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Varón y mujer tienen la misma dignidad

  • Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica con motivo del Día Internacional de la Mujer

Como Pastores de la Iglesia Católica, con fortaleza y alegría expresamos que “llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora. Por eso, en este momento en que la humanidad conoce una mutación tan profunda, las mujeres llenas del espíritu del Evangelio pueden ayudar tanto a que la humanidad no decaiga”. 1

Destacamos y valoramos la presencia de la mujer en la acción eclesial como un signo de los tiempos. El ejército de mujeres que “comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica”2. Es justicia mencionar a las ministras extraordinarias de la distribución de la comunión, catequistas, responsables de pastoral social, lectoras, miembros de equipos misioneros y de procesos de evangelización, animadoras de juntas pastorales, integrantes de consejos pastorales y consejos de asuntos económicos, las religiosas, educadoras, cuidadoras de discapacitados, y tantos otros servicios. 

Pero mirando la realidad del país, llamamos la atención sobre situaciones dolorosas que deben cambiar, por cuanto la dignidad de toda persona así lo exige. Pensamos en injusticias como la desigualdad de ingresos por trabajo igual al de los hombres; el flagelo del desempleo que es mayor entre las mujeres; el trabajo doméstico y las labores de cuido que muchas veces no son reconocidos; la situación de pobreza de miles de mujeres que no pueden acceder al trabajo formal o que no cuentan con apoyo para la crianza de sus hijos, lo que les impide ingresar al mundo del empleo. 

Cargan con hondos sufrimientos las mujeres indígenas en situación de extrema pobreza, así como las que viven en la zozobra por la violencia ligada al despojo de las tierras que les pertenecen.

Muchas mujeres inmigrantes son explotadas laboralmente, además de sufrir la ofensa a su dignidad por la irracional xenofobia de algunos. Adolescentes y mujeres jóvenes están expuestas a las redes de trata de personas, por falta de oportunidades para estudiar y trabajar dignamente. 

También, algunas mujeres de nuestras comunidades rurales sufren la angustia de no contar con recursos financieros para sus labores agrícolas, o de la amenaza de perder sus casas y tierras por el sobreendeudamiento que aflige al sector campesino. 

No podemos permanecer de brazos cruzados ante la injusta situación de mujeres adultas mayores que dieron todo -salud, esfuerzo, bienes materiales, tiempo-, y viven en las situaciones de pobreza, de abandono y de maltrato que claman al cielo. 

Pesan en nuestra alma las muertes de mujeres a manos de sus parejas, un drama humano de violencia social que se ha acentuado a inicios de este 2020, y sobre el que es necesario por un lado aplicar la ley contra los agresores, y por el otro, fomentar procesos educativos y formativos que promuevan el respeto a la vida y la dignidad de las mujeres. La Iglesia puede y debe hacer un aporte significativo en este campo. 

Acojamos como compromiso personal y comunitario lo que nos enseña el papa Francisco, “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, se fundamentan en la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad”3. 

Imploramos para todas ellas abundantes bendiciones de Quien sabe recompensar al ciento por uno, para todas las mujeres, e imploramos la intercesión de la Santísima Madre de Nuestro Salvador, y esposa de José. 

Obispos de Costa Rica

 

1Mensaje del Concilio a las mujeres (8 de diciembre de 1965): AAS 58 (1966), 13-14. 

2Evangelii Gaudium , 103 

3 Evangelii gaudium, 104 

 

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