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“Los privados de libertad esperan un mensaje de vida”

el . Publicado en Entrevista

La Iglesia Católica dedica cada año la tercera semana de setiembre a la oración y la reflexión sobre las personas privadas de libertad. Se trata de una ocasión para promover el desarrollo humano y la vida espiritual en las cárceles del país, fundamentales para la rehabilitación y la reinserción social de los presos. Conversamos con Albán Guido, coordinador nacional de la Pastoral Penitenciaria.

Laura Ávila Chacón 
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¿Cuál es la misión de la Iglesia en el mundo penitenciario?

Es la presencia en ese mundo, que se entiende como la persona privada de libertad, sea hombre o mujer, su familia, la formación y capacitación de los agentes de pastoral, el rol del sacerdote o capellán, la relación con el personal adminitrativo y de seguridad, las víctimas y la prevención del delito en la sociedad. Todo eso implica a la Pastoral Penitenciaria, que busca colaborar en la formación de la conciencia de las personas que están presas mediante el compartir, la caridad y la escucha, las Sagradas Escrituras, el magisterio de la Iglesia y las ciencias sociales que puedan colaborar a ese fin, todo en estrecha coordinación con la administración de los centros penales.

¿Quiénes forman parte de la Pastoral Penitenciaria?

La forman los voluntarios, entre ellos hay sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que llevan el Evangelio de Cristo a los centros penales. Para ser voluntario se requiere esa sensiblidad que da solamente el Espíritu Santo. Esta Pastoral nace de la exhortación del Señor en Mateo, 25: “Porque estuve preso y me viniste a visitar”. 

¿Cómo se traduce esa misión en acciones concretas en nuestro país?

Son variadas, aunque tienen mayor fuerza las acciones de tipo evangelización que incluyen rezos del Rosario, celebración de la Santa Misa, enseñanza para recibir los sacramentos, y las celebraciones de los tiempos litúrgicos. Otras acciones son la asistencia en el sentido de llevarles ropa o jabones, pasta de dientes y sandalias. Hay privados de libertad pobres y también hay pobres entre los pobres, a estos se les busca ayuda. Además, hay una propuesta que se está impulsando con la ayuda de Dios desde hace 4 años, para que a partir de formación y capacitación se logren iniciativas de promoción y desarrollo de las personas privadas de libertad y sus familias.

¿Hay algún resultado palpable de este proyecto?

En Heredia hay una iniciativa de una persona que estuvo privada de libertad, una abogada que junto con los agentes de pastoral y el apoyo de un sacerdote en coordinación con el Ministerio de Justicia decidieron abrir la Casa de Paz. Esta casa para nosotros es un aliento, ya que luego de obtener su libertad, las personas pueden permanecer ahí hasta que logren insertarse en la sociedad. También hay una fundación que ha estado con altos y bajos para recibir hombres que salen después de cumplir su condena, sea de un centro de confianza o del sistema cerrado. Dichosamente, el Ministerio de Justicia tiene otras iniciativas, pero que nazcan de la Iglesia son las que promueve algún agente de pastoral o sacerdote que va dirigiendo el equipo de pastoral penitenciaria y que siempre tienden a ayudar no solo al que está adentro, sino también a sus familias con acompañamiento espiritual o material.

 ¿Quél papel juega la espiritualidad en la rehabilitación de los privados de libertad?

La espiritualidad es determinante. Ha sucedido muchas veces que antes o después de un encuentro religioso o de evangelización, alguna persona recluida se acerca a dar las gracias a quien ese día le habló del amor de Dios y le llevó su Palabra porque talvez se iba a suicidar. Hay que considerar la situación de estas personas, que lo han perdido todo, hasta su familia, el desánimo que sienten desde que le ponen las esposas y lo meten en una perrera, le dan un colchón y le dicen dónde va a dormir. Es una experiencia traumante.

¿Cómo son esos encuentros de evangelización?

Los encuentros de evangelización tienen un papel muy importante, y así lo entiende el que lleva la Palabra de Dios, por eso mencionaba que un agente de Pastoral Penitenciaria tiene que ser alguien movido por el Espíritu Santo, porque no es un espacio para ir a jugar de predicador, no es un espacio para ir a jugar de religioso, sino que es un espacio para ofrecer vida. Yo siempre recuerdo eso y les pregunto “¿A qué va usted a la cárcel?” y muchas veces responden: “Yo les llevo a Cristo”, y ahí es donde hay que corregir, porque Cristo ya está ahí, uno tiene que saber llevar el Evangelio para que la persona descubra que Cristo, con toda su situación, está ahí. 

¿Tienen testimonios que den fe de ello?

Recuerdo dos casos simultáneos en los cuales un oficial trajo a estos encuentros a una persona. Fue un Martes Santo, el tema eran las negaciones de Pedro. Hicimos un pequeño trabajo donde cada uno dijo en qué relacionaba el texto con su vida, y en ese momento se acercó un muchacho a uno de los compañeros, éste último se lo llevó aparte, el muchacho lloraba y lloraba, de pronto voy viendo que el compañero lo abrazaba y por otro lado  estaba otro agente con otro muchacho, y uno de ellos dijo que ya tenía la faja lista para ahorcarse, el muchacho tendría 26 años y el otro era un señor de unos 52. De uno de ellos salió una voación tardía y se fue a otro país para formarse como sacerdote.

¿Qué necesita la pastoral penitenciaria para cumplir mejor su función?

Necesita mucho apoyo, conciencia social y carisma. Ocupamos que se preste atención en los diferentes niveles: individual, familar, comunitario, institucional, estructuras políticas y eclesiásticas.También ocupamos espacios de mayor presencia de Iglesia con un enfoque claro de tener más incidencia en este ambiente.

¿En qué situación está el nombramiento de capellanes y la relación con otras iglesias que también desarrollan actividades en las cárceles?

La figura de los capellanes se perdió oficialmente en la administración de Laura Chinchilla.  Antes estaba estipulado en el Ministerio de Justicia que los centros tenían derecho al espacio religioso independientemente de la denominación, pero las propuestas evangélicas nos superaron, por ejemplo al mismo centro iban dos agentes católicos de pastoral y 12 hermanos no católicos. Fallamos en la parte humana, por eso insisto en la necesidad de motivar a los cordinadores y sacerdotes a que no perdamos espacios de presencia.

A los centros penitenciarios se les ha cambiado el nombre que antes remitían a conceptos religiosos católicos ¿Cómo toman esto?

Se dio en la anterior administración. De fondo quieren hacer algunos reconocimientos a personas significativas dentro del sistema penitenciario y así ofrecerles un especie de tributo; eso válido. Paralelamente se dan otros factores como que sutilmente se está desplazando la presencia, no de la Iglesia Católica, sino del cristianismo, para sustituirlo por tendencias como la Nueva Era y el Humanismo, o bien en algunos casos se da por mero desconocimiento de la historia.

¿Qué se ocupa para que haya una efectiva gestión de la pastoral penitenciaria?

Apoyo del obispo y el sacerdote, que el grupo que visita sea organizado y que tenga una buena relación con los administrativos y el personal de seguridad, esa es la pastoral que camina. Le pongo un ejemplo: En el país hay unos 13.200 privados de libertad y solo 6.100 están en Alajuela. Para atenderlos somos tan solo 20 laicos en la diócesis. El trabajo no es fácil porque además los horarios en los que se podía llevar la pastoral han cambiado, antes se podía visitar en la noche, ahora solo de 3 p.m. a 5 p.m, lo cual representa para nosotros un gran desafío.

¿Cómo se celebra la semana del privado de libertad?

La semana del privado de libertad nació en Alajuela. Porque tenemos la mayor cantidad de centros, a partir de ahí se propuso como una iniciativa y se acogió en el ámbito nacional. Esta semana se celebra en setiembre en las ocho diócesis del país. Cada diócesis la celebra de distinta manera, nosotros a nivel nacional la planteamos con una solo temática que es a nivel formativo y proponemos encuentros, horas santas y otras actividades. Otras diócesis llevan bailes típicos, hay misa y normalmente va el obispo a celebrar las semanas del privado de libertad. En Semana Santa hay sacerdotes que van a confesar. Por ejemplo en Alajuela van hasta 20 sacerdotes, otros agentes hacen ventas de artesanías de los productos que hacen los privados de libertad y actividades litúrgicas dentro y fuera de los centros. 

¿Es un ambiente peligroso como muchos podrían pensar?

A las personas no debería darles miedo, no hay registros históricos que un agente de pastoral, hombre o mujer, haya sido agredido por una persona privada de libertad. A nosotros nos dejan entrar de una forma más cómoda, la revisión para nosotros es más ligera que la revisión que le hacen a los familiares. Lo que hay es más errores de agentes de pastoral que por bondad o bien por ingenuidad quisieron ayudar haciendo favores a los presos y le ocasionan un problema al centro y a la Pastoral Penitenciaria, porque nosotros tenemos todo un reglamento de lo que podemos de llevar, hasta de cómo ir vestidos y hasta de no hacer mandados, hay toda una regulación para nosotros, reitero no hay peligro, de hecho somos benditos los que traemos la buena noticia, ellos nos espera para recibir un mensaje de vida.  

Usted elaboró un estudio sobre la realidad penitenciaria ¿Qué encontró?

Aborda dos puntos muy claros. Uno es la evangelización, la promoción y el desarrollo humano. No todos saben, para empezar, que hay más 13.200 personas privadas de libertad. De esos, se desconoce cual es la realidad de los extranjeros y su nacionalidad, luego entre otros temas se busca la formación y la capacitación en humanidad y el respeto a los derechos humanos de los privados de libertad y de los oficiales. 

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