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Yo creo en los jóvenes

el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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Esta semana nos mantenemos unidos al Papa Francisco y a todos los jóvenes que han ido a su encuentro en Panamá. Es un momento de mucha gracia y bendición para la Iglesia que nos ha permitido sentir la alegría de la juventud y ser parte de esta gran fiesta. Los que ya no somos jóvenes los acompañamos en oración, sobre todo porque la juventud es el futuro y en ellos depositamos siempre nuestra esperanza de un mundo mejor.

Ya los jóvenes de la Banda Municipal de Acosta nos dieron el inmenso orgullo de representarnos en el desfile de las Rosas en los Estados Unidos de Norteamérica. Mientras los miraba bailar y tocar instrumentos pensaba en que ojalá pudiéramos sacar a todos nuestros jóvenes de las drogas y de tantas situaciones de violencia a través de las artes o el deporte, pero también de la fe. pues nuestros jóvenes cristianos también disfrutan sanamente de la música, las artes, el estudio y el deporte. 

Mirar a tantos jóvenes creyentes en Dios que marchan felices a Panamá para reunirse con el representante de San Pedro provoca un gozo inexplicable. Cuantas gracias se derraman en estas peregrinaciones y encuentros, cuántas conversiones e incluso nacimiento de santas vocaciones a la vida consagrada, el sacerdocio o el matrimonio…

El Papa siempre nos habla de que no debemos olvidar a los mayores porque ellos tienen la memoria de los pueblos. Ojalá toda esta juventud pueda ayudarnos a levantar nuestra sociedad enferma para que podamos recuperar el amor a Dios, el respeto a la vida, a los adultos mayores, a los valores morales. Necesitamos una juventud llena de Dios que en sus sueños contemplen un mundo más justo para todos y, sobre todo, donde se respete la dignidad de todos los seres humanos.

No es utopía pensar que juntos podemos cambiar el rumbo de las cosas. Sí podemos y la oración es tan poderosa que puede lograr que tengamos un futuro distinto, un planeta más cuidado y menos devastado por nuestro egoísmo y consumismo. Estos jóvenes pueden cambiarlo todo…ellos pueden ser los políticos del mañana que gobiernen sin corrupción, los médicos con sensibilidad y respeto hacia el ser humano, los profesionales con valores y temor de Dios, las familias unidas que educan a sus hijos en la fe, los hombres de bien que con su trabajo digno y honrado sacan adelante a un país. No es utopía, yo creo en los jóvenes.

A mí me han asaltado dos veces manejando mi automóvil, los quiebra-vidrios, siempre han sido chiquillos y siempre pienso en ellos, en cómo serán sus familias, si tendrán qué comer, si habrán tenido amor en su casa o si habrán vivido violencia, drogas, alcoholismo. Son jóvenes a quienes nadie les ha presentado a Dios, no conocen una vida diferente y son producto de la sociedad egoísta que tenemos. Todos somos responsables de nuestra juventud y todos debemos luchar por darles oportunidades y sacarlos de esos círculos de destrucción y violencia.

Madre de Dios, te encomiendo la Jornada Mundial de la Juventud, al Papa Francisco, a los obispos, el clero, los jóvenes, laicos y consagrados que participan. Me uno a la oración de toda la Iglesia para que los frutos espirituales sean abundantísimos y estos jóvenes signifiquen una verdadera esperanza hacia un mundo mejor. 

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