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Los ojos del amor

el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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El amor tiene dos ojos: uno es perdón y otro es misericordia. La envidia, el rencor, la venganza, el resentimiento, el odio y la lujuria tienen sus propios ojos. ¿Con cuáles ojos está mirando usted hoy? … Los ojos del amor tienen la ventaja de que controlan nuestra lengua para que en lugar de insultar, herir, reclamar y juzgar podamos comprender al hermano con empatía y edificar.

La silla de juez pertenece solo a Dios. Nadie puede juzgar nada porque solo Dios es santo y perfecto, todos los demás somos perfectibles y capaces de cometer cualquier falta y pecado de los que más criticamos en los demás y en cualquier momento. El que piense que está sobre los demás o que sus pecados no son como los de “aquellos” ha caído en el fariseísmo que Jesús tanto combatió y en la corrupción espiritual de la que nos habla el Papa Francisco (Gaudete et Exsultate 164).

Si hacemos examen de consciencia y nos damos cuenta de que no estamos mirando el mundo con los ojos del amor, siempre es buen momento para limpiar la casa interior y botar todo aquello que nos mancha el corazón. Solo los ojos del amor mantienen limpio el corazón. ¿Cómo es que puedo entonces ponerme los ojos del amor?

Mirar con los ojos del amor requiere voluntad propia pero también (en la mayor parte) la fuerza del Espíritu Santo. Sin esta fuerza es prácticamente imposible. Es una gracia inmensa ver el propio pecado, pero también es una gracia igual de grande mirar al otro con los ojos del amor. Conozcamos un poco cómo son estos ojos con los que Dios también nos mira y mira a través de nosotros a los demás.

El perdón: Sería hipócrita decir que cuando hay una ofensa o un daño, al día siguiente se puede perdonar todo. El perdón es un proceso en el cual hay que orar por la otra persona, hay que recibir la Eucaristía ojalá diariamente y confesarse regularmente para recibir lluvias de gracia. También requiere una actitud interior abierta al perdón para que este pueda darse completamente en nosotros. Perdonar no es vivir reclamando. Perdonar como Dios perdona es incluso pensar que la ofensa no existió. El perdón libera a la persona de los sentimientos negativos. Es una actitud del corazón que no implica que debamos seguirnos exponiendo a la tortura o al ataque sino en liberar al corazón del odio, la venganza, el rencor y de todo aquello que lo manche. El ejemplo siempre es Jesús: perdonó a todos desde la cruz, se llevó al buen ladrón al cielo y a los discípulos traidores les encargó después la Iglesia naciente y les dio su Espíritu Santo para que sean uno con Él. Los santos canonizados también nos dan ejemplo de este tipo de perdón que no es humano sino divino, obra de Dios en nosotros.

La Misericordia: “Con la medida con que midiéreis se os medirá a vosotros” (Lc 6,38). “La medida que usemos para comprender y perdonar se aplicará a nosotros para perdonarnos” (Gaudete et Exsultate 81). “Somos un ejército de perdonados”, nos dice el Papa Francisco. Por tanto, Dios puede decirnos: ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti? (Gaudete et Exsultate 82).

Solo Dios conoce el corazón profundamente para leer las intenciones, circunstancias, el nivel de dolor y amor de cada uno, por eso el que se atreve a juzgar algo de un hermano está intentado ser como Dios y esto es aún más grave que el pecado que juzga en el otro. Es tiempo de ponernos los ojos del amor y construir juntos un Reino de paz, el Reino de Dios.

 

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