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Iglesia santa y pecadora

el . Publicado en Gran Tema

 

Ante los dolorosos hechos que siguen saliendo a la luz pública en relación al comportamiento de algunos sacerdotes, el creyente sabe que la Iglesia es santa porque fue fundada por Cristo, su cabeza, y el Espíritu Santo la empuja y santifica a través de los siglos en medio de las circunstancias, pero también es pecadora, pues formada por hombres, comparte aquello de que “toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas”, GS 13.

Ma. Estela Monterrosa S.
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Dolor, enojo, frustración y sorpresa causan las informaciones acerca de delitos cometidos por sacerdotes contra personas menores de edad, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. ¿Cómo es posible que hombres consagrados a Dios cometan estos actos tan despreciables? Mons. Vittorino Girardi, obispo emérito de Tilarán-Liberia, lo explica por la “inclinación al mal de todo ser humano”.

Sobre este tema, el Papa Francisco en el encuentro “La protección de los menores en la iglesia”, realizado en febrero pasado en el Vaticano, señaló también el clericalismo como “terreno fértil para todas estas abominaciones”.

En opinión de Mons. Girardi, al hablar de clericalismo se expresa una exageración de la separación del clero de los demás fieles, una distinción, como si fuera una categoría aparte. “No es así, el sacerdote pertenece al clero, pero también a los seres humanos con todos sus defectos y limitaciones. Sentirse aparte le hace olvidar que debe luchar entre el bien y el mal y que, en él, como en cualquier ser humano, se da la inclinación al mal”, explicó.

El prelado recordó el numeral 13 de la constitución pastoral Gaudium et spes en la cual se afirma que el hombre, cuando examina su corazón, comprueba su inclinación al mal y se siente desbordado por muchos males, que no pueden tener origen en su santo Creador.

“Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas. Más todavía, el hombre se nota incapaz de domeñar (dominar) con eficacia por sí solo los ataques del mal, hasta el punto de sentirse como aherrojado (atrapado) entre cadenas”.

Mons. Girardi afirmó que el sacerdote está más expuesto a la tentación por su propia soledad, ya que una persona que vive con su familia cuenta con la ayuda de su cónyuge, sus hijos, etcétera. “Para el sacerdote es necesaria una vida espiritual extraordinaria”, aseveró.

Los sacerdotes son hombres, no ángeles

Los actos denunciados, que al herir a los más vulnerables también han herido a la Iglesia, deben servir para tener una imagen más real de los sacerdotes, afirmó Mons. Bartolomé Buigues, obispo de Alajuela, mediante un comunicado.

“Somos, sí, elegidos por el Señor para continuar su pastoreo misericordioso en la Iglesia. A través de nosotros el Señor nos regala su Palabra, los sacramentos y su guía misericordiosa. Pero el Señor ha elegido hombres, por tanto, limitados, instrumentos a través de los cuales Él quiere actuar. Lamentamos y condenamos las infidelidades graves de algunos sacerdotes que han pervertido el sentido del ministerio y somos conscientes de que todos los sacerdotes estamos en camino de fidelidad creciente al Señor en medio de nuestras debilidades”, agregó.

Similar opinión externó el arzobispo de San José, Mons. José Rafael Quirós, quien recordó las palabras del Papa Francisco al afirmar que “estamos delante del misterio de mal que se ensaña contra los débiles que son imagen de Jesús. Por lo que la Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión”.

El arzobispo afirmó que su mirada está puesta en Cristo Resucitado, luz indestructible. “Con la fuerza de Dios y por el don de la fe continuamos el camino de entrega y lucha al que el Señor nos ha llamado. No ocultamos nuestra debilidad y pecado, pues el Señor nos ha llamado a seres humanos limitados, no a ángeles, ejemplo de ello son los 12 apóstoles. Quiero reafirmar con total certeza que la mayoría de los sacerdotes luchan por vivir fielmente su entrega ministerial”, dijo Quirós.

Para Mons. José Manuel Garita, obispo de Ciudad Quesada, los hechos constatan que los sacerdotes, como seres humanos, caen en actos que dañan a los más débiles. “Sin ocultar el mal que pueda nacer desde dentro del corazón de los hombres llamados al sacerdocio, también es momento de saber que la gran mayoría de sacerdotes, fieles a su vocación, pasan por el mundo haciendo el bien. Muchos de estos hombres también han gastado y desgastado su vida en la Iglesia costarricense.

Al unísono con estos pastores, los demás obispos de Costa Rica han reconocido que no siempre la Iglesia ha dado la respuesta justa y oportuna a este flagelo contra personas menores de edad. “Humildemente reconocemos nuestros errores y pedimos perdón por las faltas que dolorosamente han sido cometidas por algunos miembros de nuestra Iglesia”.

Asimismo, han destacado que, la gran mayoría de los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, trabajan abnegadamente a favor de sus comunidades, especialmente de los más débiles: los ancianos, los enfermos, los pobres y los menores. “Su trabajo en fidelidad al Señor y a su vocación, muchas veces silencioso, debe ser reconocido por la sociedad”.

Solo Dios es Santo

“La Iglesia está hecha de personas, la santidad le corresponde porque Dios nos ha santificado y perdonado, porque Cristo es la cabeza de la Iglesia y él es Santo, pero la Iglesia siempre ha reconocido que es santa y pecadora, siempre necesitada conversión”, dijo Mons. Girardi.

Y así lo afirma también la constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium en el numeral 8:

“Pues mientras Cristo, «santo, inocente, inmaculado» (Hb 7,26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5,21), sino que vino únicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificación, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovación”.

Y agrega: “La Iglesia «va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Co 11,26). Está fortalecida, con la virtud del Señor resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos”. 

Por otra parte, es generalizado que el pueblo católico tiene una elevada imagen del sacerdote, quiere que sea pobre, sencillo, casto, cercano a la gente, abnegado y sacrificado, explicó Mons. Girardi. Por eso la caída de un sacerdote significa mucho, lo cual es positivo, porque si el pueblo no se escandalizara, es porque no aprecia ni tiene una alta imagen del sacerdote.

“La parte negativa es que cuando un sacerdote falla, no pocos van a desconfiar de todos los demás como sucede en otras naciones, aumenta el escándalo y el alejamiento de la Iglesia y experimentan cierta sensación de traición”, dijo.

El Papa Francisco afirmó que “en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de la ira de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos”.

Sobre estas palabras, Mons. Girardi amplió explicando que cuando en el Antiguo Testamento se habla de “ira y cólera” referidas a Dios, quiere indicar todo cuanto perjudica al hombre, según la visión que Dios tiene de él. “Dios nos creó a su imagen y semejanza y quiere que seamos según Él nos ha creado, constituidos en santidad y justicia”, agregó.

La acción de los laicos

Mientras el dolor o el enojo hacen a algunas personas alejarse de la Iglesia, otros se preguntan de qué manera los laicos pueden tener más protagonismo y corregir estas situaciones en el seno de la Iglesia. En este sentido, el primer consejo de Mons. Girardi es orar por los sacerdotes. En segundo lugar, mencionó la importancia de que las familias eduquen a sus hijos con valores, “si crecen en una sana normalidad, pueden evitar ser víctimas o victimarios”. Como tercer punto, si conocen casos de abusos por parte de sacerdotes comunicarlos a quien corresponda.

En medio de las emociones que esas lamentables noticias puedan ocasionar, Mons. Girardi invita a los fieles a que en un momento de reflexión, “escuchen su conciencia -la conciencia es lo que el Papa Juan Pablo II llamaba la bondad fundamental del ser humano, es decir, aunque pobres pecadores inclinados al mal, nuestra conciencia nos avisa lo que es bueno y lo que es malo- ahí encontrarán la respuesta que buscan, recordando que todos los grupos, religiosos o no, son pecadores”.

En su discurso, el Papa repasó algunos datos que reflejan el drama de los abusos en distintos ámbitos de la sociedad como el ambiente doméstico, el barrio, la escuela, el deporte y, lamentablemente, el eclesial.

Ante esta realidad, Mons. Girardi opinó que “es importante prestar atención a los años de formación de los seminaristas, sobre todo ante un mundo tan erotizado. La disminución de valores en la sociedad exige ser más cuidadosos en la selección de los seminaristas y más exigentes en su formación como medida de prevención”.

“La Iglesia no debe temer a la verdad, nos dice el Papa, la verdad nos va a defender, hay que vivir en la verdad”, añadió.

 

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