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La Iglesia es la primera que quiere la verdad

el . Publicado en Gran Tema

 

La Iglesia está en total disposición de colaborar con las autoridades judiciales en las investigaciones sobre abusos sexuales, por eso repudia enérgicamente el allanamiento excesivo, abrupto e intimidatorio que el OIJ y la fiscalía realizaron el pasado jueves 7 de marzo en la sede de la Conferencia Episcopal y la Curia Metropolitana.

Martín Rodríguez González
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Nunca, antes del jueves 7 de marzo, las autoridades judiciales requirieron información sobre casos de abuso sexual a la Iglesia, que ha dicho hasta la saciedad que está en total disposición de colaborar para que se esclarezca la verdad entorno a estos hechos y se sienten las responsabilidades que correspondan.

A pesar de ello, ese día, a eso de las 8:15, un numeroso grupo de oficiales del OIJ, armados, con pasamontañas y equipo para derribar puertas, irrumpió en la entrada principal de la sede de la Conferencia Episcopal y la Curia Metropolitana, tomando cada una de las oficinas y sacando al personal sin mayor explicación de que se trataba de una diligencia judicial, dirigida por la Fiscalía del II Circuito Judicial de San José y la Adjunta de Género

La sede de la Conferencia Episcopal abarca un amplio conjunto de instalaciones, entre las cuales hay un auditorio, una capilla, una soda, proveeduría, el Fondo Común Solidario, la rectoría La Medalla Milagrosa, una fábrica de hostias, tres parqueos y un edificio de tres pisos en Barrio México, que abarca desde calle 20 hasta calle 22. En sus instalaciones se ubican oficinas administrativas de la Iglesia y sus comisiones pastorales como Liturgia, Vocaciones, Jóvenes, además del semanario Eco Católico, en el primer piso.

Pero el objetivo de los oficiales y la fiscalía era exclusivamente la oficina del Tribunal Eclesiástico, en el tercer piso del edificio, y aún así tomaron control de toda la sede, manteniendo a los colaboradores primero agrupados en el lobby y luego encerrados y vigilados en el llamado Salón Azul.

Ni rosario ni al baño solos

En un momento determinado, surgió entre los colaboradores la idea de rezar el rosario como una forma de ofrecer a Dios la situación, sin embargo, al terminar el tercer misterio, los colaboradores fueron interrumpidos por un oficial que les exigió dejar de hacerlo.

Las casi 50 personas retenidas vivieron momentos de tensión que causaron a varias de ellas desmayos y descompensaciones. Entre ellos estuvo el abogado de la Conferencia Episcopal, a quien se le privó de presenciar la acción judicial que se llevaba a cabo.

Incluso para ir al baño los oficiales exigían que el colaborador fuera acompañado de un policía y dejara la puerta abierta, lo cual fue considerado como una invasión a su intimidad.

En el semanario Eco Católico, los oficiales saltaron el mostrador y sacaron al personal escoltado, impidiendo a los periodistas comunicarse para ejercer su labor informativa.

Esta situación generó que, el martes 12 de marzo, fuera necesario que los colaboradores recibieran apoyo profesional de parte de la psicóloga Julita Vásquez del Seminario Nacional, quien compartió con ellos una charla que buscó devolverles la paz.

“Dimos contención ante los hechos, independientemente del hecho legal, los compañeros se vieron muy afectados, somos una población que no estamos acostumbrados a lidiar con estas situaciones, si bien el OIJ y el Estado cumplen su trabajo, los compañeros se sintieron amenazados hubo situaciones muy traumáticas para ellos, se sintieron interpelados en su condición humana sin saber que hacer desde el punto de vista físico y emocional, fueron afectados y necesitaban un espacio para expresar como se sienten y escuchar algunas recomendaciones desde el punto de vista profesional para actuar dado el evento traumático que vivieron”, detalló.

Ello, junto a los destrozos en puertas y mobiliario del Tribunal Eclesiástico, a pesar de la disposición total de los empleados a colaborar, motivaron que los obispos calificaran de excesivo el operativo del OIJ.

“Censuramos y rechazamos, vehementemente, el comportamiento de las autoridades judiciales en la ejecución de la orden de allanamiento, el cual calificamos de excesivo en cuanto a la exhibición de fuerza e intimidación a los colaboradores de la CECOR, mismos que en todo momento se mostraron dispuestos a colaborar con las autoridades”, afirmaron.

Víctimas expuestas públicamente

El riesgo señalado por los obispos de que los expedientes de las víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes se filtraran a los medios de comunicación tras los allanamientos se concretó apenas dos días después con una publicación de Diario Extra. 

En la publicación mencionada, se dan a conocer detalles del proceso por el cual se le impuso la máxima pena canónica a Víquez Lizano: su expulsión del estado clerical.

“Diario Extra tiene copia del expediente que abrió el Tribunal Eclesiástico de Costa Rica contra el padre Víquez, producto del proceso penal administrativo que se siguió en su contra por las múltiples denuncias de abusos sexuales cometidos contra menores de edad, durante su ejercicio sacerdotal”, asegura la información, que abunda en detalles sobre los hechos y reitera los apellidos de las seis víctimas que interpusieron sus denuncias.

Dicho expediente contiene las denuncias canónicas de los hechos, rendidas en confidencialidad por las víctimas, así como pruebas que apoyan sus declaraciones, las que también trascendieron públicamente.

“Externamos nuestra preocupación por la filtración a los medios de comunicación de información contenida en los documentos secuestrados los cuales están siendo sacados de contexto, dando pie a especulaciones y poniendo en peligro el honor de las personas cuyos nombres pudiesen aparecer en los documentos, especialmente el de los denunciantes; de ello responsabilizamos a los funcionarios judiciales”, afirmaron los obispos.

Ante este hecho, el abogado José Miguel Villalobos reaccionó afirmando que un medio que publica información de un expediente judicial de carácter privado o secreto podría incurrir en un delito de divulgación de secretos.

“El ser periodista o informar no excluye la comisión de delitos, cuando lo que se informa tiene carácter privado y es ajeno a la información pública”, aseguró Villalobos a través de sus redes sociales.

“Nos dijeron que debíamos estar esposados”

Gabriel Leitón Morales, auditor y notario del Tribunal Eclesiástico

“Nosotros estábamos con toda la disposición de dar la información, sabíamos dónde estaba lo que ellos buscaban. Sin embargo, entraron de una forma muy abrupta, muy violenta, gritándonos que teníamos que desalojar el lugar, sin darnos oportunidad de decirles dónde estaban las cosas ya que en el Tribunal no solo se llevan procesos penales sino también procesos de beatificación y de nulidad matrimonial. Nos sacaron y nos dejaron en la sala de espera. En ese momento y teniendo nosotros llaves de todas las cosas, no les importó y despedazaron las puertas de los baños y los muebles de oficina. Luego nos bajaron, estábamos ahí reunidos todos los trabajadores de la Conferencia Episcopal, pedimos permiso para rezar el Rosario para calmar el ambiente de nerviosismo. Hicimos una parte y luego nos dijeron que no y nos llevaron a un salón. Uno de los agentes nos dijo que nosotros creíamos que estábamos en una fiesta, que todos deberíamos estar esposados”.

“Me asusté porque pensé que era un asalto”

Eugenia Zeledón Lostalo, administradora del Eco Católico

“Al principio nos asustamos porque entraron de forma abrupta, gritando y golpeando la puerta eléctrica de la recepción del Eco Católico (que no nos llega ni a la cintura), uno de los agentes se la saltó, pero una policía la golpeaba. Cuando salí de mi oficina me topé un tipo con pasamontañas, me asusté porque pensé que era un asalto. Él me dijo que saliéramos, nos dijeron que era un allanamiento, que no tocáramos nada y saliéramos al lobby. Yo les dije que nos enseñaran la orden judicial y me dijeron que no, que, en lobby, pero nunca la enseñaron. Con el afán de colaborar salimos. La orden era para allanar el Tribunal Eclesiástico que está en el tercer piso, no el Eco Católico que está en el primero, pero sacaron a todo el personal de todas las oficinas. Había gente asustada, por eso decidimos rezar el Rosario, pero en los pisos de arriba pusieron una música, se notaba que era como un celular por el sonido, se reían y gritaban. Honestamente, me molestó, entonces yo rezaba cada vez más duro, hasta que nos interrumpieron y nos dijeron que tenían que movilizarnos a otro lugar. Les permitieron a dos compañeras diabéticas que comieran algo y a otra que tuvo una crisis nerviosa la atendió un agente. Cuando dieron permiso de que saliéramos, fuimos los primeros en irnos”.

“Se estaban burlando de lo que estaba sucediendo”

Sarita Navarro Moya, secretaria del Tribunal Eclesiástico

“Nunca había pasado por una situación como ésta, estar rodeada por 20 o 25 agentes del OIJ con pasamontañas. Entraron y me dijeron ‘corte la llamada’ porque estaba al teléfono. A partir de ese momento nos prohibieron usar teléfonos y nos pasaron a la salita de espera. Destruyeron las puertas de los baños, aunque les ofrecimos las llaves. Cuando les decíamos algo nos callaban. Me nombraron encargada del piso, para ser testigo de la revisión. Me quedé con ellos, vinieron dos jueces y dos fiscales. Por más que les dije que en las oficinas lo que había eran procesos de nulidad, revisaron todos los protocolos y los desordenaron. Yo estaba asustada, me hablaban de forma muy prepotente. No podría decir si era correcto o no porque nunca había estado en algo así. Me molestó también que los jueces y la fiscal se pusieron a ver un video de la noticia del allanamiento en la Curia, me llamó la atención que se estaban burlando de lo que estaba sucediendo y del Padre Rafael Sandí, que se veía entrando. La fiscal hizo un comentario, dijo que no lo soportaba y que lo vomitaba. Yo la volví a ver, no sé si se dio cuenta. No podíamos ir al baño solos y hasta para tomarme una pastilla tuve que ir con uno de ellos”.

“Para mí fue una experiencia traumática”

Libia Sandí López, auditora, notaria y psicóloga del Tribunal Eclesiástico

“Para mí fue una experiencia diría que traumática. La forma en la que entraron y me sacaron de la oficina, a gritos, dos personas con pasamontañas, sin yo saber que estaba pasando, nadie me explica nada y cuando íbamos saliendo mi mamá me llama y yo le contesto y me gritan que cuelgue que no puedo contestarle a nadie. Cuando salimos oímos golpes y les dijimos que por qué si teníamos llaves y nos decían que nos quedáramos callados. Uno de los agentes dijo ‘¿cómo hay llaves? Yo entendí que la idea era venir a botar puertas’. Nos llevaron al lobby, estaban sentados en círculo y los policías rodeándolos, algunos con pasamontañas y armados. Había gente que estaba llorando y uno comienza a asustarse. Me llamaron porque tenía que ir al tercer piso para ser testigo ocular. Yo me quedé recostada en una pared viendo lo que estaban haciendo. Escuché muchos comentarios negativos referentes a lo que buscaban. Me dejó en el fondo la impresión de que tenían saña hacia la Iglesia, como un odio, descargando en nosotros algo que sentían, esa fue la impresión que me dejaron. Como a las 10 de la mañana se calmaron. Llegaron los que estaban en la Curia y las cosas bajaron de tono. Me marcó mucho que tenía que ir al baño con una mujer policía y dejar la puerta abierta”.

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