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“Varón y mujer los creó"

el . Publicado en Gran Tema

  • Nuevo documento de la Santa Sede abre una vía de diálogo sobre la cuestión del género en la educación, que considera, “una verdadera y propia emergencia”.

Sofía Solano Gómez
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“Estamos frente a una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad.” Ante este desafío de la llamada ideología de género se pronunció la Santa Sede, a través del documento titulado “Varón y mujer los creó”. Se trata de un texto dado a conocer por la Congregación para la Educación Católica, el pasado 10 de junio, para una vía de diálogo sobre la cuestión del género en la educación.

El material tiene como objetivo ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones, a abordar las cuestiones sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada, quiere promover una metodología articulada en la actitud de escuchar, razonar y proponer. 

Escuchar

El documento plantea una serie de puntos de encuentro, con base en investigaciones sobre el género como “es la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”.

“Otro punto de crecimiento en la comprensión antropológica son los valores de la feminidad que se han destacado en la reflexión del género”, como aporte al enriquecimiento de las relaciones humanas. 

Pero también se plantean críticas, como el hecho de que, especialmente las teorías más radicales de la ideología de género, indiquen “un proceso progresivo de desnaturalización o alejamiento de la naturaleza hacia una opción total para la decisión del sujeto emocional”.

“Con esta actitud, la identidad sexual y la familia se convierten en dimensiones de la ‘liquidez’ y la ‘fluidez’ posmodernas: fundadas solo sobre una mal entendida libertad del sentir y del querer, más que en la verdad del ser; en el deseo momentáneo del impulso emocional y en la voluntad individual”.

“Las presuposiciones de estas teorías son atribuibles a un dualismo antropológico: a la separación entre cuerpo reducido y materia inerte y voluntad que se vuelve absoluta, manipulando el cuerpo como le plazca”, se señala en el documento.

La ideología de género promueve “proyectos educativos y pautas legislativas” que afectan la “diferencia biológica entre el hombre y la mujer” … “como si más allá de los individuos no hubiera verdades, valores, principios que nos orienten, como si todo fuera igual y cualquier cosa debiera permitirse”.

Razonar

El documento se refiere a que hay “argumentos racionales que aclaran la centralidad del cuerpo como un elemento integral de la identidad personal y las relaciones familiares”. Y recuerda que “el cuerpo es la subjetividad que comunica la identidad del ser”, ya que el dimorfismo sexual, es decir, la diferencia sexual entre hombres y mujeres, está probado en las ciencias.

Sostiene que “desde un punto de vista genético, las células del hombre (que contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de las mujeres (cuyo equivalente es XX) desde la concepción”.

También, manifiesta que el proceso de identificación de la persona “se ve obstaculizado por la construcción ficticia de un ‘género’ o ‘tercer género’, oscureciendo la sexualidad como un elemento diferenciador de la identidad masculina y femenina.”

“El intento de superar la diferencia constitutiva del hombre y la mujer, como sucede en la intersexualidad o en el transgender, conduce a una ambigüedad masculina y femenina, que presupone de manera contradictoria aquella diferencia sexual que se pretende negar o superar”.

Proponer

Esta actitud aborda la introducción de la ideología de género en la educación y señala que “sin una aclaración satisfactoria de la antropología sobre la cual se base el significado de la sexualidad y la afectividad, no es posible estructurar correctamente un camino educativo que sea coherente con la naturaleza del hombre como persona, con el fin de orientarlo hacia la plena actuación de su identidad sexual en el contexto de la vocación al don de sí mismo”.

El primer paso para esa aclaración antropológica consiste en “reconocer que también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo”.

Argumenta que “la antropología cristiana tiene sus raíces en la narración de los orígenes tal como aparece en el Libro del Génesis, donde se afirma que ‘Dios creó al hombre a su imagen [...], varón y mujer los creó’ (Gen 1,27). En estas palabras, existe el núcleo no solo de la creación, sino también de la relación vivificante entre el hombre y la mujer, que los pone en una unión íntima con Dios”.

Defiende que “es necesario reiterar la raíz metafísica de la diferencia sexual: de hecho, hombre y mujer son las dos formas en que se expresa y se realiza la realidad ontológica de la persona humana”.

“Esta es la respuesta antropológica a la negación de la dualidad masculina y femenina a partir de la cual se genera la familia. El rechazo de esta dualidad no solo borra la visión de la creación, sino que delinea una persona abstracta que después elige para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya”, cita el texto.

Además, el documento manifiesta que “la familia es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación”. Y en ella “se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados”.  

“El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico para la formación del niño”, lo que fundamenta el derecho que tienen los padres a educar a sus hijos; el segundo es el derecho del niño a “crecer en una familia con un padre y una madre, en el que se genere un ambiente idóneo para su desarrollo y maduración afectiva”.

Papel de la escuela católica

El documento del Vaticano explica que “a la acción educativa de la familia se une la de la escuela, que interactúa de manera subsidiaria”.

Por ello, “la escuela católica debe convertirse en una comunidad educativa en la que la persona se exprese y crezca humanamente en un proceso de relación dialógica, interactuando de manera constructiva, ejercitando la tolerancia, comprendiendo los diferentes puntos de vista y creando confianza en un ambiente de auténtica armonía”.

“La educación a la afectividad necesita un lenguaje adecuado y moderado. En primer lugar, debe tener en cuenta que los niños y los jóvenes aún no han alcanzado la plena madurez y empiezan a descubrir la vida con interés. Por lo tanto, es necesario ayudar a los estudiantes a desarrollar un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad”, afirma.

Se evidencia una sociedad frecuentada de libertad, con decadencia de la cultura del matrimonio, asociada a la pobreza y con ello una serie de problemas sociales; por tal motivo “no se puede dejar a la familia sola, frente al desafío educativo”, “debiendo fomentarse una “alianza educativa entre familia, escuela y sociedad”.

Finalmente, evidencia la educación continuada de los formadores en este proceso educativo. Recalca, además, la importancia de que los formadores abarquen no solamente sus aspectos profesionales específicos, sino también aquellos culturales y espirituales que pueden afectar a la educación de los alumnos.

El texto expone de ejemplo “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan y, sobre todo, si escucha a los que enseñan es porque a su vez dan testimonio”.

En conclusión, el camino del diálogo -que escucha, razona y propone- es el camino más efectivo para una transformación positiva de las inquietudes e incomprensiones en este campo de la sexualidad.

“Más allá de cualquier reduccionismo ideológico los educadores católicos están llamados a transformar positivamente los desafíos actuales”, siguiendo el camino de la razón y de la propuesta cristiana. “Los formadores tienen la fascinante misión educativa de enseñar un camino en torno a las diversas expresiones del amor, al cuidado mutuo, a la ternura respetuosa y a la comunicación en busca de sentido”.

Mons. Bartolomé Buigues, Obispo de Alajuela

“Nadie puede quedarse indiferente”

“Nadie puede quedarse indiferente ante propuestas como la ideología de género que pretende realizar una reingeniería global, una colonización cultural ajena a nuestros valores cristianos, con respecto a nuestra visión y vivencia de la realidad sexuada”, reflexiona Mons. Bartolomé Buigues, Obispo de la Diócesis de Alajuela y Presidente de la Comisión de Cultura y Educación de la Conferencia Episcopal, sobre la importancia de este documento.

Especialmente porque responde a la vivencia de la sociedad, particularmente en el campo educativo. “Es más necesario que nunca una actitud de apertura y diálogo para reconocer los valores y los antivalores que hay en cada propuesta”, dijo.

En ese sentido, él cree que “debe dirigirse una sana educación sexual, que no puede plantearse de otra forma sino como educación para el amor, de tal forma que se reconozca la vivencia positiva de esta realidad en las familias, el matrimonio y la apertura a la vida, la apertura al encuentro en la diversidad, la capacidad de entrega y donación en la que se madura el amor y nos engrandece.”

El obispo añadió que los resabios de la vivencia negativa de la sexualidad como las discriminaciones ante personas diversas, el machismo, las faltas de respeto y abuso de cualquier tipo, de ninguna manera justifican una ideología de género. “Tenemos que empeñarnos todos en erradicar todo tipo de discriminación y abuso”, dijo.

Señaló que es deber de la familia asumir su papel central como primera responsable de la educación de los hijos. “Y la misma sociedad debe facilitar esta tarea de la familia y la educación, posibilitando la vivencia armónica de la sexualidad por parte de todos los ciudadanos en beneficio de su crecimiento y de la armonía social.”

Educadores deben formarse

Monseñor habla de la importancia de este documento en la educación, porque “ésta como parte de una concepción antropológica, una concepción de la persona, es la que se ve afectada con las propuestas de la ideología de género”, dijo. 

“Es claro -añadió- que el fin de la escuela es la promoción de la persona humana integral y que, en ello, la escuela es subsidiaría de la familia, primera educadora. La escuela debe ofrecer un ambiente sano y favorable para la expresión, una relación dialógica y de respeto a las diferencias, una propuesta de educación para el amor con un lenguaje adecuado y moderado, sin invadir campos sensibles de conciencia.”

Además, de “desarrollar en los estudiantes un sentido crítico ante una invasión de propuestas que pueden mutilar la sexualidad.” 

El prelado ve también “la necesaria construcción y consolidación de una comunidad educativa que acoja y favorezca el asumir los valores de la antropología cristiana. Es necesaria una preparación específica para los educadores en este campo, así como la elaboración de propuestas y materiales adecuados. Como estamos situados en una sociedad plural, se hace necesario, como bien dice el documento, buscar un pacto educativo renovado entre todos los agentes.” 

 “La propuesta educativa cristiana debe siempre enriquecer el diálogo para promover la dignidad originaria de todo varón y mujer, más allá de cualquier reduccionismo ideológico o relativismo uniformador”, concluyó.

 

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