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Sacramento del matrimonio, camino de santidad

el . Publicado en Actualidad

  • Como Cristo lo hizo con la Iglesia”, Papa Francisco, exhortación apostólica Gaudete et exsultate.

Ma. Estela Monterrosa S.
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La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador, enseña el Catecismo en el numeral 1603. Agrega que el matrimonio no es una institución puramente humana y que, a pesar de las variaciones sufridas a lo largo de los siglos, no se deben olvidar sus rasgos comunes y permanentes.

Los protagonistas del matrimonio cristiano son un hombre y una mujer bautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. 

Idealmente, las personas darán este paso tras un periodo de noviazgo que les permita discernir si el matrimonio es el camino que desean seguir y la persona con que desean hacerlo.

“Éramos familia, no pareja”

En muchas ocasiones, las parejas se casan entusiasmadas por el enamoramiento y por el evento social, sin la adecuada reflexión y comunicación en torno al camino que emprenderán juntas y el significado del sacramento.

Eso le sucedió a Catherine Araya Corella y Rony Molina Torres, vecinos de Ipís, en el 2003 cuando se casaron. “En ese momento, éramos católicos tibios”, recordaron.

La visión del matrimonio se ha transformado con las dificultades, pero especialmente con el amor. En el 2003 tenían planes de casarse cuando supieron que serían padres. Se casaron cuando su hija tenía 3 meses. Hicieron el curso prematrimonial el mismo día que la bautizaron, así que no lo aprovecharon tanto como hubieran podido. 

Durante los primeros años, la vida de Rony giraba en torno a su hija y el trabajo. “Éramos familia, no pareja. Fueron siete años sin Dios y con desorden”, afirmó Rony.

Es que precisamente a los siete años de casados tuvieron una crisis, entonces Catherine se enteró de un campamento para parejas en Aserrí y quiso asistir. El retiro les ayudó a poner en orden las prioridades, “la pareja es lo primero”, dijeron.

En su opinión, “la vocación es un llamado. Lo tuvimos cuando nos casamos, pero la aceptación fue siete años después y hay que responder todos los días”, afirmó Rony.

Agregaron que no todo el mundo tiene vocación al matrimonio y que a muchas parejas les hace falta discernimiento. “Al principio creen que todo será del color de las estrellas, pero el matrimonio implica crisis económicas, familiares, de salud u otras”, comentó Catherine

Para ellos es clave “resetearse” cada cierto tiempo. “Nosotros nos sentamos a hablar, lloramos si queremos, pero sabemos que a pesar de los problemas somos lo más importante el uno para el otro. Tenemos una frase cuando algo nos molesta: ‘Te amo, pero no te soporto’. Al decir eso sabemos que nos acostamos con la disposición de hablar y resolver los problemas. No hay que quedarse callado, hay que resolver las cosas hablando”, comentaron.

Catherine se incorporó al Pastoral Familiar después del campamento, pero fue sola un año, porque Rony no quería asistir. Ahora son coordinadores en Ipís.

En ese ministerio aconsejan a las parejas a tener siempre a Dios en medio y que sirvan en la Iglesia. Además, aseguraron que el eje de la vida matrimonial es la comunicación.

A los novios les sugieren plantearse preguntas sobre lo que viene después y tener conciencia de que un matrimonio es como dos familias que se unen porque los esposos vienen de familias diferentes.

“A veces uno no valora lo que tiene”

Gonzalo Chacón Chacón y Rocío Barrantes Sánchez son una pareja madura con 34 años de casados, pero para ellos las cosas también han cambiado con los años.

“Tuvimos problemas porque, a veces, uno no valora lo que tiene, yo ahora no visualizo mi vida sin Gonzalo. Le doy gracias a Dios porque lo guardó para mí, aunque no lo exprese a diario. Dios está en el centro de nuestra vida y pienso qué bonito hubiera sido que hubiera sido así desde el principio”, dijo Rocío.

Para ellos, también un retiro les hizo descubrir que algo no estaba como debería.

“Primero Dios, después la pareja y luego lo demás. Antes, para mí, la familia era lo segundo. Primero los amigos. He valorado eso. No salgo sin ella, el matrimonio es compartir con la pareja. Los hijos hacen su vida y se van, la pareja se queda con uno”, reflexionó Gonzalo.

Después de ese retiro, decidieron incorporarse a la Pastoral Familiar de su parroquia, San Juan de Dios de Desamparados. Al igual que Catherine y Rony, aconsejan a otros matrimonios “estar de la mano de Dios y tener buena comunicación”.

Además, consideran valores necesarios para un buen matrimonio la confianza, la sinceridad, el respeto y la tolerancia. En su opinión, las parejas no deben precipitarse a tomar la decisión de casarse y les aconsejan aceptar a la otra persona tal como es, “no casarse pensando en cambiarla; esa es una idea equivocada. En el noviazgo cada uno debe ser trasparente porque es la oportunidad de saber si esa persona es lo que uno quiere”, afirmaron.

Agregaron que tratan de hacerle ver a las parejas jóvenes que no deben hacer a un lado a la pareja cuando llegan los hijos. “Se trata de buscar el apoyo de la familia para tener espacio con la pareja”. Además, afirmaron que, si padres y madres comparten la experiencia de la crianza de los hijos, “es una forma de unirse y fortalece el vínculo”.

 

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