamado completo, con mi historia, debilidades y potencialidades. El secreto para ser feliz en medio del llamado es aprendiendo a amar todo lo que uno es, porque si no ama toda la vida, esta se convierte en una carga. Dios me ha llamado a ser feliz en un estilo de vida concreto, como medio para vivir junto a Él en la eternidad. 

 

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¿Dominen o cuiden?

el . Publicado en Opinion

Mons. Vittorino Girardi S. mccj
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

La Sagrada Escritura nos permite descubrir cómo Dios ve al mundo y en él al hombre; qué piensa Él de lo creado y de nosotros. Si esto es verdad, en general, de la entera Sagrada Escritura, lo es de un modo muy particular, del primer libro, el Génesis.

Para comprender cualquier realidad, hay que estudiar su origen, y el Génesis nos narra precisamente los “orígenes del mundo y de la humanidad”. 

Desde el comienzo se nos ofrece una fundamental afirmación. La debemos asumir como criterio o norma de juicio siempre. Es la siguiente: en el versículo 2 del primer capítulo leemos: “la tierra era caos y confusión y obscuridad”. Es decir, si prescindimos de la acción de Dios, el mundo es caos. Crear es liberar de la confusión, es poner en orden, iluminar. Es por eso que la primera criatura, es precisamente la luz. 

Obviamente el relato de la creación, no pretende en lo absoluto ser “científico”, aunque el Autor sagrado se sirva de las nociones acerca del mundo que eran comunes en su tiempo. Tampoco es un relato “histórico”, si bien el primer relato de la creación se va desarrollando según un proceso y progreso que son propios de un relato histórico. Se trata de una narración teológica, es decir, se narra para enseñar, para revelar así la “mente” de Dios y su proyecto en relación con el rey de lo creado, que es el ser humano. En este relato, se nos habla de Dios en cuanto que se nos revela su acción en el mundo y se nos habla del mundo en cuanto que este recibe la plenitud de su ser en su referencia a Dios. Acabamos de escucharlo: sin la acción de Dios, “todo sería caos, confusión, obscuridad”, sería “el abismo de la nada”. 

Frente a esta obscura posibilidad, el Autor sagrado, con insistencia nos repite que Dios “vio que era bueno”. Lo era cada categoría de seres y así Dios ve que “todo era bueno y que todo estaba muy bien” (Gen 1,31).

Se trata de un mundo o “cosmos”, a saber, conjunto ordenado y bello y Dios sella tanto orden y belleza, con su bendición. Él, no bendice solo al ser humano, sino a todos los vivientes, plantas y animales: Dios los bendijo diciendo, “sean fecundos y multiplíquense, llenen las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra” (Gen 1,23).

Dios nos ha dado pues un mundo “bello, ordenado (cosmos) y bendecido”.

El hombre, a su imagen y semejanza

En la cumbre de la pirámide de lo creado está el hombre. La acción creadora de Dios culmina llamando a la existencia un ser que es –y aquí nos encontramos con lo absolutamente inesperado– “imagen y semejanza de Dios” (Gen 1,26). El hombre es la criatura más cercana a Dios: es imagen de Dios por su ser personal, por su capacidad creadora, porque puede tomar consciencia de la presencia y de la acción de Dios y porque puede “interpretar” el mundo como obra de Dios. De este modo, llega a ser como el Sacerdote que, contemplando la acción de Dios en el mundo, lo alaba, le bendice y le da gracias. “Alaba alma mía al Señor; ¡Dios mío, qué grande eres!”, canta el salmista (S 103). “¿Y qué es el hombre para que te acuerdes de él? Poco inferior a un Dios lo hiciste; todo lo sometiste bajo sus pies. Oh, Dios, Señor nuestro, qué glorioso tu nombre por toda la tierra” (S 8). En el hombre, todo lo creado, como que adquiere voz para reconocer y narrar a su Creador, como lo expresa el salmo 19 (18) “los cielos cuenta la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento”. Son criaturas mudas, pero el hombre, pontífice del universo, le presta su voz y juntos hablan de Dios y le reconocen como origen y creador. 

No es exagerado, pues afirmar que Dios ve y considera al hombre como su “lugarteniente en el mundo”. Él es su plenipotenciario. 

Como lo leemos en el primer relato de la creación, es Dios mismo que decide crear al hombre para que “mande en los peces del mar y en las aves de los cielos y en las bestias y en todas las alimañas terrestres y en todas las sierpes que serpean por la tierra” (Gen 1, 26). Esta intención divina es confirmada por su bendición a la pareja originaria: “y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla” (Gen 1, 28).

No es un poder despótico

Ese mandato de Dios domínenla, con que Dios le comunica al hombre su mismo poder, en cuanto que le constituye señor de lo creado, pudo -y de hecho así pasó y sigue pasando- ser mal interpretado. No se trata en absoluto de un poder despótico del hombre sobre lo creado, sino de un poder que es participación del mismo poder de Dios, que es un poder creador, no destructor. La misma palabra hebrea que corresponde al “dominen”, bien puede ser traducida con la expresión “pongan el pie”. Es la acción propia de quien entra en la casa que alguien, a lo mejor, el propio padre, han construido para sus hijos. 

Dios nos ha “construido” esta casa (oikía en griego) que es nuestro planeta y nos ha invitado a entrar en ella, a poner en ella nuestro pie y así considerarla realmente nuestra. Nos corresponde cuidarla como un precioso don de nuestro Padre-Dios. Más aún, nos la ha confiado no solo para que la custodiemos, sino para que la perfeccionemos. Su obra ha quedado abierta para que el hombre “creado-creador”, la prolongue y la enriquezca en su belleza, dejando en ella su huella humana. Cuanto más el hombre la cuida, evitando que vuelvan a ella el “caos, la confusión y la obscuridad” (que han sido vencidas por la creación originaria de Dios), más el planeta, nuestra casa común, va a ser su aliada en el afán humano de progreso, y de crecida humanización de todo nuestro vivir.

 

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El duelo, visión humanista - cristiana

el . Publicado en Opinion

Pbro. Víctor Manuel Salas H.
Psicólogo comunitario

Cuando hay una pérdida o se está en duelo es muy importante volver la mirada a la espiritualidad cristiana y ahí encontrar la capacidad de procesar el dolor que se está viviendo haciéndolo nuestro y sin negarlo ni obviándolo. Algo me está pasando y lo acepto, sea que me lo he buscado o que sea una pérdida no solicitada que aparece en la vida de una manera fortuita e inesperada.

La situación de crisis aparece como un intruso en el pensamiento y el mundo de la ideas. Es una experiencia de inestabilidad y de sometimiento fuerte a un stress que va más allá de las posibilidades de manejarlo. Podemos decir que es un intruso que inesperadamente llega y toma todas nuestras facultades. No nos deja movernos con libertad interior y menos con paz. Si es algo que es una pérdida por responsabilidad nuestra, se desencadenam dos sensaciones muy fuertes: la culpa y la vergüenza. Si son pérdidas referidas a un objeto, persona, animal, proyecto… también nos responsabilizamos a través de asumir la culpa de no haber hecho talvez lo suficiente. Si es por pérdida de una persona cercana que se suicida, desde luego que nos culpabilizamos de no haber estado ahí y de no entender los signos que daba antes de tomar esa decisión y si el suicida nos lo dedica a nosotros con mayor razón será un duelo que perdurará por mucho tiempo.

Cuando la pérdida es de un proyecto de vida, la sensación es de culpabilizarnos de preguntarnos por qué no hicimos algo para evitar caer en lo que nos tiene en condición de entredicho. Sea como sea, es un elemento perturbador que toma todas la mociones personales y nos tumba. Pero el llamado es a seguir adelante. Lo que tenemos que hacer es hablarnos a nosotros mismos y direccionar el pensamiento a continuar viviendo, sabiendo que son nuevas condiciones, sean cuál sean, se sigue viviendo. Posiblemente sea una experiencia dolorosa, pero si hay formas de salir adelante sin destruirnos ni menos aniquilarnos. El camino es otro. Es asumir el duelo y hacerlo con resiliencia, esta es la capacidad de transformación de algo sometido a una situación de crisis, convertirlo en oportunidad de vida. Ese es el verdadero camino.

Un ejemplo: “las ostras tienen una estructura y consistencia frágil, suave y vulnerable aunque su caparazón comunique un mensaje diferente. Si nos ajustamos estrictamente a la verdad, no podrían sobrevivir sin la protección de la concha. Necesitan de ésta para intercambiar alimento y respirar. En esos momentos cuando realizan esa función vital para ellas, suele ocurrir lo inesperado, un grano de la arena que flota en el mar ingresa y forma parte de su vida para siempre. Ese grano, por ser ajeno a su cuerpo, cuando se introduce en su organismo, les causa un gran dolor. Sin embargo aunque la ostra no lo puede expulsar, no se vuelve áspera para evitar poder sentirlo. Tan sólo reacciona lentamente cubriendo la partícula con una mezcla de cristales de carbonato de calcio (CaCO) y una proteína llamada conchiolina, formando  la sustancia conocida como nácar. Es como si lo abrazara y aceptara que el grano ya es parte de su vida. Una capa y otra capa y así. Hasta que, con el tiempo, que oscila entre 6 meses y 4 años, se genera algo muy bello, en el lugar en donde se produjo la herida y el dolor era más fuerte, una perla es el resultado de la respuesta de la ostra, al sufrimiento. Pero sucede que, tras de haber  sufrido la herida por el ingreso del grano de arena, la ostra no tiene la opción de encerrarse en la concha y continua abriéndose para poder seguir respirando y viviendo, a pesar del riesgo de que otro grano ingrese y le ocasione una segunda herida” (Paulo Daniel Acero, 2018,p.70).

Estamos llamados, como Iglesia, a aceptar todas las heridas, no rechazarlas, a asumir lo que debemos de asumir, no  huyendo de la herida, sino resilientemente transformándolo en un elemento que es parte de nuestra realidad, pero no la muerte, sino algo nuevo y mejor que lo que causó la herida y el sufrimiento. Este es un buen tiempo para procesar el dolor, hay que transformarse. De lo contrario el no reconocimiento puede convertirse  en adicciones  sustitutivas que empeorarían las situaciones. Para lograr procesar una pérdida se necesita unos mecanismos a saber: 1. Procesar la rabia, la culpa y la vergüenza. 2. Admitir que hubo pérdida. 3. Adaptarse a la nueva circunstancia. 4. Aprender las lecciones que dejó y 5. Orientarse a nuevas forma de vida más sanas y ajustadas.

La fe tiene que hacernos recapacitar. Para eso es la fe, para limpiar y purificarnos. 

 

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Buenos aires desde Argentina

el . Publicado en Opinion

Dr. Eduardo Arias Ayala
Psiquiatra

Muy buenos aires soplan desde el sur de América. El Senado de la República de Argentina no aprobó un proyecto de ley que pretendía despenalizar el aborto y dijo sí a la vida. La bocanada de aire que dicha resolución sopla hacia al resto del continente debe llenar de optimismo a los que, como la mayoría de los ciudadanos argentinos, creen en la importancia de proteger las dos vidas, la de la madre y la de su hijo por nacer. Para el resto de Latinoamérica, la decisión de los senadores argentinos y en sí todas las actividades que rodearon este proceso, dejaron una serie de enseñanzas valiosas de las que se pueden destacar tres entre las tantas experiencias que dejó el debate. 

La primera fue la magnifica movilización del pueblo a través del llamado que realizaron múltiples organizaciones civiles y religiosas, principalmente por las redes sociales. Las multitudinarias marchas en casi todas las ciudades de Argentina, en la que se ondeaban pañuelos celestes y se coreaban cánticos en defensa de las dos vidas, demostraron la fuerza que se logra cuando una causa, sobradamente justa, debe defenderse. Esta articulación entre las diferentes organizaciones fue posible por la voluntad de todos, ya que no cuentan con el apoyo económico ni Estatal con el que sí cuentan los promotores del aborto. Es bien sabido la influencia cultural que Argentina tiene sobre el resto de los países latinos, lo que generó una gran expectativa, produciéndose una avalancha de apoyo hacia la causa pro-vida en los demás países del área. Hubo marchas solidarias con el pueblo argentino; la marea celeste se expandió como muestra de la solidaridad que debe imperar entre naciones hermanas cuando sus creencias fundamentales se ven amenazadas por ideas dañinas y ajenas del sentir propio de los pueblos y que amenazan el porvenir de la especie humana. 

Datos científicos, conclusiones contundentes

Durante las semanas previas al debate en el Senado, se tuvo la oportunidad de escuchar a expertos en las diferentes ramas de las ciencias médicas, jurídicas y sociales. Estos expositores aportaron evidencias científicas objetivas, demostrables y precisas, junto con datos estadísticos reales igualmente obtenidos por medio de técnicas acreditadas, con las que se concluyó sin apelación que la vida humana inicia desde la fecundación. Además, se logró escuchar el testimonio de médicos y funcionarios que laboran en países donde el aborto ha sido legalizado, siendo unánime y clara la advertencia sobre los daños físicos y psicológicos casi irreparables que se generan en las mujeres que optan por abortar a sus hijos. Las declaraciones de estos especialistas han sido recopiladas y se han constituido en un documento valioso y de referencia para ser consultados en los otros países donde se está defendiendo la vida ante la amenaza de la legalización del aborto. La enseñanza que deja este debate es que cuando se aportan datos científicos, las conclusiones son contundentes y así se logran descartar los alegatos de aquellos que proponen la eliminación de seres indefensos. 

La tercera enseñanza que deja esta experiencia suramericana, es la urgencia de brindarle a la población general información veraz con la que pueda entender los alcances y consecuencias que deriven de las decisiones de los legisladores en relación con los derechos de los no nacidos y demás temas relacionados con el derecho a al vida. Parte de esta enseñanza es lograr la identificación de los intereses políticos y económicos de las organizaciones internacionales que trabajan en la promoción del aborto a nivel mundial y cómo algunos funcionarios de gobierno colaboran con dichas entidades extranjeras. Los promotores del aborto nunca descansan en su propósito de legalizar el aborto en todos los países del mundo, y para tratar de lograr su cometido procuran estar representados en todos los países del continente a través de organizaciones locales que cuentan con el aval de los gobiernos. Su tarea inicial es la de infiltrarse principalmente en los sistemas de salud, el educativo y legislativo, con el fin de lograr las modificaciones en los reglamentos sanitarios, los programas educativos y en las leyes nacionales que les permita la introducción de sus políticas abortistas.  

El aborto no es ninguna solución

La tarea que queda después de estas lecciones es lograr que la población tenga acceso a datos reales que demuestran que el aborto no es ninguna solución. Por otra parte, se debe apoyar a los legisladores que promuevan políticas dirigidas a la defensa de la vida colaborándoles con propuestas de leyes que impulsen la defensa de la vida de todos. Actualmente en la Asamblea Legislativa de Costa Rica se presentó un proyecto de ley con el fin de proteger la vida desde la fecundación. Para que se logre tal cometido, se debe hacer llegar a los legisladores muestras de apoyo y solidaridad ya sea través de las redes sociales, así como a sus propios despachos por cualquier medio tradicional. Igualmente, los padres de familia y los educadores deben ser instruidos en aspectos de defensa de la vida para que sean capaces de transmitir a los niños y adolescentes los valores esenciales que promuevan la solidaridad hacia los más débiles e indefensos, así como el deseo de ser promotores de la protección de la vida. 

Lo que no se debe perder de vista es que en los países que se ha logrado la instauración de una política abortista, se ha abierto también la puerta a una larga serie de propuestas anti-vida como por ejemplo la eutanasia o suicidio asistido. Es en este sentido que la lucha por la vida se debe centrar para cerrar los portillos y así evitar la instauración de la cultura del descarte, en la que unos pocos se toman la atribución de decidir quién merece vivir, o mejor dicho quién debe morir. 

Este aire de aliento y de esperanza que llega desde la hermana nación argentina, demuestra que con un adecuado enlace entre asociaciones civiles, políticas y religiosas, se puede lograr que los ciudadanos reciban una información veraz, sin sesgos ni manipulaciones estadísticas y así demuestren la fuerza que reside en la unión de todo un pueblo respetuosa del derecho a la vida de todas las personas. Que esta resolución no se quede en una simple brisa, sino que se transforme en un huracán que impulse la instauración definitiva de un pensamiento nacional en el que impere la verdad, defendiendo a toda costa el derecho de vivir de todos.

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La Negrita y el primer sacerdote de Costa Rica

el . Publicado en Opinion

Carlos Porras
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La historia del hallazgo de la imagen de la Virgen de los Ángeles es ampliamente conocida. Una pobre campesina recogía leña y encontró la pequeña escultura sobre una piedra. Se la llevó a  su casa pero a la mañana siguiente volvió a hallarla en el mismo sitio. Como aquello le pareció extraño, decidió entregársela al cura del lugar, quien la guardó bajo llave, pero al otro día, misteriosamente, la figura apareció de nuevo encima de la roca. 

Cada mes de agosto, al evocar la antigua tradición, a la campesina se le llama Juana Pereira,  mientras que el nombre del sacerdote no suele ser mencionado. De hecho, muy pocos lo conocen.  Lo irónico del caso es que en los archivos históricos  el asunto es al revés: hay abundante información sobre el cura, mientras que de la campesina no se sabe nada.

Ni siquiera está claro si se trataba de una niña, una joven soltera, una madre de familia o una anciana viuda. Las versiones que han circulado, a lo largo de los últimos casi cuatro siglos, varían en este punto. El nombre se lo puso Monseñor Víctor Manuel Sanabria a los trescientos años del hallazgo. Meticuloso historiador y genealogista, el erudito arzobispo investigó a fondo pero no pudo encontrar ningún documento en que constara el nombre de la mujer.  Decidió entonces ponerle Juana Pereira porque tanto el nombre como el apellido eran muy comunes en la Puebla de los Pardos y, además, en un acta fechada el 13 de julio de 1638, se menciona a una viuda que se llamaba así. El acta, por cierto, no tiene nada que ver con el hallazgo de la venerada imagen y Monseñor Sanabria siempre dejó claro que el nombre de la mujer fue escogido como una mera suposición. Sin embargo, con el tiempo logró imponerse y hoy forma parte de la tradición popular. 

Tampoco hay certeza sobre el año del hallazgo. Se estima que ocurrió en 1635, porque en años anteriores no hay ninguna mención al culto de la Virgen de los Ángeles. Consta, eso sí, que en 1639 ya se había construido la primera ermita.  Cabe mencionar que esta festividad mariana no nació en Costa Rica, sino que está en el calendario litúrgico desde la Edad Media. La ciudad de Los Ángeles, California, se llama así porque fue fundada por Fray Junípero Serra un 2 de agosto.

El Padre Luis Pacheco S.D.B., en un estudio sobre historia y leyenda en el culto a la Negrita, destaca que en el momento de su aparición, el cristianismo no había cumplido ni siquiera un siglo de haber llegado a nuestra tierra. Cristóbal Colón estuvo en la isla Uvita en 1502, la primera Semana Santa se celebró en la isla de Chira en 1513, los primeros bautizos se realizaron en 1522 en Nicoya (el primer templo nicoyano se estableció en 1544), pero no fue hasta las expediciones de Juan de Cavallón y Juan Vásquez de Coronado, en 1561 y 1562, que se establecieron poblaciones en el interior del país que contaban con ermita para asistir a los oficios religiosos.

Los misioneros, como los conquistadores, eran españoles. En algún momento hubo dudas sobre quién fue el cura de Cartago que participó en los acontecimientos del hallazgo de la Negrita. Mons. Thiel, don Eladio Prado y Mons. Sanabria barajaron distintos nombres. El Padre Lope Chavarría era el titular, pero estaba suspendido; el Padre Cristóbal Guajardo, por su parte, andaba de misión, así que la ermita quedó a cargo del Padre Baltazar de Grado y del Padre Alonso Sandoval. Revisando documentos de la época, don Ricardo Blanco Segura pudo determinar que el sacerdote que construyó la primera ermita fue el Padre Baltazar de Grado, nombrado cura de Cartago en 1636 y que permaneció en el cargo hasta 1640. Muy probablemente, por las ausencias documentadas de sus compañeros, fue el Padre Baltazar de Grado quien recibió la imagen de la campesina para hallarla luego sobre la roca.

El dato es en verdad significativo, puesto que el Padre Baltazar de Grado fue el primer sacerdote nacido en Costa Rica. En 1608 Mons. Pedro Villareal fue el primer obispo en visitar Costa Rica, donde permaneció un año entero. De regreso a su sede, en León, Nicaragua, decidió llevarse al joven Baltazar de Grado, nacido en Cartago, piadoso, devoto y con gran vocación, para brindarle la formación adecuada antes de ordenarlo. De regreso en Costa Rica, el Padre de Grado fue el cura de Cartago durante los sucesos de hallazgo de la Negrita. Cabe mencionar que el Padre de Grado era hijo del capitán Juan Solano, quien organizó una expedición con españoles, indígenas y negros para ver qué había más allá del volcán Barva y acabó recorriendo todo el extenso territorio del actual Sarapiquí y San Carlos. Asombrado por la amplitud y belleza de aquellas tierras, soñaba con que "algún día" llegarían a ser pobladas. En su época, los primeros colonos eran pocos y cabían en unos puñados de casas de paja ubicados en Nicoya, Esparza, Barva, Cartago, Matina y Talamanca. 

Considerando el asunto desde un punto de vista sobrenatural, llama la atención que el hallazgo de la pequeña y sencilla imagen de piedra en que los ticos manifiestan su devoción a la Santísima Virgen María, haya tenido como protagonistas a una humilde campesina del sector más marginado y pobre de la población y al primer sacerdote nacido en esta tierra.

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