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El pecado de Carola

el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lic. Lisandra Chaves
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La semana anterior comentaba el pecado de la abogada Nasrin Sotoudeh quien fue condenada en Irán a 148 latigazos y 38 años de cárcel por representar mujeres que protestan contra el uso del velo islámico o hiyab para cubrir la cabeza. Esta semana presento el pecado de Carola Rackete de 31 años, capitana del barco Sea Watch 3 quien puso en riesgo su libertad por llevar un grupo de migrantes náufragos rescatados al puerto de Lampedusa.

Los inmigrantes llevaban dos semanas quemándose bajo el sol en su embarcación pues las autoridades italianas habían impedido a Carola acercarse al puerto. ¿Qué hubiera hecho usted en su lugar?, ¿Dejar que estas personas se deshidraten e incluso que mueran o arriesgar la libertad personal? Carola los rescató de la muerte segura en el mar, el siguiente paso era llegar hasta el final de su propósito que era salvarles la vida y por ello fue arrestada por las autoridades italianas.

El barco de la ONG alemana había rescatado 40 de 52 inmigrantes náufragos en el mar, cerca de las costas de Libia el pasado 12 de junio. “Creo que la vida humana debe salvarse de cualquier manera, por ende, esa debe ser la estrella polar que nos guíe, el resto es secundario” manifestó el secretario de Estado del Vaticano, Parolin. (Aleteia, 1 julio 2019).

La posición sobre los inmigrantes del Papa Francisco y el Vaticano choca con las políticas migratorias de varios países, que si bien es cierto están en su derecho de defender y cuidar las fronteras, también deben contemplar el derecho a la vida de estos seres humanos. Muchos huyen de la guerra, el hambre, el desempleo, la persecución en todo nivel y la pobreza extrema. Sabemos que también hay problemáticas asociadas a la inmigración como trata de personas, esclavitud, narcotráfico, entre otros. Son temas graves que deben abordarse seriamente pero que no están por encima de la vida y sobre todo cuando hay niños al medio.

La solución es compleja pero no imposible si los países de origen de los inmigrantes logran proteger a sus pueblos y darles mejores condiciones de vida o que aquellos países que necesiten población activa y trabajadora abran sus fronteras para recibir a estos seres humanos que huyen de infiernos sin esperanza. ¿Será que en alguna parte se está diseñando esta estrategia para ayudar a los millones de inmigrantes que se lanzan a lo incierto, desesperados por la sobrevivencia?

El Papa Francisco defiende la vida. Si los cristianos defendemos la vida desde la concepción ¿Cómo no vamos a defender la vida de cualquier ser humano? En este sentido lo que Carola hizo fue un acto de humanidad y ahora está acusada de “resistencia o violencia contra un buque de guerra” y “tráfico ilegal de personas”. Ella se enfrenta ahora a una pena de más de 10 años de prisión.

“Temía que algunos de los inmigrantes se quitaran la vida” dijo Carola Rackete a la prensa italiana. Tuvo que haber sido una decisión personal desesperada ante aquella situación miserable, una opción de misericordia y coraje, independientemente de racional y lo legal.

Carola tiene que ser una mujer muy valiente y de corazón noble. No solo por tener la fuerza de lanzarse al mar al frente de una embarcación, sino por saber que al ayudar a otros seres humanos estaba exponiendo su propia vida y aún así lo hizo.

 

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El lugar de la mujer en la Iglesia

el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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El próximo Sínodo de los Obispos será en octubre, tendrá como tema la Evangelización y Protección del Amazonas y cuatro mujeres estarán presentes como consultoras. Se trata de tres religiosas y una laica que formarán parte de la Secretaría General del Sínodo que históricamente ha estado compuesto solo por obispos. ¿Es este un paso de la Iglesia en favor del rol de la mujer? Mi opinión es positiva.

Hay grupos de mujeres católicas y muy preparadas que se van al extremo de la criticidad. Incluso dicen que el tema del “genio femenino” que varios Papas han destacado, elogiando a la mujer, es discriminatorio. Yo no lo veo así, yo sí reconozco en la mujer un genio especial para cumplir la misión que Dios le ha dado, la cual es diferente a la misión del hombre, aunque ambos tienen igual dignidad.

Evidentemente como Iglesia estamos dando los primeros pasos para dar un rol más activo a la mujer, pero yo valoro esos primeros esfuerzos como fue incluir mujeres en la secretaría del próximo Sínodo. Entre estas mujeres está la religiosa española María Luisa Berzosa, quien hace poco reconoció que dentro de la Iglesia hay abusos a mujeres y mucho dolor que sanar. “Abusos de poder, sumisión, de esclavitud, de imposición, de no reconocer tu persona, sino estar esclavizada o doblegada” (EFE).

Sabemos que el Papa Francisco ha pedido tolerancia cero al tema de abusos dentro de la Iglesia. Vemos entonces dos áreas fuertes de trabajo en el tema de la mujer, por un lado, liberarla de abusos a su dignidad y, por otra parte, potenciar sus carismas para que pueda aportar más y ser más visible en la Iglesia.

Berzosa también declaró que en el Sínodo de los jóvenes fue evidente la desproporción entre hombres y mujeres, ya que había 10 superiores generales que tenían voz y voto frente a una superiora general, que, además, no podía votar. 

Es claro entonces que el cambio hacia una mayor y más activa participación de la mujer debe darse pronto. Me parece que las mujeres no debemos esperar a que la Iglesia formule todo y nos llegue con propuestas. También creo que debemos tomar el rol activo de proponer e ir nosotras mismas luchando por ese lugar que nos corresponde tener y que está lejos de pretender ser sacerdotes y diaconisas, sino de poder aportar en todas las áreas en igualdad de dignidad y derechos e incluso desde niveles estratégicos de la Iglesia.

Este mes de junio, ocho mujeres chilenas se reunieron (madres, religiosas, académicas) para reflexionar sobre el rol de la mujer en la Iglesia. Tienen la consciencia de que son las mujeres las que llevan adelante la evangelización en las parroquias y ven necesario un pronto cambio de mentalidad sobre el tema.

La Hermana Nelly León destacó “Estamos ante un desafío para que de una vez por todas seamos iguales, con todas nuestras diferencias, pero iguales. Yo no quiero ser sacerdotisa no es mi tema. Yo soy feliz como monja trabajando en la cárcel”.

En mayo 2019, el área de la mujer del Departamento de Laicos de Argentina organizó un encuentro sobre el lugar de las mujeres en la Iglesia, en el cual Marcela Mazzini, directora del área, declaró: “El tema de las mujeres es un signo de los tiempos. El Concilio Vaticano II propone una eclesiología de la igualdad de todos los bautizados en el Pueblo de Dios y en ese marco se plantea el lugar de las mujeres en la Iglesia”. 

 

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Mujer esperanza

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Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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Siempre que veo una mujer veo esperanza. Dios quiso que la mujer tuviera el don maravilloso de dar vida y las que no han podido ser madres biológicas siempre dan vida a su alrededor acogiendo en la maternidad de su corazón a muchos hijos espirituales.

Algunos sectores científicos y sociales piensan que la madre se puede suprimir. Incluso que la vida se puede crear fuera de un vientre materno femenino para que rompa esa dependencia de la mujer. Está demostrado que el bebé en el vientre de su madre recibe más que alimento, siente sus emociones, es sensible al tacto y ruidos externos y su pequeño corazón se sincroniza con el de su madre. Al nacer, el niño necesita alimentarse de su madre tanto de su leche como de sus brazos, necesita estar cerca de ese corazón que lo arrulló por nueve meses.

Hay situaciones donde la madre muere o no puede atender a su hijo por enfermedad, pero lo ideal es que el niño nazca y pueda ser atendido y alimentado por su madre, amado por sus padres. Con solo la leche materna de las primeras semanas los bebes aumentan el peso. Aun cuando el padre está presente, el bebe mira a su madre con enamoramiento. En los primeros meses de vida el niño sabe que depende en todo de su madre, prácticamente que ella es una sola con él, es su fuente de amor y de alimento.

“En el momento del parto la visión de los bebés no es buena, pero en el segundo en que su madre lo carga y comienza a hablarle, sus ojos se abren y enfoca el rostro de su mamá instintivamente. Esto es porque desde el vientre, ellos pueden escuchar la voz de su madre y la pueden distinguir de otras voces extrañas. Cuando nace, sabe quien es su madre y pueden sentirle incluso desde su olor… El campo de visión de los recién nacidos es de 12 pulgadas por lo que a la hora de darle de mamar la cara de su madre es lo único que va a mirar y de lo que cada día se enamora más” (www.materna.com.ar).

¿Cómo entonces suprimir a la madre? ¿Cómo suprimir a la mujer? Y por supuesto, desde la fe, la vida desde la concepción ha sido el plan perfecto de Dios, el don dado a la mujer para que la vida se desarrolle en su vientre y la familia para que podamos vivir felices en una relación de amor como lo es la Santísima Trinidad. Nosotros siempre queremos salirnos del plan de Dios, hacer todo a nuestra forma y por eso la sociedad está cada vez más enferma.

Para mi la mujer es esperanza no solo porque puede dar vida sino porque es la primera en transmitir la fe en la familia. Por ese vínculo tan fuerte que normalmente desarrollamos con las madres, con ellas tendemos a conocer a Dios, a seguir sus pasos, aunque afuera todo esté contra nosotros. Las oraciones de los padres siempre van a sostener a sus hijos.

La mujer es esperanza porque puede dar a la sociedad personas con valores, porque es la primera transmisora de la fe, porque es signo de vida y maternidad, pero más allá, porque sus cualidades únicas son necesarias para construir un futuro mejor. Termino con estas palabras del Papa Francisco: “Promover a la mujer en la Iglesia es escucharla, darle funciones. Pero eso no basta. Lo que no hemos logrado todavía es caer en la cuenta de que la figura de la mujer va más allá de la funcionalidad. La Iglesia no puede ser Iglesia sin la mujer, porque la Iglesia es mujer, es femenina. Es La Iglesia no El Iglesia. Una dimensión que no tenga feminidad en la Iglesia hace que la Iglesia no sea Iglesia” (Religión Digital. El Papa sobre los mercaderes del Vaticano…).

 

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Eucaristía y sacerdocio

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Lis Chaves
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En estos tiempos, nos hace bien a todos los católicos leer la Carta Encíclica de San Juan Pablo II Ecclesia de Eucharistia (La Iglesia vive de la Eucaristía).

Fue un Jueves Santo del 2003 cuando el Papa Juan Pablo II nos regaló este tesoro que debemos redescubrir para poder guiarnos en un mar en tempestad.

Los católicos sabemos que el centro de nuestra vida cristiana es la Eucaristía porque es Cristo mismo, que se da a nosotros para darnos la verdadera vida.  Es conveniente también que leamos el Concilio Vaticano II (Presbyterorum Ordinis n.5) que nos explica: “La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida que da vida a los hombres por medio del Espíritu Santo”. Si para nosotros la Eucaristía es lo más grande que tenemos, debemos ser conscientes de que este sacramento no se puede desligar del Orden Sacerdotal.

“También los Apóstoles están en el fundamento de la Eucaristía, no porque el Sacramento no se remonte a Cristo mismo, sino porque ha sido confiado a los Apóstoles por Jesús y transmitido por ellos y sus sucesores hasta nosotros. La Iglesia celebra la Eucaristía a lo largo de los siglos precisamente en continuidad con la acción de los Apóstoles, obedientes al mandato del Señor “(Ecclesia de Eucharistia n.27).

Y más claramente nos indica: “La asamblea que se reúne para celebrar la Eucaristía necesita absolutamente, para que sea realmente asamblea eucarística, un sacerdote ordenado que la presida” (Ibid n. 29) “Si la Eucaristía es centro cumbre de la vida de la Iglesia, también lo es del ministerio sacerdotal. Por eso con ánimo agradecido a Jesucristo, nuestro Señor, reitero que la Eucaristía es la principal razón de ser del sacramento del sacerdocio, nacido efectivamente en el momento de la institución de la Eucaristía y a la vez que ella” (Ibid n.31).

Por todo lo anterior, los laicos no debemos tomar a la ligera lo que suceda con los sacerdotes. Sin sacerdotes no tenemos Eucaristía y sin ella nos quedamos sin vida.  Dios es Todopoderoso y puede actuar y salvarnos como Él quiera, pero Dios ha querido siempre depender de las mediaciones humanas y así como se encarnó en una mujer y fue un niño dependiente de sus padres; Jesús Eucaristía depende del Orden Sacerdotal para llegar a nosotros y luego como Pan de Vida se pone a depender de cada uno de los que nos acercamos a recibirlo en la Santa Misa.

¡Cuidado con ver de lejos lo que sucede con los sacerdotes!  ¡Se trata de nuestra vida y de nuestro futuro como Iglesia! Lo más urgente es orar por los sacerdotes, por su santificación.  No hay que criticar, juzgar o generalizar, hay que orar.  Orar y sacrificarse por los sacerdotes es una exigencia para todos como un solo cuerpo de Cristo. Si queremos santos sacerdotes, por supuesto que deben tener la voluntad de serlo, pero nosotros también tenemos la responsabilidad de orar por ellos. 

Si entendemos la grandeza de la Eucaristía, comprendemos la belleza de la Dignidad Sacerdotal y si tenemos estos dos conceptos claros, seremos capaces de entregarnos por defender a la Iglesia y los sacerdotes, especialmente por los que viven luchando por agradar a Dios y haciendo el bien. Necesidad de conversión tenemos todos y ninguno es digno de ninguna vocación, pero Dios nos necesita y Él se glorifica en sus vasijas de barro.

Grupos interesados en mi charla “Eucaristía y sacerdocio” me pueden escribir. Horario a convenir.

 

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Coherencia de vida

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Lis Chaves
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El nuevo año que comienza nos debe poner a reflexionar sobre nuestra vida. Todos podemos volver a comenzar de nuevo en cualquier momento, pero un nuevo año calendario es muy simbólico para hacer ajustes en nuestra existencia.

Ojalá Dios esté al centro de todos nuestros objetivos de vida, pero algo que no puede faltarnos es proponernos una coherencia de vida. Si somos cristianos no podemos actuar como si no lo fuéramos, tenemos que ser coherentes con nuestra fe, nuestros valores y nuestras acciones. La coherencia de vida es importante para poder tener estabilidad y seguridad interior.

El Papa Francisco nos ha insistido en que no hay pecado que Dios no perdone y que Dios no se cansa de perdonarnos. Si hay un verdadero arrepentimiento, Dios nos acoge sin memoria. No es un Dios que nos estará echando en cara el pecado o que cada cierto tiempo nos recordará lo que fuimos. Dios perdona y acoge a una nueva criatura en sus brazos, de la que espera se abra a su amor para que El pueda seguirla tallando en sus manos.

Si los seres humanos amáramos y perdonáramos como Dios todo sería tan diferente y, sin embargo, es posible. Dios mismo nos ha abierto esa posibilidad, la tenemos a la vuelta de la esquina gracias a los sacramentos y a la vida de oración. Podemos llegar a amar y perdonar como Dios en un proceso que solo nos llenará de paz.

Hagamos una revisión de la vida, con sinceridad y de cara al Señor. ¿Qué es todo aquello que necesitamos cambiar, ajustar y perdonar? Dios nos quiere libres de odios, resentimientos y venganzas. Solo si estamos libres de malos sentimientos podemos amar de verdad y darnos cuenta de todas las bendiciones que tenemos alrededor.

Hay que cambiar la forma de ver el mundo para empezar a verlo con los ojos de la fe. Debemos romper con el consumismo, la idea de éxito material y de todo aquello que nos aleje del Evangelio. El programa de vida que nos propone el Evangelio es para que podamos ser felices de forma permanente en un mundo donde el dolor es imposible de eliminar. No nos propone una felicidad temporal como la que presenta el mundo. Al contrario, nos presente una felicidad eterna que nos permitirá vivir eternamente junto a Dios y a nuestros seres queridos.

Ser coherente es no esconder mi fe, no perder la misa del domingo a menos que sea por enfermedad. Muchas veces un paseo nos impide la misa y pensamos que no pasa nada. Así nos vamos descuidando y cuando nos damos cuenta estamos alejados de Dios por completo. Hay que cuidar los pequeños detalles: la oración diaria, la confesión constante, la Eucaristía (ojalá diaria), la sonrisa perenne, el saludo a los demás, el servicio sencillo en lo que nos sea posible, dar gracias a Dios todos los días y alabarlo porque nos ha dado la vida.

Ser coherentes es defender nuestros valores y nuestra fe frente al mundo. Defender la vida contra el aborto, la eutanasia, la pena de muerte. Defender a los más pequeños de la injusticia, la violencia y el descarte. Ser coherentes es decir NO cuando el mundo nos tienta para ofender a Dios. 

Siempre podemos comenzar de nuevo, nunca es demasiado tarde. Pidamos a Dios que nos ayude a recomenzar siempre con un corazón sin memoria y sobre todo que nos de la gracia de ser coherentes para vivir realmente el Evangelio.

 

 

 

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